Guillermo Elías Quijano Robles

Guillermo Elías Quijano Robles no fue de esos hombres que para arribar a la cumbre violentan su propia conciencia, al pasar por encima de una palabra empeñada.
  • 03/10/2026 00:00

Este discurso de Julio E. Linares es un homenaje a Guillermo Elías Quijano Robles y su trayectoria política, marcada por la defensa de los principios liberales, la democracia, la verdad y el servicio a la patria, así como por su compromiso con la unificación del liberalismo panameño

Damas y Caballeros:

Hay quienes consideran que la política es el arte de la duplicidad y que para triunfar en ella se debe carecer de escrúpulos. Si se examina la actuación de muchos políticos, principalmente de gran parte de los que han logrado escalar a las más altas posiciones del Estado, podría pensarse que ello es así. Desgraciadamente, no son pocos los que aspiran a regir los asuntos públicos, no para servir a la Patria o para ser útil a sus semejantes, sino en busca de canonjías, prebendas y sinecuras o, lo que es peor aún, de un enriquecimiento ilícito e ilimitado. Infortunadamente, no faltan quienes en la lucha por la conquista del poder se valen de medios turbios y vituperables, puesto que para ellos lo único que cuenta es triunfar a cualquier costo. Infelizmente, todavía abundan en nuestro medio quienes con cinismo y desvergüenza pregonan a los cuatro vientos que el principal deber de un gobierno es el de no caerse, poniendo así de manifiesto una ausencia de principios éticos y morales.

Los que así piensan y actúan no son políticos en el verdadero sentido de la palabra; “politicastros” es el sustantivo plural que mejor les cuadra por rastreros y mal intencionados. Ellos son los maquiavelos de hoy que, al igual que el conocido autor de “El Principe” y “Mandragola”, desprecian el respeto por la legalidad de un Piero Sonderini, mientras llevan en palma a un soldado de fortuna como lo fue César Borgia. Para estos politicastros no existe mas lealtad que la que se debe al gobierno de turno, quienquiera que éste sea. Porque estos politicastros no conocen otra fidelidad que la fidelidad del poder, ya que ellos no se adhieren a ningún precepto, a ninguna regla, a ninguna máxima. Ellos son materialistas y pragmáticos; se califican a sí mismo de hombres prácticos, conocedores de la realidad de las cosas. Nosotros diríamos más bien qué son maestros del disimulo, de la adulación y del acomodo. El único “axioma” que conocemos es el de que el fin justifica los medios.

¡Que tristeza! ¡que pobreza de espíritu! ¡Que orfandad de valores! La política – y nos referimos, por supuesto, a la política aplicada – es el arte de gobernar la más importante de las creaciones sociales del hombre: El Estado. Ella exige que el gobierno emane del pueblo, administre y dirija el Estado a favor y en defensa del pueblo, y vea en el pueblo el objeto y motivo de su acción. De lo contrario, el gobierno no estaría cumpliendo con el fin social que debe perseguir todo Estado, cual es el engrandecimiento espiritual y material de su población. Siendo ello así, el político que tiene una concepción clara de su destino debe ser respetuoso de la voluntad popular y actuar en función de los vastos e inmanentes intereses de la Patria. Solo así estaría cumpliendo con las exigencias que el arte de gobernar le impone. Es más, ni siquiera la política partidista es óbice para que deje de cumplir con el deber antes indicado, por cuanto las exigencias aludidas se verían frustradas si en la lucha por la conquista del poder se utilizaran medios que el honor y la honradez execra.

Guillermo Elias Quijano Robles fue un político que tuvo una concepción clara, pero muy clara, de lo que el arte de gobernar significa, razón por la cual la política aplicada guio todos sus actos y le mantuvo alejado de esa politiquería que corroe y desgasta las instituciones republicanas y democráticas. Por ello, precisamente, en la larga vida pública supo constantemente hacer honor a la Patria y a su partido, tanto en los predios del gobierno como en el de la oposición, pues, bien en uno, bien en otro, su norte fue invariablemente el mismo: Servir a la Patria; y quien sirve a la Patria sirve asimismo a su partido. Guillermo Elías Quijano Robles no siguió hombres, por poderosos que estos pudieran ser. Siguió ideas. Y las ideas liberales forjaron y moldearon su personalidad hasta convertirlo en uno de sus adalides, ya que por la vigencia de sus principios luchó con tenacidad y perseverancia, con firmeza y valentía, y hasta con obstinación y porfía, hasta el mismo día de su muerte, ocurrida por desventura cuando más necesitaba de él la Patria mancillada y cuando más necesitábamos también de él sus amigos y copartidarios; sobre todo en estos momentos en que nos encontramos en los albores de un nuevo esfuerzo por inscribir un partido político que llegue a aglutinar, como él siempre deseó, a todos los hombres de ideas liberales y grupos afines para que la campana del liberalismo vuelva a repicar bajo el cielo de la Patria por la democracia, por la justicia y por la libertad.

Contados son los hombres que se han entregado a una causa tan de cuerpo entero, con valentía y coraje, como Guillermo Elías Quijano Robles. En este aspecto Quijano Robles siempre me ha hecho recordar a otro ilustre liberal: El doctor Carlos A. Mendoza. Cuando el poder militar se enseñoreó por primera vez en nuestra república; cuando no era “prudente”, por decir lo menos, jefaturar las huestes liberales; cuando no faltaban excusas para eludir asumir la dirección del Partido Liberal Nacional, Quijano Robles acepta la grave responsabilidad de encargarse de la presidencia de dicho partido, porque el fue un hombre a quien no amedrentaba la amenaza ni asustaba la persecución ni atemorizaba el peligro, cuando de salvar a la Patria se trataba. Y gracias al arrojo y tenacidad que ponía en todo lo que hacía, llevó al Partido Liberal Nacional, a su partido, de la oposición al gobierno, sin reclamar para sí ninguna posición burocrática, y a la que tenía legítimo derecho, más que ningún otro, ya que él nunca puso precio a sus actuaciones. ¿Y que hace Quijano Robles cuando el poder militar destruye el 11 de octubre de 1968 nuestras instituciones republicanas, para sumirnos a los que no aceptamos las dictaduras en un oscurantismo político en el que apenas se vislumbra, después de trece años de desgobierno autocrático, tenues y confusos rayos de esperanza? Abogar por el reconocimiento de los partidos políticos y demandar ante la Corte Suprema de Justicia su exclusión 1968; respaldarectoral de 1978; oponerse a toda participación política que en vez de contribuir al restablecimiento de la democracia representativa viniera a apuntalar el sistema que institucionalizó al régimen militar impuesto; clamar por el pronto regreso de los exiliados políticos y por la libertad de expresión; luchar por la separación e independencia de los órganos del Estado y por la reconstrucción de la democracia representativa; empeñarse en la unificación del liberalismo y en la unidad de la oposición al gobierno y al sistema existentes; rechazar las enmiendas, condiciones, reservas y entendimientos introducidos a los tratados Torrijos-Carter por el senado de los Estados Unidos de América; apoyar la gran manifestación de rescate de la educación nacional celebrada el 9 de octubre de 1979; exigir a la Guardia Nacional el cumplimiento de los postulados por ella enunciados a raíz del golpe de Estado de 1968; respaldar a los comentaristas radiales cuyas licencias fueron arbitrariamente canceladas; y repudiar los Tratados de Montería y de Libre Transito por el Canal de Panamá.

Guillermo Elías Quijano Robles no fue de esos hombres que para arribar a la cumbre violentan su propia conciencia, al pasar por encima de una palabra empeñada. Y es que Quijano Robles no conocía otro sendero que el de la verdad. Esto lo afirmamos sin ponderaciones, porque lo cierto es que pocos han tenido, como tuvo Quijano Robles, tan al alcance de su mano la primera magistratura de la nación. Para llegar a ella sólo le bastaba acceder a un requerimiento que él no consideraba conveniente para su futura administración. ¡Qué fácil habría sido a otros aceptar como candidatos e incumplir después como mandatarios! Pero para Quijano Robles repetimos, no existía sino un solo camino: El de la verdad. Y como su culto a la verdad le impedía dejar de cumplir una promesa hecha, prefirió declinar, un gesto que le honra, la candidatura a la Presidencia de la República que se le ofrecía, gracias a sus múltiples merecimientos. ¡Qué actitud mas digna! Es innegable que, si existe un reconocimiento merecido, ese no es otro que el reconocimiento a “sus ejecutorias y méritos políticos logrados a través de toda una vida de luchas y servicios en favor de la causa liberal”, hecho por la Quinta Convención Nacional del Partido Liberal Nacional en su Primera Sesión, el 19 de noviembre de 1967, al aprobar por unanimidad designar a Quijano Robles, Presidente Vitalicio del partido.

Damas y Caballeros:

El Movimiento Liberal Republicano Nacionalista se honra hoy al colocar en su sede, con carácter permanente, sendos retratos de don Guillermo Elías Quijano Robles y de don Temístocles Díaz Quelquejeu. Y es que, si don Guillermo y don Temi vivieran, aquí estarían con nosotros empeñados en la inscripción de nuestro partido, como un primer paso en la unificación del liberalismo istmeño y en la unidad de la oposición. Don Temi tuvo la dicha de participar en la estructuración inicial de Molirena. Lo vio germinar, a don Guillermo el Supremo Hacedor no le concedió esa gracia. Pero por Molirena abogaba don Guillermo cuando decía, siete meses antes de su muerte:

“Pueden tener la seguridad de que, al igual que ayer y siempre, no cejaremos en nuestro empeño por lograr la unificación del liberalismo en un gran partido que cobije todas las tendencias y grupos afines, así como también la restauración en nuestro país de una verdadera democracia que permita el libre y normal desenvolvimiento de todos los partidos políticos”.

El Movimiento Liberal Republicano Nacionalista será, de eso estamos seguros, el primer logro de ese empeño y a quien corresponderá, junto con los otros partidos políticos de oposición, la gran tarea de restaurar en nuestro país esa democracia a la que Guillermo Elías Quijano Robles dedicó los últimos años de su vida.

Ficha

Nombre: Julio E. Linares

Ocupación: Diplomático y político. Profesó la cátedra de Derecho Internacional Público en la Universidad de Panamá, donde fue secretario,vicedecano y decano interino. Fue diputado a la Asamblea Nacional, miembro principal del Consejo Nacional de Relaciones Exteriores, presidente de la Junta Directiva del Instituto de Vivienda y Urbanismo y de la Junta de Control de Juegos, ministro Consejero de la Delegación Permanente de Panamá ante la O.N.U., gobernador de Panamá ante el Banco Mundial, representante titular de Panamá ante el Consejo Interamericano Económico y Social, y ante la V Asamblea de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo, donde fue electo presidente de la misma. Fue ministro de Relaciones Exteriores, ministro de Hacienda y Tesoro y Ministro Interino de Trabajo y Bienestar Social. Socio del Bufete de Abogados Tapia, Linares y Alfaro, Presidente del Club Unión, presidente del Partido Nacionalista, secretario General del Instituto Hispano-Luso-Americano de Derecho Internacional, miembro del International Law Association, de The American Society of International Law, de la Academia Panameña de Derecho, del Colegio Nacional de Abogados, del Instituto Panameño de Cultura Hispánica, de la Sociedad Bolivariana de Panamá, del Instituto Latinoamericano de Estudios Avanzados, de la Academia Panameña de la Historia, de la Asociación Argentina de Derecho Internacional, del Club Activo 20-30 de Panamá y del Club Kiwanis de Panamá. Obras: La Casación Civil en la Legislación Panameña (1968), Derecho Internacional Público (1977), Tratado concerniente a la Neutralidad Permanente y al funcionamiento del Canal de Panamá (1983) y Enrique Linares en la Historia Política de Panamá (1869-1949) - Calvario de un pueblo por afianzar su soberanía (1989).