Índice de maldad

  • 19/09/2026 00:00

La psicopatía no siempre resulta evidente. Algunas personas pueden desarrollar vidas familiares y profesionales aparentemente normales mientras ocultan conductas manipuladoras. El estudio de estos perfiles plantea preguntas sobre la violencia, el abuso, el narcisismo y las decisiones que tomamos frente a los demás

Cuando toco el tema de pobreza en Latinoamérica la gente se muestra incrédula ante el hecho de que aún, en pleno Siglo XXI, en este país bendecido por Dios existan niños que mueran por falta de alimentos o medicinas y piensan que esto solo sucede en países de pobreza extrema, ¿la realidad?, si hay pobreza extrema como riqueza extrema en Panamá.

Lo mismo sucede cuando hablamos de los índices de maldad. Erróneamente, creemos que esos crímenes violentos tipo Hollywood solo se dan en las pantallas y que los personajes aterradores como Hannibal Lecter solo existen en la ficción. ¡Que lejos estamos de la realidad!

Ted Bundy, Nahir Galarza, Ana Julia Quezada, Aileen Wuornos no son personajes de ficción y, aunque le parezca increíble, aquí en Panamá también tenemos una lista particular de asesinos seriales y psicópatas clínicamente diagnosticados.

Luego de leer el libro “La Sabiduría de los Psicópatas” de Kevin Dutton he comenzado a investigar más sobre el tema y los índices de maldad a los que puede llegar el ser humano; también he estudiado su lenguaje no verbal y en qué se destacan para así poder determinar su perfil silente. ¿La conclusión? Salvo raras excepciones y gestos particulares, los psicópatas tienen gestos idénticos a cualquier otra persona y hasta son capaces de llevar vidas familiares, tener trabajos estables, relacionarse socialmente y hasta pasan desapercibidos en una comunidad.

Robert Hare, doctor especializado en psiquiatría forense, no solo ha dedicado gran parte de su vida a estudiar y analizar en detalle los comportamientos de los asesinos, sino que, además, es uno de los más grandes analista de crímenes del mundo. Gracias a él, se pudo elaborar un índice de maldad con el cual muchísimos estamentos policiales se guían y se conoce como la “escala Hare”. Gracias a él, el FBI tiene una división que perfila a sospechosos de interés que dan con su captura y realizan adecuadamente un informe que enrumban los procesos judiciales.

La escala en cuestión es una jerarquía que asciende progresivamente desde el nivel 1 hasta el 22. Sólo para explicar alguno de estos niveles: el número 2 por ejemplo, son crímenes pasionales cometidos por amantes celosos. Pueden resultar inmaduros y/o egocéntricos, pero no psicópatas. En el nivel 6, están los que actúan impulsivamente, “en caliente”. En el nivel 8 están las personas no psicópatas, pero con altos niveles de furia reprimida y que llegan a matar cuando se desencadena una serie de situaciones. Ya en el nivel 17, comenzamos a ver a los asesinos seriales perversos, torturadores, aunque su finalidad principal es la violación, el homicidio posterior se da con el propósito de que la víctima no los denuncie.

Cuando llegamos al nivel 22 encontramos a la “élite del diablo” como se les conoce clínicamente, ahí están los torturadores extremos y asesinos psicopáticos, los cuales la tortura es la principal motivación. Sus crímenes involucran tortura sexual, psicológica y física prolongada, seguida por el asesinato de sus víctimas simplemente por placer, haciendo de este un proceso lento, doloroso y altamente violento. Jack el destripador estaba en esta categoría.

¿Se sorprendería si le digo que estudios del Dr. Hare revelan que, entre los mayores abusadores psicológicos, físicos y hasta sexuales hay uno que otro doctor, banquero, bombero, político y policía? ¿Y si le digo que personajes como Steve Jobs, J.F. Kennedy, Bill Clinton, Neil Armstrong o Van Gogh se perfilan como psicópatas y que están catalogados entre esos niveles dentro del índice de maldad que él desarrolló? No todos los psicópatas están tras las rejas...

La habilidad suprema de los psicópatas para seducir y adoptar camuflajes psicológicos impide, hasta cierto punto, que resulten evidentes sus acciones y, al menos a corto o medio plazo, son pantallas de humo que permiten realizar sus crímenes. A ellos, el Dr. Vicente Garrido les llama “psicópatas integrados”.

Debemos vigilar con mucho cuidado a la “generación del Yo” ... ¿quiénes son? nuevos estudios demuestran que los universitarios de esta época son más egocéntricos, narcisistas, individualistas y competitivos, si a ello sumamos el distanciamiento extremo al que el COVID nos llevó en su momento, tenemos el caldo perfecto para que el índice de maldad se disparare. Ya en Panamá se han dado casos muy sonados a este nivel académico donde se incluye el Bullying.

¡Que exagerado!, ¡es puro cuento! dirá usted amigo lector, si es así, explíqueme ¿cómo, en medio de una crisis económica grave como la que estamos atravesando y que es más que evidente por más que se quiera tapar el sol con un dedo, vemos abusos de poder, violencia de género a todo nivel, sanciones selectivas, actos corruptos y desmedidos por parte de personas que no les importan los demás y las consecuencias que estos desencadenen?, ya ni hablemos de los abusos cometidos a niños y la indiferencia en la que han caído ante la sociedad... Cada uno de estos actos están claramente tipificados dentro del índice de maldad que desarrolló el Dr. Hare.

¿Lo positivo? ¡Y muy positivo! Cada vez más, las empresas multinacionales están contratando a psiquiatras, psicólogos, sesiones de coaching y expertos en comunicación no verbal para poder trabajar con su personal y evitar que estos índices de maldad, que siempre han estado presentes, lleguen a niveles incontrolables. ¿Recuerda el Yin Yang, ese principio filosófico y religioso que explica la existencia de dos fuerzas opuestas pero complementarias que conviven dentro de nosotros?

Frases como: “si no te agarran no es malo”, “si nadie se da cuenta, no es crimen”, “si todo el mundo lo hace porque yo no”, “es que tengo privilegios” ... es justamente el índice de maldad en acción y expuesto a todas luces.

Cierro con este pensamiento de Albus Dumbledore: “Son nuestras elecciones, Harry, las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades” ...