Jovana Ríos: ‘Es necesario construir formas de lucha que no nos destruyan, sino que nos cuiden’
- 21/04/2026 00:00
En esta edición de ‘Mía Voces Activas’ conversamos con Jovana Ríos, defensora de derechos humanos y directora ejecutiva de Women’s Link Worldwide, cuya historia de vida está marcada por la resiliencia, la identidad y la lucha por la justicia.
Yovana Ríos ha hecho de su voz una herramienta de cambio. Desde su experiencia, apuesta por una participación activa que trasciende el discurso y se convierte en acción. En esta edición de ‘Mía Voces Activas ‘ comparte lo que la impulsa a seguir generando impacto y transformación.
Mi primera inspiración ha sido y siguen siendo las mujeres en mi vida. He tenido la fortuna de crecer y compartir con mujeres maravillosas como mi mamá, mi hermana, mis abuelas, mis tías, mis amigas, mis compañeras de trabajo. La solidaridad que otras mujeres han extendido a mi vida y mi crecimiento personal y profesional ha sido fuente de motivación para defender los derechos de otras mujeres y niñas. También he visto de primera mano lo que significa que los derechos sean vulnerados y las injusticias me motivaron desde muy niña a querer ver un mundo distinto, donde todas las mujeres y niñas puedan ser libres y felices.
Hay muchos momentos simbólicos en mi vida que han influenciado mi visión del mundo. Me siento muy orgullosa de ser Santiagueña y de haber estudiado en el “glorioso” Instituto Urracá. Mi pensamiento de adolescente fue influenciado por una visión anticolonial y de libertad que tenía espacio en mi escuela, donde fortalecí mi activismo y participación juvenil por los derechos humanos. Crecer en realidades socioeconómicas adversas me hizo muy creativa, resolutiva y perseverante, que son elementos que se siguen reflejando en mi liderazgo. Sin duda yo deseo que las mujeres y niñas de Panamá y el mundo no tengan que vivir adversidades para liderar y a la vez, sé que mi historia de vida es muy común. Son muchas las mujeres y niñas en Panamá y en el mundo quienes enfrentan múltiples obstáculos para liderar. Hoy en mi rol, me pregunto de forma cotidiana cómo podemos transformar esas realidades para que más mujeres y niñas lideren. Mientras, sigo usando mi voz para decirles a las niñas y jóvenes qué sí es posible lograrlo y que la adversidad también nos da herramientas. Mientras los sistemas cambian, nuestra resiliencia creativa -sin romantizar esa adversidad- nos da un super poder. La solidaridad entre mujeres y niñas nos recuerda que tenemos el poder para construir las condiciones con las que soñamos para transformar el mundo.
En Panamá y en el mundo, el sector de las ONGs internacionales ha sido influenciado por las élites y grupos más privilegiados. Es un sector que se sigue transformando. Aun así, asumir un cargo de liderazgo en una organización con presencia en África Oriental, Europa y América Latina y el Caribe, no perteneciendo a las élites tradicionales ha sido un desafío importante. En muchos espacios sigo enfrentando comentarios en tono de sorpresa como ¿eres tú la directora? También enfrento constantemente distintas formas de racismo, machismo y clasismo que implican que dedique más energía emocional a navegar esos sistemas de opresión.
A la vez, también recibo mucha solidaridad y alegría. Sé que mi experiencia de vida me hace cercana a las realidades del pueblo y de otras mujeres y niñas. Estos desafíos también me motivan a seguir construyendo condiciones que eliminen las barreras de acceso a justicias y a roles de liderazgo.
Mi vida como defensora de derechos humanos ha sido profundamente influenciada por mis experiencias comunitarias. Yo empecé a notar que mi voz tenía impacto real cuando era voluntaria de APLAFA y participaba en proyectos comunitarios que me permitían facilitar talleres de educación integral en sexualidad y prevención de violencias de género en comunidades en Mariato, en Atalaya y en escuelas de Santiago. Salía de esos talleres esperanzada. En mi rol actual, comprendo la responsabilidad de contribuir con más cambios, ahora en esferas geográficas más amplias, pero en el fondo, sigue siendo muy parecido porque veo el impacto real en cada mujer y niña que representamos en Women’s Link y que acompañamos en su camino de búsqueda de justicia, que, además, mediante el litigio estratégico, permite que otras mujeres y niñas se impacten positivamente. La forma en la que me mantengo conectada con mi esencia es iniciar mi día y cerrar mi día recordando y honrando de dónde vengo, por qué elegí este camino de vida y cómo debo usar mi poder y privilegio ahora para honrar las luchas de otras mujeres y niñas.
Nuestra organización trabaja en cuatro áreas: la justicia reproductiva, la eliminación de las violencias de género y acceso a justicia a sobrevivientes, la justicia racial y la justicia climática. Durante las últimas dos décadas hemos liderado casos legales muy importantes. Desde conseguir la liberación de cientos de mujeres injustamente encarceladas por “delitos relacionados con el embarazo” en Ruanda, garantizar una mayor protección a las sobrevivientes de violencia de género en España, hacer visible ante la Jurisdicción Especial para la Paz en Colombia cómo las mujeres negras han vivido y siguen viviendo el racismo y las desigualdades de género y de clase en el contexto del conflicto armado y también contribuimos para que ese mecanismo de justicia transicional reconociera la violencia reproductiva en el contexto de conflictos armados, como por ejemplo los abortos forzados y el uso forzado de anticonceptivos. Nuestro trabajo ha amplificado el poder de las comunidades, ha reformulado políticas y ha redefinido las posibilidades de la justicia. En 2024, por ejemplo, trabajamos en 17 países del Sur Global, impulsamos 14 casos de litigio estratégico y 12 acciones legales contra injusticias sistémicas. Estas acciones beneficiarán a más de 55 millones de mujeres y niñeces por los cambios legales y políticos impulsados por nuestro trabajo.
Sí, mi mamá ha sido mi primera mentora. Crecí viéndola como voluntaria comunitaria mediante su fe católica. La historia de mi mamá me ha enseñado mucho, por ejemplo, que es posible profesar una fe y también creer en los derechos humanos. A pesar de que yo crecí en un contexto muy conservador, mi mamá me apoyaba. Mi mamá me llevaba a misa y también a los talleres de educación sexual. Me motivó a elegir, a creer en mis sueños, a ser perseverante. Cuando las personas quieren lo mejor para sus comunidades no excluyen, sino que crean espacios en los que te sientes recibida. Mi mamá sigue siendo católica y cuando le cuento de mis reuniones, planes, de las búsquedas de justicias de otras mujeres y niñas, incluyendo aquellas que suelen ser controversiales en contextos conversadores, mi mamá me da su bendición y yo la sigo recibiendo con amor. Tender puentes y reconocernos en nuestra humanidad con amor y esperanza, es un legado hermoso que me entrega mi madre constantemente.
Ser panameña en espacios internacionales siempre es una gran responsabilidad, me conmueve y llena mi corazón. El pueblo de Panamá tiene una historia anticolonial, de lucha democrática y buen sentido del humor que me hace sentir muy orgullosa. Me encanta reír fuerte como buena panameña y hablar de nuestras diversas culturas y de cómo las generaciones ancestrales han hecho de Panamá lo que hoy somos. Amo mi país, agradezco haber nacido en esta tierra y considero que luchar por los derechos humanos es una de mis formas de honrar nuestro terruño. Sueño con un Panamá donde no haya pobreza y donde todas las personas tengan las mismas oportunidades.
Las principales barreras que aún enfrentan las mujeres y las niñas en América Latina y el Caribe incluyen la alta incidencia de violencia sexual y de embarazos no deseados, la criminalización del aborto en varios países y el acceso limitado a anticonceptivos de calidad. Son restricciones que se hacen aún más fuertes por las normas de género tradicionales, la falta de educación sexual integral y las desigualdades socioeconómicas y geográficas.
Quienes son más afectadas por estas barreras son las mujeres racializadas y empobrecidas que no tienen el mismo acceso a servicios e información sobre sus derechos sexuales y reproductivos. Panamá puede aprender mucho de las experiencias de países como Argentina, Colombia y México, que han avanzado en acceso a servicios de salud reproductiva, incluida la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo. En Women’s Link nos sentimos muy orgullosas de haber contribuido con remover barreras legales y de acceso a servicios de interrupción voluntaria del embarazo en Colombia.
En mi vida cotidiana soy la que arma los “parkins” con la familia. Me gusta estar conectada con la naturaleza, protejo mi alegría. Tengo amigas y amigos que son lo máximo, también son mi familia y disfruto el tiempo que compartimos. Me gusta irme un domingo al parque con un petate a leer un buen libro y jugar con Alika. Tengo un gran compañero de vida con quien celebro y agradezco el amor.
Creo que algo clave es la solidaridad feminista y el cuidado colectivo. En mi experiencia, la solidaridad feminista ha sido fundamental para sostenerme. Me ha permitido reconocer que existen formas de reclamar y pasar a la acción sin dejar de cuidarnos en el proceso; que transitamos juntas y que podemos apoyarnos entre nosotras, desafiando las prácticas capitalistas. Desde ahí, compartimos nuestras vivencias, nuestras formas de cuidado y los saberes que nuestras ancestras nos han transmitido de generación en generación para sostenernos en colectivo. También considero importante dejar atrás la idea de que debemos sacrificarnos hasta el desgaste o “morir por la causa”.
Es necesario pensar y construir formas de lucha que no nos destruyan, sino que nos cuiden. Ese es, precisamente, el poder de la colectividad: nos permite reivindicar la alegría como un acto político de resistencia y de libertad. La felicidad, en este sentido, puede ser una herramienta de transformación social, capaz de sostener la esperanza y la acción para construir un mundo más justo para todas las personas, desde sus propias visiones de justicia.
Les diría que identifiquen espacios, grupos u organizaciones en sus comunidades y que identifiquen mentoras o personas en sus entornos que apoyen sus sueños, proyectos y pasión por los derechos humanos. Si no encuentran un grupo o espacio, forma uno con tus amigas o compañeras de la escuela. No hay impacto comunitario pequeño y las transformaciones sociales empiezan en los barrios. Les diría que no es necesario tener un cargo formal, yo no siempre lo tuve.
El activismo y la participación ciudadana son centrales en la defensa de los derechos humanos. Si quieres ser defensora de derechos humanos, sé que es un camino con complejidades y a la vez, que trae a la vida profesional y personal amor, esperanza y libertad