La Ciudad de Panamá como organismo vivo: la visión artística de Diego Fábrega
- 28/02/2026 00:00
El artista panameño Diego Fábrega presenta su serie ‘flUrbana’ en la Plazuela de Alfaro, una propuesta que fusiona naturaleza y ciudad a través del expresionismo abstracto. La muestra resignifica a la Ciudad de Panamá como un organismo vivo donde selva, mar y diversidad cultural convergen en un mismo flujo creativo
Muchas veces las maravillas de la naturaleza pasan desapercibidas en medio de la inmensa metrópoli que es la Ciudad de Panamá. Si bien, los amaneceres y atardeceres se componen de paisajes idílicos compuestos por árboles y palmeras en los puntos estratégicos de la capital, el ruido de lo cotidiano interrumpe los momentos de contemplación que, de vez en cuando, son necesarios para calmar el estrés y el trajín de la vida diaria.
No obstante, el artista Diego Fábrega busca resignificar la naturaleza a través de las obras que presenta en su nueva serie ‘flUrbana’, la cual se presentará hasta este 15 de marzo en la Plazuela de Alfaro (Casco Antiguo).
De acuerdo al curador Reinier Rodríguez – propietario de la galería itinerante Menú Creativo – el neologismo ‘flUrbana’ busca ilustrar el concepto de Fábrega el cual gravita sobre una interpretación que entiende a la Ciudad de Panamá como un tejido que trasciende lo estático y se proyecta como un organismo dinámico en perpetuo estado de devenir.
“La ciudad se revela tan vibrante como el trópico que la envuelve; un tejido urbano definido por el flujo incesante de personas, culturas, cuerpos e historias. Es la continuidad de un movimiento ancestral, donde hoy navegan contenedores y ayer surcaban cayucos, reafirmando al istmo como el hub de las Américas y un espacio de tránsito permanente”, plantea Rodríguez en su texto curatorial.
Es en este sentido que Fábrega plantea una simbiosis entre lo urbano y lo humano, teniendo a lo botánico como un elemento central del lenguaje de la exposición. Por medio de una abstracción lírica, el artista busca traducir la vegetación tropical en gestos, ritmos e intuiciones pictóricas. De este modo, la flora deja de ser un paisaje para convertirse en el símbolo de permanencia de un ente vivo que crece y se adapta al barrio y al avenida de donde está situado, según explora Rodríguez del concepto artístico de Fábrega.
En conversación con La Estrella de Panamá, el artista expresó que realizó esta serie artística intrigado por el flujo natural que exhibe la ciudad capital en sus diversos rincones.
“Yo soy panameño, he vivido toda mi vida en esta ciudad y, a veces nosotros que vivimos aquí no nos damos cuenta del intenso nivel de interacción o cercanía que nosotros tenemos a una selva que después se traduce en una flora muy diversa que termina en el mar. Es decir, esa combinación de tener estos dos estos que cierran la Ciudad de Panamá entre la selva y el mar. Es algo que yo ya había interpretado, pero de una manera bastante diferente en una colección en el año 2011. Ha sido siempre, de manera inconsciente, mi principal tema de influencia”, recordó a este diario.
Fábrega, en tal aspecto, hizo énfasis en que la ciudad de Panamá es un lugar no solo caracterizado por su clima caliente y húmedo, sino por la diversidad que se refleja en la mezcolanza de culturas que se representa en los distintos barrios que componen la capital.
“Cuando combinas todo esto y regresas al principio de que realmente yo soy un pintor abstracto, te vas dando cuenta como a través del movimiento, se puede apreciar que los movimientos en las obras son casi inconscientes, casi repetidos que van formando, ya sea con colores oscuros o vibrantes, las imágenes. La flor, el árbol o la rama es lo que realmente uno ve en el cuadro porque nos resulta tan natural cuando conectarlo con eso, pero en ningún momento la intención es que la flor o la hoja parezcan realmente eso. Nunca es la intención de que sea una hoja o flor perfecta”, agregó, resaltando que su línea artística va en línea con su expresionismo abstracto.
Una obra que se reconoce por ser libre y despreocupada la cual poco a poco va hilando una narrativa que se puede apreciar a lo largo de la sala de la exposición.
Además de las pinturas llamativas, la mirada también vale la pena ser puesta en las nueve esculturas que se asemejan a nueve gatos que adornan una de las paredes del recinto donde se expone gran parte de las obras. Son un homenaje a una gata querida por muchos años por parte del artista Kika, la cual siempre estuvo presente en su familia. Por otro lado, las esculturas son nueve, haciendo alusión a la famosa leyenda de las nueve vidas que tendría un gato.
“La idea era que cada una fuera diferente a la otra porque nuevamente representa desde una etapa diferente de la vida de la gata hasta una historia hasta una historia y y las últimas que hice sí toman eh la paleta y el estilo de pintura y todo lo demás de la colección de de Flurbana”, desarrolló Fábrega sobre estas particulares obras de arte.
Para el artista, es una satisfacción inmensa el saber que su trabajo conecta con la gente, tal como pudo comprobar durante la inauguración de la muestra artística la cual se llevó a cabo el pasado 24 de febrero.
“Mi objetivo como artista es que quien vea la obra piense: ‘Wow, yo podría pintar esto, yo pudiese hacer esto”. Y yo creo en el arte como algo inclusivo y no exclusivo. No quiero empujar a que algo parezca figurativo. Quiero dejarle al público la oportunidad de cerrar la interpretación de la obra y no decir algo que sea único o absoluto sobre la obra. A mí me parece que la obra abstracta adquiere una gran dimensión cuando uno se puede conectar con ella. Es lo que yo intento, no sé si lo logro, pero lo que intento hacer permite al público tener un mayor nivel de aporte en su experiencia en lugar de simplemente pararse y ver algo que es figurativo y punto”, explicó el artista.