La intimidad: espacio, memoria y escritura
- 07/06/2026 00:00
La mesa ‘La intimidad como campo de escritura’ propuso a cuatro escritores latinoamericanos pensar la intimidad como un espacio donde hay normas, silencios y tensiones
Pilar Quintana (Colombia) ha escrito sobre la selva, la maternidad y los monstruos que uno descubre en la crianza. Guadalupe Nettel (México) ha hecho de lo doméstico, los matrimonios y el abuso invisible su territorio literario durante veinte años.
Luis Chaves es un poeta costarricense que llegó a la prosa para escribir sobre las distancias geográficas y emocionales. Mientras que el bardo Frank Báez (República Dominicana) crea historias sobre el barrio y cómo el Caribe cabe tanto en un verso como en un karaoke.
Así describió Philippe Hunziker (Librería Sophos, Guatemala) a los autores latinoamericanos que lo acompañaron en el conversatorio “La intimidad como campo de escritura”, mesa en la que este editor guatemalteco fue el moderador de este evento ocurrido en el marco del pasado festival Centroamérica Cuenta en Panamá, organizado en conjunto con el Ministerio de Cultura.
Pilar Quintana asocia la palabra privacidad más con lo que pasa a puertas cerradas. Pero a veces le ocurre algo paradójico: lo que creemos privado no lo es del todo.
El personaje principal de su novela Noche negra es una mujer que vive en la selva: “en un espacio muy abierto, en una casa que está en construcción. Y está con el mar al frente, pero se queda completamente sola y queda confinada a su interior. Porque hay una necesidad de estar siempre en contacto con el otro”.
Hace pocas semanas se estrenó la versión cinematográfica de su novela La perra, dirigida por Dominga Sotomayor y protagonizada por Manuela Oyarzún. Una amistad supo de esta buena noticia y le preguntó sobre la actriz que la encarnaba.
“La actriz que hace de mí, ¿cómo así? No entendía. Es que yo soy la escritora de la novela, le dije. Es un personaje inventado, esa no soy yo. Y pensaba que ni siquiera es una novela escrita en primera persona como para que hayan confundido narrador con autor”, rememora en el Aula Magna de la Universidad Católica Santa María La Antigua (USMA).
“No soy una autora de la imaginación, entonces es muy fácil en mis novelas confundirse, porque invento desde la experiencia. Entonces está siempre esa pregunta: ¿qué tanto hay de verdad en tu novela? Pues todo es verdad, pero todo es mentira. Los personajes están fundados en anhelos, miedos, experiencias y también en diferencias mías”.
Por ejemplo, su primera novela Cosquillas en la lengua la definió como autobiográfica. “Todos los eventos pasaron. No sé si objetivamente pasaron así, pero quedé con la sensación de que no había dicho la verdad. ¿Por qué? Porque estaba eligiendo exhibirme y poner mi intimidad en un libro”.
Si le das a elegir, Frank Báez prefiere seguir una tradición que hace cada tarde: se va al malecón en Santo Domingo, se queda mirando el océano, se relaja y siente que está en un territorio suyo. “Aunque no hay intimidad real porque al final, luego de la contemplación, la escritura se convierte en un hecho público”.
Hay otra realidad que destaca como un contraste: en el Caribe no sabemos estar en calma. “Hay un momento en que tú tienes esa sensación de que siempre hay gente. Y cuando no hay gente, tendemos a hacer mucho ruido. Uno de los problemas de Santo Domingo es el ruido. Nunca, nunca hay silencio. Es una cosa increíble. Puede ser ruido de la construcción, pero sobre todo el ruido de la música. En Dominicana la gente habla muy alto y es porque hay un problema grave de sordera”.
El ideal de Frank Báez es que la habitación propia de la que hablaba Virginia Woolf sea el sitio donde pueda leer y escribir en paz. “En ocasiones, yo voy a trabajar en una biblioteca y hasta allá llega el ruido”, comenta en esta actividad presentada en la USMA a través de la Editorial La Antigua.
Luis Chaves planteó que en su caso no hay un lugar determinado para escribir sin distracciones. “Hay momentos de intimidad que pueden ocurrirte en el colegio o en una terminal de autobús”.
Sus hijas aparecen en Vamos a tocar el agua como la mayor y la menor. ¿Eso es una decisión para protegerlas? “Es un libro que surge a partir de una temporada que viví en Berlín con mi familia. Llegamos en invierno a Alemania”.
“Iba escribiendo por petición de un sitio en internet, cada fin de estación hacía una crónica”, y un par de años después surge un sello editorial de unos amigos suyos que la convierten en libro. “Lo que queda son crónicas un poquito acomodadas, porque al final las cosas ocurrieron más o menos como están contadas allí”.
Decidió no poner los nombres de sus retoños, aunque la gente que los conoce sabía quiénes eran. “No puse sus nombres porque había cosas que ni siquiera habían sucedido exactamente como estaba ahí”.
Guadalupe Nettel opina que la esfera privada siempre ha estado en el centro de la literatura, desde Madame Bovary a En busca del tiempo perdido. “Lo que pasa es que ahora, cuando hablamos de intimidad, muchas veces nos referimos, por el tipo de sociedad en la que vivimos, sobre todo, a partir de las redes sociales, a algo que tiene que ver con uno mismo, con esta tendencia que tenemos a sobreexponer nuestra vida”.
El otro día fue a casa de una familia cercana. Encontró a la mamá de un amigo viendo ensimismada la televisión. “La televisión está prendida siempre con ‘reality shows’ como ‘La casa de los famosos’. Esta familia vive con la tele encendida, viendo cómo duermen en el programa, cómo desayunan y cómo cocinan, entre comillas, porque obviamente todo eso es un ‘performance’. Hay un engolosinamiento por ser voyeristas”.
Guadalupe Nettel indica que la tendencia del siglo XXI es precisamente lo autorreferencial. “Eso es lo que realmente la gente quiere leer. Son los espacios domésticos, los de la pareja, de las relaciones de familia, lo que pasa en un cuchicheo. Como sociedad estamos reflexionando sobre esos espacios de los que casi nadie antes quería hablar. Me provoca pensar en los ‘reality shows’ que nos permiten vivir las intimidades ajenas para no vivir las propias, ¿verdad?”.