La migración comienza en casa
- 15/02/2026 00:00
El poeta Javier Zamora tenía apenas 9 años cuando por más de 60 días viajó de El Salvador a Estados Unidos en busca de sus padres. Muchos años después narró esa travesía en su libro testimonial Solito, un éxito de ventas y de crítica de acuerdo al New York Times.
Hay infancias difíciles. A manera de ilustración tenemos la de Javier Zamora, quien nació en 1990 en el municipio costero de La Herradura (El Salvador), en medio de severas carencias económicas y un conflicto bélico como telón de fondo.
Cuando Javier tenía un año, su papá decidió irse del país por los estragos causados por la Guerra Civil salvadoreña (1980-1992) y tomó rumbo hacia Estados Unidos en busca de un porvenir más prometedor.
Estaba por cumplir 5 años, cuando su mamá dejó la patria para seguir los mismos sueños allá en el norte del continente americano. El niño se quedó bajo el cuidado de sus abuelos.
A los 9 años, Javier se echó a andar rumbo al Dorado de esta parte de Occidente. Fueron 9 semanas que lo llevaron por Guatemala, México y hasta llegar a Arizona. Viajó en autobús, en barco y a pie. Lo hizo al principio en grupos grandes y cada vez que se acercaba a su meta ese grupo se hacía más reducido.
La travesía, de por sí ya peligrosa, lo fue aún más cuando en Oaxaca (Juárez, México) el coyote que los guiaba, los dejó a su suerte durante los más de 2,000 kilómetros que les faltaba por andar.
Por 60 días, sus padres no supieron nada sobre el destino de su único hijo: ¿estará con vida? ¿Tendrá frío o hambre? ¿Dónde encontrarlo entre los más de 3,000 kilómetros de frontera entre Estados Unidos y México?
Ambos estaban inmovilizados por el miedo de no tener un estatus legal en Estados Unidos. Por lo que estaba descartado hacer cualquier averiguación oficial de dónde podía estar ubicado su pequeño.
En el 2022, Javier Zamora reúne aquellas experiencias en Solito, un libro de memoria escrito en inglés y que estuvo varias semanas en las listas de superventas del New York Times.
“Creo que, por eso, cuando vine a Estados Unidos se peleaban mucho y eventualmente se divorciaron porque no superaron ese trauma. Con mi papá, antes de escribir Solito, había platicado sobre lo sucedido dos veces en 20 años. Con mi mamá lo platiqué una vez. Cuando salió el libro sí platiqué con ellos, pero antes de escribirlo muy poco”, plantea el escritor durante un conversatorio digital organizado por Centroamérica Cuenta, festival literario que estará de vuelta en Panamá del 18 al 23 de mayo de 2026 y que tendrá entre sus invitados a Javier Zamora.
“Este festival es algo mágico”, comenta quien participó de la versión española de Centroamérica Cuenta en septiembre de 2025.
Le encanta este festival porque representa una fuente de conocimientos. “Vengo de un área pobre de mi país y siempre pienso: ¿quién hubiera sido yo si no vengo a Estados Unidos? Porque la educación no siempre llega a las áreas rurales en Latinoamérica”.
Le hace ilusión visitarnos en mayo y conocer a escritores y lectores nacionales. “Mostrar que las vidas de los inmigrantes también merecen estar presente en la literatura”.
El que ha obtenido becas en universidades como Stanford y Harvard tenía un propósito con Solito: ver cómo encajaba su vida de inmigrante dentro de la historia de un Estados Unidos forjado precisamente por hombres y mujeres provenientes de otras latitudes.
“Tengo un gran privilegio de haber emigrado a este país y a esta cultura”, indica quien hoy día reside en Tucson, Arizona.
En el 2017 comenzó a redactar Solito, pero antes que nada tuvo que recordar. En la escuela primaria, mientras aprendía inglés en su nuevo hogar, tuvo contacto con su primera terapeuta, quien lo ayudó a rememorar ese periplo a través de ejercicios de memoria, luego le propuso elaborar dibujos y más tarde lo incentivó a llevar un diario.
“Yo crucé la frontera el 11 de julio de 1999. La terapia comenzó la primera semana de mi llegada aquí a Estados Unidos. Todo estaba muy reciente en mi cerebro. La gente después me ha preguntado: ‘¿cómo te acordaste de todo?’. Tuve el privilegio de tener a una terapeuta que me sacó la información de lo que sentía”, comenta este voluntario en organizaciones de ayuda humanitaria sin fines de lucro que apoyan a los inmigrantes como Salvavision, Kino Border Initiative y The Florence Project.
En el 2019 conoció a su segunda terapeuta. “Así que cuando publiqué ‘Solito’ ya llevaba 3 años con ella y todavía está conmigo. Ya llevamos 7 años juntos y es mi relación más larga, ya que conocí a mi esposa en el 2018”, dice entre broma y en serio.
¿Cómo se enfrenta un narrador a un tema tan personal? “El proceso es difícil. Es complicado cuando se exploran tantos sentimientos y quieres trasladarlos a un libro. El proceso para escribir ‘Solito’ se me hizo más fácil que el proceso de publicar mi primer libro que fue uno de poemas” (Unaccompanied, aún sin traducción al español, de 2017, donde indaga aspectos de su caminar hasta Estados Unidos).
“Lo más difícil es poner palabras en la página. Los escritores no hacemos magia. Los que publicamos un libro somos aquellos que terminamos de escribirlo. Y cualquier persona que le dedique una hora al día a la escritura lo llegará a hacer también. Es completar algo. Y uno no sabe si lo puede hacer hasta que lo hace y lo completa”, asegura el ganador del Premio Barnes & Noble para Escritores 2016 y el Premio Christopher Isherwood 2022.
Javier Zamora es hijo de papás cuyos sueños no se cumplieron. Su mamá quiso ser médico y su papá quería ser profesor. Las carencias y una guerra se los impidió.
Por eso, sus progenitores le inculcaron que la mejor manera de romper toda clase de barreras es con la formación. “La educación se convirtió para mí en un trabajo”.
Tampoco olvida cuáles fueron sus orígenes. “Era pobre, comía carne una vez al año. Porque siendo de la costa comía más pescado que un trozo de carne o de pollo”.
Al llegar Solito a las librerías en la unión americana ha conocido a otros inmigrantes y ha descubierto que las suyas son historias compartidas, sin saberlo. “Lo más especial ha sido que he conocido a 14 niños salvadoreños que emigraron por el desierto de Sonora hasta acá en 1999 y lo hicieron a los nueve años”.
Explica que cuando uno sobrevive a una situación límite la mente nos engaña haciéndonos creer que únicamente a uno le pasan esa clase de hechos. “Porque el terror es mucho y es el propio cerebro que no quiere saber que eso les ocurrió a otras personas. El cerebro te está protegiendo. Lo irónico que ese protegerte te impide encontrar a otra comunidad”.
Y esa fue de las razones por las cuales tituló así su obra. “Pero ahora me doy cuenta que nunca estuve solito, y eso es lo que le digo a los otros inmigrantes: nunca están solos”.