La poiética hecha arte: Kojiro Takakuwa expone ‘Agua de Luz’
- 04/04/2026 00:00
La exposición ‘Agua de Luz’ del artista Kojiro Takakuwa explora la infancia, la memoria y la filosofía de la poiética a través de obras cargadas de luz, ambigüedad y emoción, en una muestra artística disponible en la Galería Mateo Sariel hasta el 11 de abril
La exposición ‘Agua de Luz’ del artista Kojiro Takakuwa, la cual se puede ver por estos días en la Galería Mateo Sariel hasta el próximo 11 de abril, busca adentrarse en una duda que el artista siempre tuvo desde su infancia. Una sensación que se traducía en la certeza de la existencia de algo que, a pesar de estar ahí, no lograba asimilarse por completo. A raíz de ello, le surgía la inquietud constante de descubrir qué era aquello que no era capaz de entender del todo y que, al mismo tiempo, no lograba exteriorizar.
Es de este modo que, mientras estudiaba lingüística y ciencia cognitiva, descubrió que sus búsquedas se enmarcaban dentro de la poiética, la cual Takakuwa define como la “filosofía de la creación”. Ante la incapacidad de explicar ese algo, el artista optó por realizar obras de arte para tratar de darle forma a esos pensamientos.
Para introducir este concepto, el espectador que cruce la entrada de la galería Mateo Sariel se topará con una obra conceptual basada en el estilo de Jiro Takamatsu, que precisamente explora esa imposibilidad de darle explicación a las cosas. En este sentido, Takakuwa explora a través de la transmisión y el reflejo de la luz con el fin de realizar una apertura de la muestra artística que se asemeja a la entrada de una iglesia, en cuya estructura siempre habrá vitrales que utilizan la luz natural para iluminar su interior.
De este modo, el espectador se adentrará en las obras de Takakuwa – quien por medio del acrílico sobre lienzo – destila nostalgia y ternura al rememorar aquellos momentos en los que una madre con su bebé se sumergen en la piscina en la que sería su primera experiencia en la natación.
“Parece que nadie se ha dado cuenta, pero el nombre de la exposición se escribe con la primera y la última letra en mayúsculas: Agua de luZ. Siento que esta es, probablemente, la obra de mi vida: estoy abordando el desafío de dar forma a algo llamado Poiética (Poïétique), en lugar de la poética convencional. La “poética” es un término que escuchamos a menudo, refiriéndonos a la Poética de Aristóteles. Sin embargo, mientras que la poética de Aristóteles se basa en la mímesis (imitación), la Poiética se fundamenta en la veracidad, o mejor dicho, en la poiesis. Últimamente, he llegado a la convicción de que no solo Da Vinci, sino especialmente Platón, es quien realizó este concepto de manera más profunda. Por supuesto, yo no soy más que un aprendiz de aprendiz, pero estoy dando lo mejor de mí para alcanzar aquello que ellos se propusieron”, explicó Takakuwa sobre la poiética, el concepto conductor de la exposición.
Takakuwa inició el estudio de la poiética siguiendo la línea del pintor francés René Passeron —conocido investigador del surrealismo—, quien comenzó sus investigaciones sobre la Poiética con el apoyo del filósofo Étienne Souriau.
“Asumiendo el riesgo de ser malinterpretado y para explicarlo de forma sencilla: nosotros, los seres humanos, nacemos por alguna razón en medio de ‘algo’ que surge y se transforma en un constante devenir, ajeno a nuestra voluntad. Y es dentro de ese ‘algo’ donde nosotros habitamos aquello que llamamos ‘mundo’. Un recién nacido no tiene ego ni lenguaje, pero posee la veracidad de su primer llanto. A través de esa veracidad, y mientras tocamos ‘algo’ que está en constante devenir más allá de nosotros, adquirimos este mundo humano y es entonces cuando brotan el ego y la palabra. Es el acto de adquirir el mundo y, al mismo tiempo, darle una forma nueva. Es decir, al entrar en contacto con esa veracidad, podemos recuperar una ‘regla’ con un peso real para medir nuestro mundo; retornar al sentido auténtico de las cosas. Mi deseo es realizar ese proceso a través de mi obra”, narró a este diario.
El estilo de Takakuwa es la pintura figurativa premoderna. Un estilo que fue desarrollando a medida que iba labrando una carrera de éxito en las artes entre Panamá y Japón. “A menudo, durante mis años de estudio, me decían que mi estilo era antiguo, pero siempre he creído en los clásicos. Al mismo tiempo, durante mis investigaciones, me vi influenciado por el pensamiento del filósofo Nelson Goodman. Me cautivó la posibilidad de un lenguaje visual que valore la representatividad premoderna, tras descubrir en las investigaciones del Project Zero (fundado por él) sobre el desarrollo cognitivo, que dicha forma de representación posee una dimensión universal para la cognición humana”, profundizó.
Aunque la apasiona su profesión como profesor de arte, en la actualidad Takakuwa pinta en un rincón de la sala de estar de su casa, soñando con que algún día pueda tener un pequeño estudio de arte con el cual pueda enseñar los fundamentos del dibujo tradicional.
Como se mencionó al inicio de este artículo, lo experimentado durante la infancia bien puede servir como una especie de brújula o orientación sobre el camino a seguir en el presente. En este caso, los momentos felices se pueden visionar mediante la experiencia conjunta de una madre y su hijo, compartiendo aquellos momentos que probablemente es difícil que se repitan. Sin embargo, Takakuwa clarifica: “No he pensado específicamente en que sea su primera vez en una piscina; lo que me interesa es esa imagen de madre y bebé sin rostro, reflejándose una y otra vez a través de la distorsión del agua. Esas figuras somos nosotros, y mi deseo es expresar la plasticidad del mundo que se manifiesta a través de ese reflejo”.
Por otro lado, el artista aplica la ambigüedad como instrumento para que el espectador complete por sí mismo la imagen que se ofrece en cada una de las obras que forman parte de la muestra artística. “Al no pintar los rostros, tengo la esperanza de que el espectador complete la obra dentro de su propia imaginación”, afirmó el artista quien busca crear con un gran sentido de sinceridad.
Al ser consultado sobre si la infancia es un momento de la vida al que se debe recurrir frecuentemente en momentos en los que los adultos se pueden sentir perdidos en algún momento de su vida, Takakuwa respondió lo siguiente.
“¿Cómo podría expresarlo? La verdad es que fui a mi primera universidad, pasé mi juventud y me gradué para trabajar simplemente porque debía hacerlo. Fue una etapa de gran conflicto interno, preguntándome si vivir de la forma en que mi padre o la sociedad dictaban era la respuesta. Las distorsiones de aquel entonces aún permanecen en mi corazón. En ese tiempo, ni siquiera conocía la Poiética. Fue entonces cuando mi tío murió de repente. Él no era joven, pero tampoco un anciano. Aquello me pareció, de la manera más simple, la respuesta a lo que significa vivir. Decidí que viviría de modo que pudiera aceptar la muerte en cualquier momento; por eso, ahorré mi salario y decidí estudiar arte con total honestidad”, reflexionó.