La polémica por el cabello afro en las escuelas reabre el debate sobre la discriminación
- 09/03/2026 00:00
La controversia por el uso del cabello afro en los centros educativos vuelve a poner sobre la mesa la dicotomía entre la disciplina escolar y la identidad cultural, mientras organizaciones afropanameñas denuncian prácticas discriminatorias contra los estudiantes
Este lunes se cumple una semana desde que la discusión pública giró en torno al uso del cabello afro en las escuelas. Desde entonces, se levantó la polémica, ya que unos lo consideran un aspecto más relacionado con las normas disciplinarias que se deben guardar en un centro educativo, mientras que otros aducen que es una muestra más de la discriminación persistente que existe en contra de las expresiones culturales afrodescendientes.
Si bien en la actualidad existe el Resuelto 887 del 23 de marzo de 2023 emitido por el Ministerio de Educación - el cual establece normas de convivencia escolar – creado para, entre otras cosas, proteger a los estudiantes afrodescendientes de la prohibición de usar su cabello natural, persiste la problemática ya que incluso hay denuncias de organizaciones afropanameñas referentes a aquellos centros educativos que exigen ‘certificados afro’ para que los estudiantes puedan lucir su cabello de forma natural.
La última reacción por parte de las autoridades educativas vino de la mano de la ministra de Educación Lucy Molinar quien ratificó el pasado viernes que no hay que presentar “ninguna certificación de absolutamente nada”. “Sin embargo, se respetan todos los factores de la identidad que son los que hacen rica nuestra cultura. Hay un marco de legalidad y de disciplina que tenemos que establecer para que haya orden, y ese orden tiene que respetarse”, agregó.
El pasado lunes 2 de marzo, al inaugurar el regreso a clases, Molinar alegó que “había unos niveles de afro que en una escuela no son hasta saludables” tras abogar por el respeto a las reglas disciplinarias que fijan los centros educativos y subrayar que “las libertades tienen reglas”.
El Sondeo de Discriminación en las Escuelas - publicado en marzo de 2023 y realizado a través de U-Report Panamá (una iniciativa de UNICEF) en colaboración con la Secretaría Nacional de Políticas y Desarrollo para los Afropanameños, la Red de Jóvenes Afropanameños y el medio de comunicación Odon Rasonero - revelan que este no es un hecho aislado y que la discriminación muchas veces viene en forma de comentarios o, incluso, se traduce en acoso escolar.
Algunos de los testimonios recogidos en ese sondeo fueron los siguientes: “Un profesor me decía comentarios como ‘peínate’, ‘¿tú no tienes peinilla?’, entre otros más” o “A mi compañera de cabello afro le dijeron varias veces que no podía venir con su afro porque su cabello ‘distraía’ y eso se me hace algo muy discriminatorio”.
Una de las que vivió esa realidad es Leirys Morales, quien hoy en día es abogada y funge como vicepresidenta de la Red de Jóvenes Afropanameños. La discriminación por su cabello afro no solo la acompañó en su etapa escolar, sino que también se trasladó a la universidad e incluso a su entorno laboral dentro de una institución pública.
“Recuerdo que, cuando estaba chica, el tema del cabello era bien complicado porque decían que no podíamos ir peinadas con nuestro cabello afro. Una de las herramientas que teníamos en ese tiempo era un químico al que nosotros llamábamos Alisec, el cual usamos para estirar nuestro cabello. Entonces, cuando me mudé a Veraguas, seguía con este tema de tener que alisarme el cabello y recuerdo que cuando iba a entrar a premedia yo le dije a mi mamá que yo quería volver a tener mis rizos. A partir de ahí, estuvimos unos meses con el tema de mi transición. Cuando volví de nuevo al colegio, ya yo tenía mi cabello en crecimiento con los rizos saliendo, pero había partes de mi cabello que todavía tenían químicos con los que alisaba el cabello. En el colegio, mis compañeros se burlaban bastante de mí y decían que tenía una ‘cabeza de micrófono’. Llegué incluso a tener un apodo: ‘rayito de sol’ porque, como el cabello tenía bastante volumen y frizz, se esponjaba. Cuando sucedió eso, muchos me decían: ‘Hey, peínate, ¿tú no tienes peinilla?, ¿qué es lo que pasa contigo? Antes, tu cabello era distinto’. Todo eso fue traumático para mí porque no me sentía segura en un entorno que no aceptaba que mi cabello natural fuera rizado. Llegué llorando a casa y le dije a mi mamá que quería que me llevara al salón de belleza para que me alisaran nuevamente el cabello.(...) Al final, yo acepto que mi cabello es así y nadie lo puede cambiar, y yo no tengo por qué cambiarlo por la opinión de los demás tampoco”, relató.
Morales confió a este diario que la discriminación se hacía presente también en los comentarios negativos constantes sobre su cabello de uno de sus profesores universitarios. La frecuencia de dichos comentarios llegó a tal punto que configuró la visión de sus compañeros sobre su cabello. “En una presentación grupal que teníamos, una compañera me pidió personalmente: ‘¿Tú crees que el viernes, el día que tenemos la presentación grupal, puedes venir con el cabello amarrado para que el profesor no nos baje puntos?’”, recordó.
La joven estudiante denunció esta situación ante la coordinación de la universidad, pero no logró una solución al respecto. En el entorno laboral, también se vio envuelta en esta situación con algunos compañeros de trabajo que le decían que los peinados que debía llevar al juzgado debían ser “formales o adecuados”, al lucir las trenzas de su cabello en la institución pública en la que trabajaba.
“Yo respondí que mis trenzas y mi cabello también no son inadecuados, porque forman parte de mi identidad y después de eso les di un pequeño contexto sobre nuestra historia y decidí hablar con mi superior y no solo lo dejé ahí, sino que hice la consulta en el departamento de recursos humanos de la entidad. Ellos me dieron el apoyo adecuado y me explicaron que no podían prohibirme usar algo que forma parte de mi identidad”, añadió.
En este sentido, la vicepresidenta de la Sociedad de Amigos del Museo Afroantillano de Panamá (Samaap) Verónica Forte se preguntó por qué cada vez que inicia el año escolar, el foco está situado en el cabello corto de los estudiantes y no en asuntos vitales para la educación nacional como la óptima infraestructura de los centros educativos y la habilitación de un pénsum académico responsable de crear al futuro profesional que necesita el país.
En conversación con este medio, Forte señaló que el cabello afro tiene su contexto histórico. “El cabello fue una herramienta de nuestros ancestros para que pudiesen utilizarlo como vía de trazo para establecer, a modo de mapa, un camino con el cual escaparse de la esclavitud en la que estaban sumergidos desde que los sacaron de su tierra natal África”, apuntó.
Forte, en esta línea, cuestionó que se diga que el cabello afro es “insalubre”. “Se le está diciendo a un grupo étnico que su cabello natural es insalubre. (...) El cabello natural de los afro hay que mantenerlo, hay que lavarlo, y hay que utilizar productos especiales que no son baratos para poder mantenerlo. (...) Entonces, yo siento que un poquito de historia sería importante para que las personas puedan entender qué es el cabello afro, el cual tiene diferentes texturas, ya sea ondulado, con rizos o lacio”, explicó la vicepresidenta de Samaap, quien abogó por un trabajo en conjunto con el MEDUCA y los colegios para encontrar un entendimiento.
Esto con el fin de que el cabello afro no sea un pretexto para denegar el derecho del estudiante a la educación y, no menos importante, que no sufran de problemas de autoestima.
“¿Cómo se pueden concentrar si cuando ellos apenas entran a la escuela se les amenaza con impedirles la entrada al colegio? (...) Esto de cortarle el cabello al negro, al afro, viene del tiempo de la esclavitud. Para quitarles la identidad, los amos les quitaban todo el cabello, tanto a las mujeres como a los hombres, para quitarles su identidad y su autoestima. A los afrodescendientes nos trataban como gente indeseable que no tenía alma ni espíritu. Nos consideraban una cosa más, como un objeto que se podía vender. Entonces, de ahí viene la rapadera del cabello. El que quiere tener el cabello rapado, está bien. El que quiere tener su cabello alisado, está bien. El que quiere tener su cabello afro, también debería poder lucirlo. El foco de las escuelas debería estar en la educación”, apostilló.
Por su parte, Mavisf Gómez de la Red de Jóvenes Afropanameños deploró que algunos centros educativos exijan la “certificación afro” para que los estudiantes puedan lucir su cabello natural, lo cual puede catalizar la sensación de inseguridad que podrían experimentar.
“Desde una perspectiva de la psicología del desarrollo y de la identidad, exigirle a un padre de familia que su hijo o hija, ya sea niño o adolescente, certifique su afrodescendencia para poder llevar su cabello natural, su afro, el que todos conocemos, o trenzas, puede tener implicaciones importantes en la construcción de la identidad y del bienestar emocional”, aseguró Gómez, quien es psicóloga de profesión.
Resaltando cómo podría afectar esta circunstancia a la salud mental de los estudiantes, Gómez evocó su experiencia personal. “Este tema puntual yo lo viví, recuerdo haber tenido una maestra que tomó mis dos rulos de adelante, me los jaló fuerte y me dice, ‘Yo no quiero que tú vengas más con estos rulos en la parte de adelante.’ Yo estaba en sexto grado y yo me acuerdo que, desde sexto grado hasta cuarto año de la escuela porque nos íbamos a tomar una foto, yo no soltaba mi cabello, me ponía químicos ... Hacía muchas cosas para no tener rulos porque me decían que mi cabello era feo. Eso me generó a mí un trauma y me hizo sentir que era fea por tener esos rulos”, dijo.
Ahora, teniendo su propia experiencia como brújula, Gómez busca que otros niños y adolescentes no pasen por lo mismo.