Lactancia laboral: el desafío silencioso de muchas madres en Panamá
- 14/03/2026 12:00
Pese al respaldo legal, muchas oficinas carecen de espacios adecuados para trabajadoras lactantes
En Panamá, la lactancia materna cuenta con un respaldo legal claro. La Ley 50 de 1995, reforzada posteriormente por la Ley 135 de 2020, establece medidas para proteger y fomentar esta práctica, incluyendo el derecho de las madres trabajadoras a contar con espacios adecuados para amamantar o extraer leche durante su jornada laboral.
A esto se suma la Ley 295 de 2022, que promueve la creación de salas de lactancia en instituciones públicas y privadas. Sin embargo, la realidad en muchas oficinas dista de lo que establecen las normas.
De acuerdo con el Ministerio de Desarrollo Social, promover la lactancia materna en el entorno laboral no solo beneficia al bebé y a la madre, sino también a las empresas y la sociedad en general. Entre sus ventajas destacan el fortalecimiento del sistema inmunológico del niño, una recuperación más rápida de la madre tras el parto y la reducción del ausentismo laboral, ya que los hijos amamantados suelen enfermarse con menor frecuencia.
Además, permitir que las madres continúen con la lactancia facilita su retorno al trabajo después de la licencia de maternidad y fortalece su compromiso con la empresa.
A pesar de estos beneficios, muchas mujeres se enfrentan a obstáculos cotidianos para poder ejercer este derecho.
Una rutina cuesta arriba
Mariana Rodríguez, de 32 años, trabaja como analista administrativa en una empresa privada en la ciudad de Panamá. Tras regresar de su licencia de maternidad, su principal preocupación no fue adaptarse nuevamente al ritmo laboral, sino encontrar un lugar donde extraerse leche.
En su oficina no existe una sala de lactancia.
“Los primeros días tuve que hacerlo en el baño, pero era incómodo y poco higiénico. Luego empecé a bajar al estacionamiento y hacerlo dentro del carro”, cuenta.
Cada tres horas, Mariana debe salir de su puesto, bajar varios pisos del edificio, caminar hasta su vehículo y regresar después de unos 20 minutos. El proceso se repite varias veces al día.
“Es agotador. Uno quiere cumplir con el trabajo y también con su bebé, pero muchas veces el ambiente laboral no está preparado para eso”, dice.
Historias como la suya se repiten en distintas empresas del país, donde la falta de espacios adecuados obliga a las madres a improvisar.
Esta situación también genera presión adicional para muchas trabajadoras que intentan mantener la lactancia exclusiva durante los primeros meses de vida de sus hijos, tal como recomiendan organismos internacionales de salud.
La Organización Mundial de la Salud sugiere que los bebés sean alimentados exclusivamente con leche materna durante los primeros seis meses de vida. Sin embargo, cuando las madres regresan al trabajo sin contar con las condiciones adecuadas, mantener esa práctica puede convertirse en un desafío diario.
La falta de espacios apropiados no solo afecta la comodidad de las trabajadoras, sino también la continuidad de la lactancia. Algunas mujeres optan por reducir la frecuencia de extracción de leche o abandonar la lactancia antes de lo previsto debido a las dificultades que enfrentan en sus lugares de trabajo.
En muchos casos, la situación pasa desapercibida dentro de las empresas, ya que pocas trabajadoras formalizan quejas o denuncias. El temor a generar incomodidad en el ambiente laboral o a ser percibidas como problemáticas puede llevar a que muchas opten por resolver la situación de manera individual.
La brecha entre la ley y la práctica
Para la diputada Walkiria Chandler, el problema no radica en la ausencia de legislación, sino en su aplicación.
“Creo que todavía existe una brecha entre la ley y la práctica. En muchos casos falta fiscalización, pero también falta conciencia sobre la importancia de apoyar a las madres trabajadoras. Garantizar estos espacios no es un favor, es un derecho”, señaló.
Chandler también considera que el Estado debe reforzar la supervisión para asegurar que las empresas cumplan con la normativa.
“Las leyes deben ir acompañadas de supervisión para que realmente se cumplan. Cuando se trata de los derechos de las madres y de la niñez, el Estado tiene la responsabilidad de que la norma no se quede solo en el papel”, afirmó.
Según la diputada, el hecho de que muchas mujeres deban recurrir a baños u otros lugares improvisados evidencia que todavía existen retos importantes en materia de condiciones laborales.
“Que muchas mujeres tengan que extraerse leche en baños o en espacios improvisados demuestra que todavía tenemos retos importantes en nuestras condiciones laborales. La maternidad debe ser acompañada con respeto, dignidad y espacios adecuados”, sostuvo.
Avances oficiales y certificaciones
Aunque la implementación aún es limitada, hay avances que vale la pena resaltar. Al menos 95 salas de lactancia materna han sido certificadas por el Ministerio de Salud (MINSA) de Panamá en empresas públicas y privadas hasta agosto de 2025. Estas salas son obligatorias para empresas con trabajadoras lactantes, según las reformas a la Ley 135 de 2020 y la Ley 498 de 2025, garantizando espacios dignos para la extracción y conservación de leche.
Detalles clave sobre las salas de lactancia en Panamá:
Obligatoriedad: Toda institución, pública o privada, con al menos una persona trabajadora en periodo de lactancia debe contar con un espacio adecuado para la extracción de leche.
Certificación MINSA: Las salas deben cumplir con normativas de privacidad y comodidad certificadas por la región de salud correspondiente.
Distribución: Se han reportado certificaciones en diversas áreas, incluyendo 11 salas en San Miguelito y 11 en la provincia de Herrera, además de sedes en instituciones como el Banco Nacional, SENACYT y el Instituto Conmemorativo Gorgas.
Considerando la gran cantidad de oficinas públicas y privadas en Panamá, todavía falta mucho para que todas las madres tengan un espacio adecuado durante su jornada laboral.
Un reto que también existe en el sector público
La situación no se limita al sector privado.
Chandler señaló que incluso instituciones del Estado aún enfrentan desafíos para cumplir con estas disposiciones. Entre ellas, la propia Asamblea Nacional.
“Es importante reconocer que muchas instituciones públicas todavía tienen retos en este tema; por ejemplo, la propia Asamblea Nacional aún no cuenta con espacios adecuados para lactancia. Esto demuestra que como país todavía tenemos trabajo por hacer”, indicó.
No obstante, recientemente se informó que la dirección administrativa de la Asamblea solicitó recursos al Ministerio de Economía y Finanzas para habilitar una sala de lactancia dentro del edificio legislativo.
La diputada adelantó que el próximo lunes será invitada a conocer el espacio que se proyecta acondicionar, así como las áreas que se destinarían para estacionamientos de mujeres embarazadas.
Aunque el paso es considerado positivo, Chandler subrayó que el objetivo debe ir más allá de una sola institución.
Un derecho que beneficia a todos
De acuerdo con informes oficiales, apoyar la lactancia materna en los lugares de trabajo tiene efectos que van más allá de la salud individual.
Los bebés amamantados presentan menor riesgo de infecciones respiratorias, alergias y problemas digestivos, mientras que las madres reducen la probabilidad de depresión posparto y enfermedades como cáncer de mama u ovario.
Para las empresas, los beneficios también son tangibles: menor ausentismo laboral, mayor satisfacción de las trabajadoras y una mejor imagen institucional al promover entornos laborales más humanos y responsables.
Aun así, la implementación de salas de lactancia sigue siendo limitada y muchas oficinas todavía no cumplen con la normativa vigente.
Un cambio pendiente
Para la diputada Chandler, apoyar la lactancia en el entorno laboral es una responsabilidad compartida entre el Estado, las empresas y la sociedad.
Aunque la legislación panameña reconoce este derecho y establece mecanismos para garantizarlo, la experiencia diaria de muchas madres evidencia que todavía existen barreras culturales, institucionales y administrativas que dificultan su cumplimiento.
“A las empresas les diría que apoyar la lactancia no solo es cumplir con la ley, también es un acto de responsabilidad social. Los espacios laborales deben avanzar hacia entornos más humanos y conscientes de las realidades de las mujeres”, expresó.
Mientras tanto, miles de madres trabajadoras continúan buscando, cada día, un lugar donde poder cumplir con una de las tareas más básicas de la maternidad: alimentar a sus hijos. En muchos casos, lejos de su escritorio. Y contra el reloj.