Literatura, exilio y resiliencia: el diálogo entre Gioconda Belli y Javier Zamora

Daniel Domínguez, Gioconda Belli y Javier Zamora en el Museo del Canal Interoceánico.
’Solito’, el reciente libro de Javier Zamora.
’Un silencio lleno de murmullos’, la reciente publicación de Gioconda Belli.
  • 22/05/2026 02:37

Los escritores Gioconda Belli y Javier Zamora reflexionaron sobre cómo la literatura puede convertirse en un refugio frente al trauma, el exilio, la migración y la violencia, durante el panel ‘La historia que vivimos, la historia que contamos’, moderado por el periodista Daniel Domínguez

¿Cómo se puede reconfigurar la memoria a través de la escritura? ¿Cómo la escritura puede sanar el alma ante el trauma vivido tras una situación adversa caracterizada ya sea por el exilio, la violencia y el desplazamiento? Esas fueron algunas de las interrogantes que intentaron responder los escritores Gioconda Belli (Nicaragua) y Javier Zamora (El Salvador) en el panel ‘La historia que vivimos, la historia que contamos’, moderado por el periodista Daniel Domínguez en el contexto del festival Centroamérica Cuenta.

Ambos autores reflejaron en el panel las experiencias que dieron fruto a sus más recientes publicaciones: ‘Un silencio lleno de murmullos’ y ‘Solito’, respectivamente. Una conversación que abordó la literatura como bálsamo ante el temor y el miedo cosechados de las experiencias pasadas así como la resiliencia que se consigue una vez superada la coyuntura que les tocó vivir en sus distintos contextos.

Dos experiencias paralelas

En el camino de un escritor, hay libros que, sin pensarlo, se convierten en una trilogía en sí misma: ‘La mujer habitada’ (1988), ‘El país bajo mi piel’ (2000) y ‘Un silencio lleno de murmullos’ (2024). Este último libro profundiza más en el sentimiento de traición y decepción que siente una guerrillera que ve como la causa por la que estuvo luchando se desvirtúa en su totalidad.

“Estos libros reúnen la fe en ese proceso de lucha en torno al heroísmo y la profunda convicción que sentíamos aquellos que formamos parte de la Revolución Sandinista. En el caso de ‘El país bajo mi piel’, salgo de la ficción y cuento los hechos desde mi propia perspectiva. Yo cuento cómo, siendo la muchacha joven que fui, decido comprometerme y en esa experiencia vi morir gente que yo conocía. Todo eso que vives te cambia y te genera una conciencia, y una capacidad de luchar y sacrificarte. La vida se ve de otra manera. En ese momento, no te importa morir pero ahora cuando te pones mayor no te quieres morir”, explicó a los presentes.

Entre las experiencias que describió Belli estaba ese instante en el que fue reclutada para luchar en las filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Cuando empezó a titubear de la idea al reclutador que la incluyó dentro de esa guerrilla que buscaba el derrocamiento del dictador Anastacio Somoza, este le dijo: ‘Si tú no luchas en este momento, tu hija lo va a tener que hacer en el futuro’. En ese momento, su instinto de madre le hizo pensar que debía seguir en esa lucha armada, ya que quería legarle un país y un futuro mejor para sus hijos.

Hoy en día, Belli siente una gran decepción al ver que la revolución de la que formó parte ha sido instrumentalizada por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo – copresidentes de Nicaragua – y que esta le haya arrebatado su casa, su patria y hasta su seguridad económica. Ese mismo régimen también censuró la entrada al país de su última novela.

La imposibilidad de volver a Nicaragua la obligó a exiliarse por segunda vez en Madrid (España). La primera vez que se marchó de Nicaragua para huir de la persecución de Somoza tenía 25 años. Hoy en día, tiene 77 años de edad.

“Contar esa desilusión y esa frustración es difícil porque requiere un nivel de honestidad absoluto ya que no puedes estar dorando la píldora acerca de ello. Hay que hablar del desgarramiento profundo, de lo que uno sueña, que un sueño que creíste ver realizado y que de repente ese mismo sueño explote como una burbuja, pero no solo eso sino que se convierta en un monstruo capaz de echarme de mi país”, manifestó Belli.

La experiencia de Javier Zamora también ha sido compleja. Su infancia ha estado marcada por la separación familiar. Cuando tenía apenas un año de edad, su padre decidió poner rumbo a los Estados Unidos ante el contexto de la guerra civil salvadoreña. Zamora decide ir por su propio pie a Estados Unidos en un camino difícil de 5,000 kilómetros en el que atravesó todo tipo de vicisitudes, siendo guiado por un coyote. Una vida que no solo estuvo marcada por la dureza de ese camino recorrido sino por la situación de pobreza e inseguridad que vivía en su país y el dolor que lo produjo la ausencia de su familia completa en su país natal.

Hoy en día, Zamora piensa que en El Salvador la honestidad, hoy en día, se concibe como un privilegio, al tiempo que puso sobre la mesa que la tarea de los escritores es que la sociedad se haga las siguiente pregunta: ¿En qué podemos soñar hoy?

Sanar las heridas

Para sanar las heridas vividas a lo largo de su vida, Zamora recurrió en primer término a la poesía. Al principio, tenía la página en blanco pero luego se fue soltando porque vio en aquellos versos la manera de desahogarse de la angustia acumulada.

“A mí no me gustaba a la poesía hasta que, cuando tenía 17 años de edad, le conté a mi papá que estaba escribiendo poemas sobre El Salvador, porque en ese entonces yo no podía regresar. Y mi mamá, me dijo, ten cuidado. (...) Desde ese punto, la poesía se convirtió como en la terapia más barata. Con la poesía yo podría retornar al país que se me había quitado. (...) No podía contener el resentimiento, el trauma”, aseguró.

Para Zamora, llenar una página en blanco significaba algo más que plasmar sus pensamientos, sino un ejercicio de intentar dejar atrás todo lo malo que le había pasado. El escritor reconoció ante el público que todavía se sigue viendo con una terapeuta para tratar las heridas del pasado y reivindicó la importancia de cuidar la salud mental así como se cuida la física. “La terapia me ayudó a ser honesto conmigo mismo y a ser honesto con mis pesadillas”, agregó.

En el caso de Gioconda Belli, el trauma y el estrés postraumático también tuvieron un lugar en su vida. Cuando vivió en los Estados Unidos en los años 1990 junto con su marido, de repente empezó a sentir ataques de pánico. Otros temores que tenía Belli, y que duraron hasta hace muy poco fue su temor a volar en avión.

Seguidamente, Belli se dirigió a su compañero de panel y le interpeló sobre la cercanía que bien se podría tener con la muerte en una experiencia extrema como lo es intentar llegar a pie hacia los Estados Unidos. Zamora le respondió que sí sentía la muerte muy cerca, especialmente cuando le apuntaron por primera vez con una pistola. Hasta ese momento, las únicas armas de fuego que ha visto en su vida fueron las de las películas.

“Estos miedos que experimentas más adelante se van acumulando hasta, cuando menos te lo esperas, te estallan, por eso también decidí ir a terapia”, remachó Zamora.

Un contexto complejo

Uno de los temas que no se dejaron pasar en el conversatorio fue la existencia de un contexto complejo a nivel político marcado por la polarización social y política, y el advenimiento de la inteligencia artificial como sustituta del pensamiento crítico.

A Belli también le preocupa lo que ve como “un mundo hostil para el cambio” y citó la derogación de las políticas ecologistas estadounidenses por parte de la administración de Donald Trump en medio del avance del cambio climático.

La escritora nicaraguense lamentó además que la sociedad se sitúe como observadora, sin tener un papel directo en los cambios sociales. “Hay que tomar conciencia de las luchas que se han tenido. (...) Nunca debemos olvidar el sentido de solidaridad entre todos porque no sabemos cuando vamos a necesitar de alguien en un futuro. La solidaridad es la ternura de los pueblos”, exhortó Belli, aduciendo que para ser escritor se necesita empatía para desarrollar lo que siente el personaje de una novela.

Belli atribuyó esa capacidad de empatía a Zamora, quien le respondió de vuelta con un elogio en el que le comunicó su admiración por su obra que, junto a muchos otros como la del salvadoreño Roque Dalton, le inspiró en ese camino que todavía emprende en el ámbito de las letras. Ambos finalizaron el panel fundiéndose en un abrazo y llorando de la emoción.

Gioconda Belli
Escritora nicaraguense
Nunca debemos olvidar el sentido de solidaridad entre todos porque no sabemos cuando vamos a necesitar de alguien en un futuro.”