Mi vida en dislexia...

  • 25/04/2026 00:00

La dislexia no define límites, plantea desafíos. A través de una historia personal marcada por la creatividad, la música y la resiliencia, este testimonio desmonta prejuicios y muestra cómo una condición de aprendizaje puede convertirse en motor de éxito

No es una condición que pedí, es algo que vino en mi maleta de ADN, y ¡no! no es una enfermedad, es de hecho una condición donde se presentan dificultades de aprendizaje, en especial, en la lectura o escritura y, frecuentemente, es asociada con trastornos de coordinación motora.

En ella, se presentan retos, no diré problemas, para formar palabras u oraciones correctamente. Por ejemplo, se invierten los sonidos de las mismas o confunden palabras que suenan parecido. Tiene momentos puntuales donde, recordar o nombrar letras, números y colores se torna complejo, se suele invertir el orden o la posición de las letras... oh si, tiene lo suyo esta condición.

Existen diferentes tipos de dislexia: fonológica, motora, espacial, superficial, visual, automática rápida y dislexia de doble déficit. Con el tiempo, pueden aparecer consecuencias particulares debido a esta condición como: problemas de aprendizaje, sociales y problemas en la adultez, sin embargo, todo, absolutamente todo, es un reto si se quiere ver como tal y no una lápida que entierre su futuro para siempre.

Ahora bien, ¿se puede vivir con ella? ¡Sí! yo particularmente tengo 47 años y aquí estoy, ha sido una loma cuesta arriba (algunas veces) pero no es un muro que me frene ni fue o, es algo que me impidió lograr los éxitos que hasta ahora he alcanzado y, aquí, amigo lector, le compartiré muchos detalles curiosos de mi vida.

Primer reto interesante: además de disléxico soy zurdo y ¡no!, no tiene nada que ver con mi posición política como, estúpidamente, ahora suele relacionarse en el mundo de la ignorancia... soy zurdo porque escribo con la mano izquierda.

Al ser zurdo y disléxico, mi vida es más visual y, como descubrió mi mamá, a la cual le debo la vida, tengo una inteligencia musical; así es que para aprenderme las tablas de multiplicar, las canté con un disco llamado “Ardillitas cantoras” y aún hoy, si hago números, mentalmente canto.

Con respecto al tema motor, se solucionó gracias a la música también pues, toco piano y guitarra (y guitarra como derecho) ello hizo que mi concentración se agudizara más para poder sacar, de oído, composiciones clásicas de Mozart, Vivaldi, Beethoven o Chopin como también de Yanni, Di Blasio, Maná, The Police, Elton John, Lennon, Beatles, etc., etc.... ese oído se pulió gracias a que mi mamá me cantaba desde la cuna, me pusiera música, gracias a tener tíos músicos de conservatorio a los cuales escuchaba en sus prácticas, a tener un papá que escucha jazz (un género interesante de hecho).

Soy diseñador gráfico, un comunicador visual y, por ello logro observar detalles que hacen de mi trabajo algo único, creativo, relevante y colorido. Todas estas habilidades hicieron que realizara una de las mejores campañas para el mes de la cinta rosada, manejara por tres años consecutivos la imagen del Panama Jazz Festival, crear una empresa de diseño como Nova Advertising y tener una cartera de clientes con la que me siento orgulloso junto a mi socia y mamá Nora Cedeño.

Segundo reto interesante: 4to año de secundaria fue el año crucial que cambió todo pues, una profesora de español me dijo “dedícate a algo que no tenga español” ¿por qué decirlo?, ¡quién sabe! Puede que no sabía o no quería lidiar con un adolescente zurdo y disléxico, lo que sí sé, es que mi letra no es la mejor y mi tendencia para no arquear la mano (acto muy de zurdos) era y sigue siendo posicionar el papel o cuaderno de tal manera, que puedo escribir hacia arriba con la letra casi acostada, ¿solución? ¡Escribir en imprenta y lento!, otro detalle, escribo con plumas fuentes, todo un tema para que no me quede el canto de la mano manchada, pues es la marca del zurdo.

Lo que esta profesora hizo, es que le llevara la contraria (dice mi querida madre que tengo un pequeño desdén hacia la autoridad). La cosa es que, además de ser un comunicador visual y publicista, escribí el primer y único libro que habla del Canal de Panamá y su historia desde, la conquista española hasta su ampliación, en un lenguaje simple, el de los niños y, como es obvio, se tituló: “El Canal para Niños”. Libro que se lanzó en la feria de libro y doné íntegramente al Museo del Canal Interoceánico.

Pero resulta que este no es mi único libro, he escrito otros dos y, uno de ellos, está muy relacionado a mi segunda pasión: la comunicación no verbal; su título es “Los Secretos del Lenguaje Corporal”. Además, llevo más de 200 artículos publicados en este medio y otros en revistas especializadas como Advertising Age de EUA o, Expresión forense de México y aquí, le doy paso a mi tercer reto...

Tercer reto interesante: Al ser zurdo, disléxico y haber venido muy chico a Panamá (de 5 años) tuve que ser, además de creativo, observador, tener una escucha activa, tomar el tiempo para alimentar mi lado curioso y ello llevó a que, desde hace diez años, adquiriera una carrera paralela como la comunicación no verbal y con ella, logré certificarme internacionalmente en: micro expresiones faciales, lenguaje corporal, detección de mentiras, análisis conductual para perfilación criminal y psicopatía, ser entrenado por ex agentes del FBI y CIA. Con ello me gano la vida entrenando a policías, abogados, peritos, docentes, haciendo perfiles, asesorando empresas y a profesionales de otros rubros en el arte de la comunicación no verbal y detección de mentiras.

¿Qué la dislexia me ha impedido tener más éxito? No sé, lo que sí sé es que tomé el mito urbano de la NASA sobre la “actitud de la abeja” que dice: como nadie le dijo a la abeja que no podía volar porque aerodinámicamente su cuerpo no está hecho para ello, ¡vuela! y, si usted tiene un hijo(a) disléxico(a) o, lo es usted amigo lector, ¡Vuele! y mejor aún, hágalo como las águilas, lo más alto que pueda.

Cierro con este pensamiento y ahora cambiaré el usted para hacerlo más directo: Ten miedo, pero hazlo de todos modos. No tienes que esperar a tener confianza. Simplemente hazlo y, con el tiempo, la confianza te seguirá pues no importa quién seas, disléxico, zurdo, derecho, hombre o mujer, no importa lo que hayas hecho, lo que te dijeron o, no importa de dónde vengas, siempre puedes cambiar y convertirte en una versión mejor de ti mismo.