Beatriz Rached: ‘Quiero transformar vidas a través del flamenco’

Beatriz Rached, fundadora y directora de la academia de danza FBR. Luis García | La Estrella de Panamá
  • 21/09/2026 17:47

Fundó Flamenco Beatriz Rached en Panamá en 2011, después de que cinco amigas se convirtieran, casi sin proponérselo, en sus primeras alumnas. Quince años después, la bailaora y maestra habla de formación, autoestima, escenarios internacionales y de un proyecto que hizo del arte un lugar de pertenencia

A los siete años, una maestra de ballet le dijo a Beatriz Rached que no tenía el físico para seguir ese camino. La frase pudo haber terminado allí, pero terminó empujándola hacia otro escenario. Llegó al flamenco siendo una niña y encontró una forma de expresión que, con los años, se mezcló con otra vocación que ya llevaba consigo: enseñar. Mucho después, en Panamá, y atravesando uno de los momentos más difíciles de su vida por la desaparición de su cuñada, una psicóloga le sugirió volver a aquello que conseguía cambiarle hasta la mirada cuando hablaba: el flamenco.

Cinco amigas aceptaron convertirse en sus primeras alumnas. No hubo un gran plan de negocios detrás. Hubo clases, teoría, disciplina y una necesidad personal que terminó encontrándose con la de muchas otras mujeres. De aquel pequeño grupo nació Flamenco Beatriz Rached, una escuela que hoy reúne a más de 200 alumnas y ha llevado sus producciones fuera de Panamá.

En MÍA: Voces Activas de La Estrella de Panamá, Rached habla de lo que ocurrió entre aquella primera clase y el proyecto que dirige hoy: una historia atravesada por la docencia, los escenarios y la convicción de que aprender a bailar también puede cambiar la forma en que una persona se mira a sí misma.

¿Quién es Beatriz Rached?, ¿qué queda de aquella niña que comenzó a bailar flamenco a los siete años?

Creo que vive todo. Todo lo que comenzó hace 7 años está intacto, pero soy mamá, soy esposa, soy hija, amiga y maestra. Creo que la pasión que nació en mí desde antes de conocer el flamenco era la educación. Siempre jugaba a que tenía alumnos imaginarios y les daba clases en el patio de mi casa de cualquier tema, sin saber que realmente mi vocación estaba en la docencia.

¿Cómo llegó al flamenco?

Cuando comencé a bailar, desde muy pequeñita, comencé en ballet. En ese momento todo era muy estricto y una maestra le dijo a mis padres que no contaba con el físico adecuado para bailar ballet. Eso ha cambiado muchísimo, pero en ese momento era así y es como llego al flamenco. Llegué a una escuela y una maestra vio en mí un potencial. Me dijo que me cambiaran a una escuela más grande porque tenía mucho talento. Así pasé a la escuela grande, donde me formé no solo como bailadora y coreógrafa, sino como ser humano. Esa escuela me enseñó mucho más que bailar: valores, trabajo en equipo y honestidad.

Entiendo que su academia FBR comenzó con cinco alumnas y hoy reúne a más de 200. ¿Cómo se construye esa comunidad?

Yo estaba pasando por una tragedia familiar muy grande. La hermana de mi esposo se perdió y actualmente sigue perdida; no tenemos información de ella. A través de ese proceso acudí a una psicóloga para que me ayudara a manejarlo. Ella me dijo: “Cada vez que tú hablas del flamenco, tus ojos cambian, tu mirada cambia, tu postura cambia”. Me propuso aceptar a un grupo de amigas que llevaba tiempo pidiéndome clases. Me dijo que lo hiciera como un ejercicio de terapia, sin cobrarles.

Eran cinco amigas. Yo me tomo las cosas muy en serio y les llevé teoría, ejercicios e historia. Ellas pensaban que era una clase para bailar y pasarla bien y, sin darnos cuenta, comenzamos algo espectacular que se fue multiplicando. No hubo una inversión para forzar un negocio. Es una comunidad, una escuela y una familia que ha ido creciendo poco a poco porque las mismas personas lo han querido.

La propietaria de la academia de baile FBR asegura que muchos de sus alumnos le agradecieron tras ver cómo el flamenco ayudó a sus vidas.
¿Cuándo se dio cuenta que el flamenco también podía transformar la vida de quienes llegaban a FBR?

Las personas se acercan con lágrimas en los ojos o con una sonrisa de agradecimiento y me dicen: “Gracias, estaba pasando por un problema horrible que ni yo sabía”. Divorcios, separaciones, duelos, diagnósticos clínicos. El primer testimonio y el más fuerte era el mío. Saber que yo venía cargada con un problema y entraba al salón y, con tan solo hablar y escuchar a otras personas, ya comenzaba a sentir un estado de ánimo diferente. Cuando bailamos, se generan endorfinas y otras sustancias asociadas al bienestar. Está la música, el efecto del baile y después la comunidad. Eso es lo que pasa cuando llegas aquí: puedes llegar sintiéndote diferente y te vas sintiéndote diferente, pero para bien.

FBR también ha crecido en formación y profesionalismo. ¿Qué representa para usted ese proceso?

Estoy abierta a seguir aprendiendo y a seguir creciendo porque es parte del flamenco. El flamenco es infinito. Ahora formamos parte del Centro Internacional de Danza de la UNESCO en Francia y somos miembros del CIT-UNESCO. También formamos parte de la Escuela de Flamenco de Andalucía en España y nuestros pensums están avalados por ellos. Eso nos ha permitido afinar y perfeccionar nuestro currículo de estudio. Tenemos clases desde los 3 años y distintos niveles para adultos. También contamos con programas de tablao, solistas y técnica.

Han llevado a sus alumnas a escenarios internacionales. ¿Qué significa para usted verlas representar a Panamá fuera del país?

Tenemos 22 producciones internacionales y no hay una producción que no me haga llorar. Es una satisfacción y un orgullo gigante, primero porque somos personas de diferentes nacionalidades, pero todas representando una sola bandera, que es Panamá. En 2013 hicimos la primera audición para bailar en Disney, en Orlando. Éramos la audición 1556. Creíamos que no nos iban a escoger y nos escogieron. Desde entonces hemos llevado alumnos a bailar en Disney Orlando, Broadway Nueva York, España, Francia, Italia, México y República Dominicana. Ahora en octubre nos vamos a bailar a Disneyland París por segunda vez.

¿Qué significa que ahora también estén llevando talento de otros países?

Escuelas que nos siguen o que nos han conocido, en competencias o por redes sociales, nos han contactado para que las ayudemos a hacer ese sueño que llevamos más de diez años logrando con nuestras alumnas.

Este año nos llevamos una delegación de Colombia, Costa Rica, Venezuela, Honduras y Panamá. Nuestros brazos se multiplicaron y estamos comenzando a llevar talento de otros países.

¿Qué le ha enseñado el flamenco sobre la vida?

Me ha enseñado, primero, que nada es imposible y que, incluso en los malos momentos o ante los retos inesperados de la vida, la buena compañía, rodearse de las personas adecuadas y estar en un entorno que nos haga bien puede marcar una enorme diferencia. También me ha enseñado que los sueños se hacen realidad y que nada es para siempre. Todo va cambiando y podemos lograr todo lo que nos propongamos. Soy comunicadora social, tengo una maestría en Mercadeo y Publicidad, trabajé dos años en radio y televisión. Me vine a estudiar una maestría en Panamá y, sin querer, hice de mi ‘hobby’: mi negocio.

Muchas veces creemos que nuestros hijos van a fútbol, ballet, jazz, pintura o flamenco para distraerse un rato y realmente les estamos dando una carrera. El aprendizaje que te da el arte y el desempeño en un escenario hacen que trabajes el miedo escénico y puedas expresarte ante un público. Cualquier carrera se nutre de este tipo de formación. Lo más impresionante son los cambios que vemos de adentro para afuera: personas más felices, tranquilas y seguras de sí mismas.

Leí que FBR cumple 15 años. ¿Qué sueña para lo que viene?

Siento que apenas esto comienza. Hemos ido haciendo esta labor como hormiguitas en Panamá. Cuando llegué hace 18 años no era tan conocido este arte y ahora se conoce mucho más. Quiero que FBR sea y siga siendo un lugar seguro, no para 200 alumnas, sino para muchas más. Que sea un lugar que transforme vidas, un espacio de alegría, amor y comunidad.

Sueño y deseo poder llevar mi conocimiento y mi producción no solo a Panamá, sino a muchos países del mundo y ayudar a muchas más personas a cumplir sus sueños y desarrollarse como artistas. Si tengo que resumirlo: sueño en transformar vidas, en ayudar, en educar y en formar a través del arte y de este don que me dio Dios. Siento que enseño bien. Quiero transformar y hacer de mi don una herramienta para hacer personas más felices.