Karina Nicholson: ‘Dedicarte a algo que amas te hace más feliz’
- 26/10/2026 11:00
Tras varios años dedicada a la arquitectura, Karina Nicholson decidió recuperar su pasión por la pintura. En esta entrevista, habla de su reinvención profesional y de la libertad de crear sin miedo a equivocarse
Al momento de recibir al equipo periodístico de La Estrella de Panamá en su residencia, la artista visual Karina Nicholson se encontraba trabajando en su taller con la música de Vivaldi de fondo. La artista, que transitó de la arquitectura a la pintura, encontró en el arte un espacio de libertad y expresión personal.
Hoy desarrolla una voz propia dentro de la figuración contemporánea, en la que la tradición pictórica clásica dialoga con el humor, la ternura y la nostalgia con obras que apelan a la fibra íntima de los espectadores al aludir a uno de los momentos más especiales de la vida: la infancia.
A lo largo de su trayectoria ha participado en exposiciones individuales y colectivas en Panamá, México y Estados Unidos. Entre sus reconocimientos destacan la Segunda Mención de Honor en el Concurso Nacional de Artes Visuales Roberto Lewis, del Ministerio de Cultura, en 2021, y su selección como finalista en el Concurso de Artes Visuales del Banco Nacional, en 2024.
En esta entrevista, Nicholson recorre su camino de regreso a una pasión que la acompañó desde siempre y, reflexiona sobre los retos de las mujeres artistas hoy en día para conciliar la disciplina que requiere la carrera artística con las responsabilidades que traen consigo la familia y la maternidad.
Pienso que es algo que siempre estuvo presente, desde mi infancia, porque me recuerdo a mí misma dibujando constantemente en los cuadernos. Sabes que los niños suelen tener esa chispa. A muchos les gusta dibujar, y yo mantuve ese interés siempre.
Recuerdo que, en las clases de la escuela, en lugar de copiar los apuntes, me ponía a dibujar.
Sin embargo, sabes que existe cierto prejuicio en torno a la carrera de Bellas Artes. Muchas personas piensan que no es una carrera seria o que la pintura no te va a dar de comer. Por eso, me fui por el camino de la arquitectura, que es una carrera muy bonita. No obstante, durante ese tiempo de estudios, mi relación con el arte nunca se perdió.
Entonces, me dije que, cuando saliera de la universidad, quería estudiar Bellas Artes como una segunda carrera, algo que finalmente no hice. Pasó el tiempo y dejé esa inquietud dormida durante un período, hasta hace aproximadamente ocho años, cuando tomé la decisión de buscar una actividad que me ayudara a relajarme.
Mi carrera en arquitectura era muy exigente. Además, como mujer, cuesta mucho cumplir con todos los roles y las responsabilidades. Sentía que necesitaba escapar del estrés del trabajo y decidí tomar clases individuales con el maestro Iván Delgado. Eso fue alrededor de 2017.
A partir de ahí, empecé con esas clases y, la verdad, fue como un renacimiento de mí misma. Era tan agradable que sentía que el mundo se detenía durante cada sesión. Quería que siempre llegara el día de la clase y me gustaba tantísimo que me propuse trabajar también en casa.
Yo iba los miércoles y pintaba durante dos, tres o cuatro horas con él. Los demás días de la semana tenía un proyecto en casa. Cuando llegaba del trabajo, me ponía a pintar y a pintar, hasta las diez de la noche, todos los días. Como ya tenía a mi familia y a mis hijos, esperaba a que se fueran a dormir, alrededor de las siete y media, y entonces me sentaba a pintar.
Aquello se convirtió en una disciplina. Era casi una obsesión: quería pintar constantemente.
Hasta que un día conocí a Reiner Rodríguez, de Menú Creativo, quien me dio la oportunidad de entrar en su espacio artístico. Ahí se abrió ante mí todo un mundo del arte, como una puerta que me hizo pensar: ‘¿Cómo es posible que tenga esto en mis manos y no supiera que podía desarrollarlo?’.
Gracias a Dios, he ido mejorando. Seguí tomando clases de anatomía con otra maestra, Alessandra Rosas, y después viajé a México para estudiar historia del color. Desde entonces he ido consiguiendo pequeñas victorias personales, porque siento que he crecido.
Lo bonito de todo esto es que siento que estoy buscando un lenguaje propio, algo que me ayude a identificarme. Y ahí voy. Llevo aproximadamente cuatro años dedicada exclusivamente a pintar, y aquí estoy.
He hecho una pausa en mi carrera de arquitectura. No quiero decir que vaya a dejarla del todo, pero, por ahora, me siento conforme con lo que estoy logrando en el arte y quiero seguir creciendo en ese camino.
Ha sido un descubrimiento darme cuenta de que podía pintar como pinto. Me inspiro muchísimo en la historia del arte y en los valores estéticos tradicionales. Para mí, la estética tradicional, la figura clásica y el arte clásico me llenan el corazón y el alma.
Te cuento que este año, en febrero, estuve en Houston, Texas, Estados Unidos, y visité el Museo de Bellas Artes de Houston. Lloraba cuando llegué y vi en persona todo aquello que siempre había contemplado por internet. Ver las obras originales fue una experiencia muy emocionante.
Hay un pintor que se llama William-Adolphe Bouguereau. Fue el artista que me hizo querer pintar. Su obra es hermosísima. Cuando vi una de sus pinturas originales, lloré. La gente me preguntaba qué me pasaba, si estaba loca.
La estética tradicional es mi principal fuente de inspiración. No te voy a decir qué representa el cien por ciento de mi trabajo, porque siempre busco darle una vuelta a las cosas. También estoy buscando temas propios para sentir que estoy haciendo algo diferente.
Por ejemplo, siempre termino haciendo cosas que tienen un toque infantil. La verdad, no sé por qué, pero es lo que me hace feliz. Entonces, me digo que tengo que dejarlo salir porque lo disfruto. Siento que, si disfruto lo que pinto, eso se nota en el cuadro.
Mi obra es un deleite. Me inspira observar el arte; me gusta Goya, me gusta Velázquez y hay muchos otros artistas que me sirven de referencia.
Hace unos pocos días estuve con Brooke Alfaro, que para mí es uno de los referentes del arte panameño. De verdad, quería abrazarlo. Pasé unas cuatro horas con él en su estudio y fue una experiencia maravillosa. Me estaba inspirando y me hablaba sobre el arte. Fue algo muy especial, y esa satisfacción que encuentro al relacionarme con este medio es lo que me hace feliz.
Me inspira muchísimo el arte tradicional, pero no descarto incorporar elementos contemporáneos, porque siento que hacen que la obra sea más divertida.
Creo que sí, que tiene que ver con la infancia.
Por ejemplo, ya descubrí quién es el conejo. A mí me molestaban y me decían: ‘Karina, el conejo es tu esposo’. Yo respondía que no, que el conejo no era mi esposo.
Para mí, el conejo representa el tiempo. Lo relaciono con ‘Alicia en el país de las maravillas’, donde aparece ese conejito que siempre va apurado. Ya descubrí que representa el tiempo, y por eso lo incorporo en casi todo. Es un personaje que siempre me acompaña, el dichoso conejo.
Antes también pintaba osos y otros personajes. He ido evolucionando. Por ejemplo, en esta obra tengo unas palomas. Me gusta jugar mucho con el humor y la sátira.
Me inspira mucho la película ‘Shrek’. Me río constantemente con mi hija cuando la vemos. Siento que la vida se trata también de eso, porque uno tiene tantos problemas y la vida presenta tantas cosas difíciles.
A través de mi obra siento que puedo escapar un poco de la realidad y de los problemas. Eso es lo que me gusta transmitir: humor, nostalgia y la posibilidad de que la gente se identifique con lo que ve.
Recuerdo que, cuando tuve la exposición en el Banco Nacional, me hacía mucha gracia ver las sonrisas de la gente. Se reían muchísimo al contemplar los cuadros. Eso me demuestra que las personas disfrutan de mi trabajo.
Como te digo, si yo disfruto mientras pinto, siento que los demás también pueden disfrutarlo.
Me ofrece muchísimas posibilidades. Es todo un mundo. Mi cabeza no para; es impresionante. A veces me despierto de madrugada pensando en un cuadro que podría hacer, incluso a las cinco de la mañana. Entonces, lo que hago es tener un cuadernito donde dibujo y escribo todas las ideas que se me ocurren. Voy anotando cómo podría ser cada cuadro.
Hace poco hice una obra de temática social para el Banco Nacional. Nunca había hecho una obra de ese tipo. No puedo mostrarla todavía en redes sociales hasta que se anuncien los resultados, pero la disfruté mucho.
¿Sabes cómo surgió? Inspirándome en lo cotidiano, como dices tú. Me inspiró mucho David Hockney, un pintor que falleció hace poco. Sus obras representaban escenas muy cotidianas, y eso me hizo pensar en la sencillez.
Siento que los artistas tenemos la capacidad de ver un poquito más allá. Por ejemplo, hace poco me creció una planta cerca de la cocina. Era como una hiedra, preciosa, que lo llenó todo y a la que venían las abejitas. Yo me pasaba la mañana observándola. Mi hijo me decía que se veía fea, pero yo encontraba belleza en ella.
Creo que la inspiración viene de lo cotidiano, de observar y salir todos los días. Aristides Ureña, a quien conozco bastante, también me decía que me inspirara en mi vida diaria. A veces nos rompemos la cabeza pensando qué vamos a pintar, cuando las ideas pueden estar delante de nosotros.
En otra ocasión, hablando con Ureña, me dijo que me inspirara en mi vida cotidiana.
En cuanto al humor, siento que ya existen demasiadas cosas serias. A mí me gusta que la gente se divierta con mi trabajo, y por eso intento incorporar el humor de distintas maneras.
Creo que la arquitectura sigue presente en mi forma de ser, especialmente en lo estructurada que soy. Me cuesta dejar de ser perfeccionista.
En arquitectura, los planos tienen que estar perfectamente medidos y todo debe estar bien. A veces esa exigencia se traslada a la pintura. Si hago una línea mal, enseguida pienso: ‘Esa línea está mal, tengo que arreglarla’. Pero después recuerdo que en el arte sí puedo permitirme ciertas libertades.
También he descubierto que puedo equivocarme y que los errores hacen que las obras sean únicas.
Cuando me relajo y me dejo llevar, siento que puedo explorar otras posibilidades. Por ejemplo, en esta pieza que tengo aquí, creo que permitirme fluir y relajarme ha sido fundamental.
La pintura me da ese margen de libertad. Me permite equivocarme sin sentir que todo tiene que ser perfecto. Es, simplemente, ser libre: poder cometer errores y entender que eso también forma parte del proceso creativo.
Creo que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos.
Si quieres hacer algo, tienes que tomar acción. Siempre vas a estar cansada y siempre vas a tener poco tiempo, pero habrá algún momento en el que puedas dedicarte a aquello que quieres hacer.
Lo importante es actuar y tener disciplina. Si eres constante, te formas y sigues perfeccionando lo que haces, avanzarás, aunque sea un poquito cada día.
Dedicarte a algo que amas te hace más feliz. Es como si esa felicidad se reflejara también en tu entorno. Si tú eres feliz como mujer y como madre, las personas que te rodean también pueden beneficiarse de ello.
Eso es lo que he descubierto: al nutrirme y sentirme feliz con lo que hago, esa felicidad se refleja en mi familia. Soy una mujer feliz, y creo que otras mujeres también pueden encontrar esa satisfacción.