Miradas que matan

  • 12/09/2026 00:00

La mirada es selectiva. El que mira decide fijarse en algo concreto y, por consiguiente, excluye su atención al resto del campo visual. Ésa es la razón por la cual la mirada, que constituye la esencia de la vida es, en primera instancia, un rechazo y un arma que puede “matar” el entorno

Gustavo Adolfo Bécquer decía, “Si el alma puede hablar por los ojos, también puede besar con la mirada”. Pregunto, ¿es capaz de cambiar el mundo sólo con una mirada? Las geishas tenían esa habilidad.

El contacto visual es especial y poderoso, sin embargo, las nuevas tecnologías han venido a poner casi en extinción estas cualidades y acciones. Ya casi nadie observa o pone atención a las palabras y al rostro.

¿Sabe por qué ahora la mayoría de los seres humanos no son capaces de mantener un contacto visual? porque prefieren aislarse en su mundo digital y como decía Steve Jobs, “se sienten más cómodos viendo el reflejo de su lado oscuro mostrado en una pantalla” y en muchos casos, porque ven reflejados sus más profundas imperfecciones en otro. Es claro que, para ver la verdad, basta con cambiar la dirección de la mirada.

¿Qué hace que el contacto visual sea especial? Esta no es solo una cuestión filosófica. Es científica y es el título de un artículo recién publicado por un equipo de médicos japoneses que revela por primera vez lo que sucede en el cerebro en tiempo real cuando dos personas se miran entre sí. Curiosamente, este estudio también proporcionó más evidencia de nuestros poderes neuronales ocultos.

La mirada es selectiva. El que mira decide fijarse en algo concreto y, por consiguiente, excluye su atención al resto del campo visual. Ésa es la razón por la cual la mirada, que constituye la esencia de la vida es, en primera instancia, un rechazo y un arma que puede “matar” el entorno.

Si la mirada ya de por sí es selectiva, imagine cuando ni siquiera observamos nuestro entorno por estar metidos en un celular o cualquier tipo de dispositivo electrónico.

Con este acto, le decimos “¡púdrete!” a las emociones, al poder de las palabras, a lo sutil de un gesto, a la profundidad de una emoción y lo más triste, al núcleo familiar.

Observe en los food courts como cada miembro de una familia está aislado en su mundo digital, cómo las parejas en sus “citas” ni se prestan atención y como los amigos prefieren un “emoji” antes que mostrar sus sentimientos en persona.
Trabajos anteriores ya han demostrado que el contacto visual activa el cerebro social, las regiones neuronales que organizan nuestras respuestas a otras personas. Es una, sino la principal, forma en que compartimos la intención y la emoción.
Mantener el contacto visual involucra al cerebelo, lo que ayuda a predecir las consecuencias sensoriales de las acciones, activa el sistema del espejo límbico, un conjunto de áreas del cerebro que están activas tanto cuando movemos cualquier parte del cuerpo (incluidos los ojos) como cuando observamos a alguien más haciendo lo mismo. El sistema límbico, en general, subyace nuestra capacidad para reconocer y compartir emociones. En otras palabras, es fundamental para nuestra capacidad empática.

“Qué pequeña es la luz de los faros que sueñan...” dicho más claro, que pequeño es el mundo de aquel que no observa.

El secreto de la comunicación asertiva y efectiva está en dos acciones sencillas observar y escuchar, que triste es cuando ni siquiera un comunicador social, que estudió y que debería tener clarísimo esto, opta por no poner atención a su entrevistado por estar metido en un celular, una acción que ves a diario en los medios.

¿Sabía usted que el 85% de los despidos en una empresa se dan por diferencias personales y por una mala comunicación? Comunicación que dejó de ser efectiva cuando dejamos de observar, escuchar, analizar y saber responder.

Si en el país de los ciegos el tuerto es rey, imagine subir su mirada hacia el otro para prestar atención... para observar, ¡se ganó la lotería y conquistó al mundo!

Observar es un arte perdido y, ni que le diga del arte de escuchar... ¿usted sabe amigo lector que, el mayor acto de agresividad hacia otra persona es ignorarlo? Hoy, las ciencias del comportamiento y de la comunicación asertiva han dejado más que claro que “se escucha con los ojos”. ¡Sí! así como lo leyó. Queremos estar en todo y le pongo un ejemplo: mientras hablamos, estamos viendo el celular y bajamos la mirada dejando de observar a la otra persona y dejando de escuchar lo que dice pues, nuestro cerebro, se enfocó en la pantalla.

Ya está probado científicamente que no podemos realizar dos actividades al mismo tiempo con éxito porque, en una de ellas, perderemos detalles claves de la comunicación o acción.

Usar esta herramienta de la observación no cuesta nada, es un app que vino de fábrica (desde nuestra concepción) y, aunque necesita upgrades de vez en cuando, no tiene límites ni depende de una “nube” para almacenar toda la información que recibe, así que no pierda el tiempo con una aplicación que ni siquiera le llega a los talones al arte de observar.

Le recuerdo amigo lector que la vida es corta y el oficio de observar es difícil y cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse. A menos que usted ya conozca el secreto de la vida eterna, le garantizo que no tendrá tiempo para recuperar los momentos perdidos con sus seres queridos.

El tiempo no espera a los apps, rara vez da segundas oportunidades y, tristemente, a veces en los lechos de muertes solemos escuchamos los “si hubiera”... ¡recuérdelo!