‘Panamá se define como estado laico, pero no lo somos’

Nandín Solís:
Entrevista a Nandín Solis activista Wigudun Galu. DAYANA NAVARRO | La Estrella de Panamá
  • 27/06/2026 00:00

La activista wigudun guna, Nandín Solís, ha trabajado por décadas por la salud y la educación. Defiende las identidades ancestrales, apuesta al diálogo y exige respeto

En el mes del orgullo LGBTIQ+, la activista trans guna, líder del colectivo Wigudun Galu y abanderada de la marcha 2026, Nandín Solís, habló con La Estrella de Panamá sobre identidades ancestrales, acceso a la salud y como combatir la discriminación en un país que hasta 2008 penalizaba la sodomía.

Panamá no reconoce el matrimonio entre parejas del mismo sexo, tampoco el derecho a la identidad de género. En un país conservador como este, ¿cuáles son los derechos fundamentales por los que están luchando?

Realmente ha sido todo un proceso de lucha. Conseguimos por lo menos la derogación de que nos tipificaran como personas no aptas dentro de la sociedad. Ya no estamos tipificados como sodomitas, como enfermos.

Todo esto lo hemos hecho con gran esfuerzo. Lo ha logrado la sociedad civil panameña. Pero hoy estamos viviendo un retroceso de todo lo que hemos logrado. Primero porque se nos fue el Fondo Mundial. Si nosotros solicitábamos fondos al Estado, el Estado no nos lo daba. Lo que nos daba eran condones, vayan repartan condones para carnavales y eso.

Ha sido todo un proceso de lucha constante. Somos uno de los países que tiene una sociedad civil bien organizada. Si bien el Estado panameño no quiere reconocer nuestros derechos, nosotros nos mantenemos de pie y nos mantenemos en marcha.

El año pasado, Panamá se sometió al Examen Periódico Universal (EPU) de Naciones Unidas. Como alguien que participó en el proceso, ¿qué mensaje enviaron a la comunidad internacional?

El gran reto fue visibilizar las realidades. Nosotros, nuestra cultura nos permite manejarnos desde otra perspectiva. Es importante que se nos respete.

En el Examen Periódico Universal le dijimos al mundo que Panamá no tiene esta pertinencia cultural, que todo el sistema de salud tiene ese concepto occidentalizado de atención, que no tiene pertinencia cultural porque no se nos respeta. Es muy diferente que me atienda un médico occidental a un médico guna, porque un médico guna si me entiende, sí sabe mi realidad, pero un occidental me aparta, me discrimina.

El discurso conservador los acusa de “atentar contra la familia” y querer imponer su estilo de vida, ¿cómo respondería?

Es la percepción que tiene la sociedad panameña al movimiento LGBT. Ah, ellos son unos políticos, ellos están buscando poder, quieren dominar el país. Pero queremos cosas sencillas, queremos simplemente que nos respeten, que nos traten de pares. ¿Por qué? Porque yo tengo derecho también a trabajar y también mi deber es aportar al Estado panameño. Tengo derecho a educarme, eso es lo más básico.

Yo tuve la oportunidad, pero mis compañeras ahora no pueden estudiar porque no tienen la capacidad monetaria o porque son discriminadas en la escuela.

Estando en la escuela a mí se me señalaba porque yo siempre he sido muy afeminado. Yo era producto de burla inclusive hasta por un profesor.

Citaron a mi mamá en una vuelta y le dicen señora, usted tiene un hijo homosexual, tiene que... no sé qué tiene que hacer. Como era un colegio católico, había que rezar, prácticamente me tenían que exorcizar.

¿Cómo fue tu viaje personal para encontrar tu identidad? ¿Qué es wigudun?

Yo me identificaba como una persona gay panameña. Me empoderé gracias al movimiento LGBT Panamá hace más de 25 años. Y gracias a este empoderamiento me encontré con mis raíces. En esa búsqueda de mi identidad, me encontré con una comunidad guna aquí dentro de la capital. Y en esa comunidad convivían las wigudun. En ese tiempo se conocían como las omeguid. Omeguid literalmente significa en guna “como mujer”, es prácticamente el equivalente a ser gay, a lo que se decía despectivamente como “cueco”.

Gracias al empoderamiento que obtuve de parte del movimiento LGBTQ occidental, yo me profesionalicé y hoy soy una licenciada en Educación para la Salud. Gracias a este título, el Congreso General Guna me brindó la oportunidad de dar el servicio a la comarca Guna Yala. Fui enviada a la comarca como directora ejecutiva del Instituto de Investigación y Desarrollo Guna Yala. En ese descubrimiento descubrí precisamente a mis pares, las wigudun.

En la presentación ante el Congreso General Cuna, yo me levanté y dije: Mi nombre es Fernando Solís, Soy omeguid guna. Eso causó un escándalo horrible. Se levantó una ancianita y me dijo “No digas que eres omeguid. Omeguid es una expresión despectiva, lo utilizamos para insultar. Tú eres una persona wigudun”. Y se puso a narrar la cosmovisión guna, que decía que venían tres hermanos a civilizar a los gunas. Wigudun era un alma de dos espíritus, un alma que transitaba entre los dos géneros.

En el 2013 decidí convocar a mis compañeras y organizar la primera organización con base legal. Hoy ya tenemos nuestra personería jurídica, somos Asociación Wigudun Galu. Y entre nuestra misión precisamente está empoderar nuestra comunidad.

¿Qué espacio tienen los wigudun dentro de la sociedad guna?

La cultura guna se define como un matriarcado. Cuando una persona se da cuenta de que tiene una persona que va a ser wigudun, la mamá automáticamente la protege. Entonces el niño va creciendo con esa identidad femenina, se va construyendo internamente como mujer, aunque visual no seamos tan femeninas, pero en el interior nos definimos como mujeres. Por eso es que nosotros prácticamente vivimos en esa clandestinidad, por decirlo así, y al mismo tiempo es tan natural la convivencia.

Eso fue hace 25 años, cuando yo descubrí esta realidad. Hoy, tengo que reconocerlo, ya no es así. Las culturas indígenas están siendo occidentalizadas por todos los prejuicios del mundo occidental. Se está occidentalizando y ya se percibe en la cultura guna y en otras culturas indígenas la discriminación, que inició desde la colonización.

Yo defiendo un concepto, se llama diversidades ancestrales de género. Hoy las wigudun están a la par de las jisras de la India y de las muxhes de México. Las wigudun se reconocen como una identidad ancestral, tenemos evidencia cultural y científica de que las diversidades de género siempre han existido.

Estoy tratando de lidiar con la occidentalización, porque ya los líderes gunas, tienen otra mentalidad, ya han absorbido esta mentalidad occidental de discriminación, inclusive de machismo. Ya no somos vistas como antes. Si yo fuera trans y me voy para Guna Yala, no me dejan llegar, no me permiten, me mandan a cortar el cabello, no me permiten maquillarme. Este es el gran reto que estamos viviendo ahora.

¿Qué cambios concretos se necesitan en Panamá?

Panamá se define como un Estado laico, pero en la práctica no los somos. De ahí tenemos que partir. Tenemos que apartar realmente nuestras ideas, ideologías, ideologías religiosas, apartarlas de todo nuestro diálogo natural, social y político.

Yo respeto las creencias religiosas. Mi mamá es una santa apostólica, pero yo la respeto y yo soy la adoración de ella, porque ella está consciente de que en lo divino está la convivencia humana. Así como nosotros podemos dialogar con todo el respeto, hay que apartar realmente la ideología de pensamiento y hablar con objetividad.

¿Cómo crees que se pueden lograr cambios reales en las políticas públicas para que se reconozcan los derechos de las personas LGBTIQ+?

Yo creo mucho en el diálogo. Nosotros hemos estado tocando puertas, hemos estado molestando, hemos estado yendo a la Asamblea Nacional, pero usted sabe que muchos de nuestros dirigentes tienen esa mentalidad todavía discriminatoria, nos cierran las puertas, no nos escuchan.

Hay una ley de no discriminación que se está planteando ante la Asamblea, pero la Asamblea como siempre, todo lo engaveta. Pero bueno, ahí estamos nosotros también esperando, ya tenemos años de estar en espera de eso.

Yo creo mucho en el diálogo, que nos permitan dialogar, que nos permitan plantear nuestras necesidades, nuestras realidades, que también somos ciudadanos panameños con derechos y deberes. Nuestro derecho es vivir en paz aquí en Panamá y nuestro deber es aportar y lo estamos haciendo, aportamos a la sociedad panameña en todos los aspectos.

En 2023, una mujer trans conocida como Estrella fue brutalmente agredida en las calles de Panamá. Los crímenes de odio no están tipificados en el Código Penal panameño, se desconoce cuántos casos similares se han dado o se siguen dando ¿qué tan importante crees que es dar nombre y contar estas historias?

Es importante contarlo porque es importante visibilizar las realidades y no solamente la discriminación hacia las personas diversas, sino también la discriminación hacia las personas indígenas. Se habla mucho de que los indígenas son respetados en el mundo. Sí, hay principios, hay leyes, hay convenios mundiales de defensa de los indígenas, pero aún así nosotros somos objeto de discriminación, más aún siendo diversos.

Se van acentuando más ideas y discriminaciones. Y nosotros vivimos en una sociedad que realmente no mide esas consecuencias, no mide las consecuencias de que está siendo muy injusta con todas esas poblaciones.

Con la Policía Nacional en su momento ha sido muy difícil. Ha sido una confrontación única. Ellos tienen ese principio de que simplemente hay hombres y mujeres. Pero realmente hay que manejarlo desde una perspectiva no solamente cultural, hay que manejarlo desde una perspectiva real. El mundo cambia, vivimos en una modernidad y nosotros los panameños no nos podemos quedar atrás.

Eres abanderada de la marcha LGBTIQ+ de este año. ¿Qué rol consideras que cumple el colectivo organizado?

Yo creo mucho en el colectivo LGBTIQ+ de Panamá. Y el colectivo ha sido quien me ha empoderado todo este año, y ahora me da la oportunidad de ser la abanderada.

Ellos están anuentes a que hay que visibilizar una cultura que sabe respetar. Las culturas indígenas han demostrado a nivel mundial que son culturas de respeto y que creen en la colectividad y creen en la conexión con la naturaleza. Somos evidencia de que el ser humano forma parte natural de la convivencia de la colectividad y todo es bienvenido.

¿Qué le dirías a jóvenes wigudun y a la comunidad LGBTIQ+ de Panamá?

El gran reto que tenemos, no solamente como organización, sino como movimiento, es decirle a nuestras comunidades, a todas las diversidades ancestrales de género y todas las diversidades de género en la sociedad panameña, que el empoderamiento es el arma para enfrentarnos a situaciones de discriminación.

Yo no me siento discriminada en la ciudad de Panamá. Siempre camino con seguridad. ¿Cómo lo hago? Porque yo me he empoderado, porque tengo los conocimientos básicos de saber enfrentar a una discriminación, de saber confrontar a una persona, pero sin esas armas, yo no puedo entonces confrontar la discriminación. Hay que empoderar a nuestros padres, a las nuevas generaciones.

Nandín Solís
Activista de Wigudun Galu
Somos ciudadanos panameños con derechos y deberes. Nuestro derecho es vivir en paz aquí en Panamá y nuestro deber es aportar al país y lo estamos haciendo,”