Paraíso Tropical: volver para entender
- 21/06/2026 00:00
El documental Paraíso Tropical revisita el atentado ocurrido en Panamá en 1994 y examina las interrogantes que aún permanecen sin respuesta
El 19 de julio de 1994, a las 4:30 p.m., la Dirección de Aeronáutica Civil de Panamá confirmó que la aeronave HP-1202AC, modelo Embraer EMB-110 Bandeirante, de la compañía Alas Chiricanas, explotó en el aire a solo 6 millas del aeropuerto Enrique Jiménez de la ciudad de Colón.
En el siniestro murieron 21 personas, entre ellas, el tío de Abner Benaim. El cineasta no había vuelto al lugar donde murió su familiar. Regresó para buscar explicaciones mientras rodaba Paraíso Tropical.
Este documental se proyectó en enero de 2026 en el Miami Jewish Film Festival; en febrero en el Santa Barbara International Film Festival; en abril en el Festival Internacional de Cine de Panamá (ganó Premio del Público). Más tarde estuvo cuatro semanas en las salas comerciales del país y, en mayo, en Colón y Panamá como parte del contenido de Centroamérica Cuenta.
¿Con Paraíso Tropical saldaste una deuda pendiente con tu tío Saúl?
Parte del proceso ha sido hacer la película, mostrarla y ver la reacción del público. La investigación del caso no ha acabado y está muy activa de casualidad ahora. Pasa mucho en cualquier creación artística que uno tiene la idea: ‘¿cuándo la termino?’ y olvida que el día que la terminas y la gente reacciona a ella es cuando empieza realmente la vida de la obra. Con esta película la siento más concreta que con las otras.
¿Por qué?
Cuando empecé a hacer esta película no lo tenía tan claro. Era un proceso más abstracto. Ahora sí tiene una definición muy clara: gente que me escribe después de verla y me cuenta sus propias emociones.
¿En qué momento del proceso sentiste que era interesante incluir las sesiones con tu terapeuta y cómo recibió ella la idea?
De hecho, en algún corte tuve una versión donde teníamos esa conversación. Ella es especialista en terapias de drama y le gustó la idea. Me dijo: ‘bueno, sí, aunque la voy a revisar antes para que no haya algo que pueda dañar la relación de paciente-terapeuta’. Cuando la vio me dijo que le parecía muy bien, y le dije que ella podía usar la película como un ejemplo de terapia. Cuando le mencioné mis pesadillas y le dije que estaba pensando en grabarlas, me dijo: ‘grábalas’. Ahora que me preguntas, nunca lo había pensado, pero mi mamá era psicóloga, y yo le decía, en broma, que me encantaría meterme a escuchar sus conversaciones con los pacientes porque es el mismo material que usa el cine y la literatura: la condición humana. Y mamá siempre me decía: ‘estás loco’. Siempre he tenido esa curiosidad de usar la terapia dentro del cine, y siempre me ha encantado cuando lo hace Woody Allen en sus películas. Lo único que sabía de este documental cuando lo empecé es que tenía que ser personal. ¿Qué más íntimo que la terapia? No me siento expuesto, quizás porque ya tengo tan normalizada la terapia. Ha sido la parte que más conecta con la gente.
¿Las sesiones se hicieron por Zoom?
Hacer la terapia por Zoom me permitió no usar un camarógrafo o un sonidista porque dejaría de ser una terapia, se mantiene la intimidad y podía hablar libremente. Sabía que sería mi decisión qué parte usar o no.
¿Cómo fue asomarte a tus pesadillas y compartirlas al filmarlas?
En términos de cine fue divertido y entretenido. Fue la única parte creativa de la producción. Me daba como un respiro de imaginar. Porque el resto era una investigación seria, difícil, pesada.
Te acercas a los familiares de las víctimas. Conversar contigo y hablar para la cámara, ¿crees que permitió llenar un poquito el vacío que sienten?
Sí, me di cuenta cuando hablábamos que había una nota como de agradecimiento de parte de ellos. Para la mayoría era difícil hablar del tema, pero estaban muy dispuestos a hacerlo. Una de las sorpresas que tuve es que todos querían saber más, que era como un bálsamo la información que obtenían. Pensé que me iban a decir: ‘yo no quiero saber más nada’. Cuando les mostré la película recibí muchos mensajes diciéndome que les hizo bien, usaron esto como un entierro, como una ceremonia simbólica para concretar el luto. Cuando se proyectó en el IFF Panamá pasó algo en el Teatro Nacional que me impactó: una señora en el público, que no tenía nada que ver con los familiares, habló que la película le funcionó la película como una terapia porque entendió que no estamos solos con nuestro dolor y compartirlo.
¿Cómo fue el proceso de acercarte a esas otras víctimas que son quienes vivían en el sector donde cayó el avión, por ejemplo, la testigo que tantos años después se quebró al recordar?
Esa escena con la señora, la dueña de la finca, es una de las esenciales, porque es la que demuestra qué pasa con la violencia. Esa señora vive en el campo, que está ahí con la naturaleza y de repente pasa que explota un avión cerca de tu casa. Fue el primer día de filmación. Me di cuenta de cómo una persona puede estar tan afectada. Fue como un símbolo de lo que estoy buscando mostrar con la película.
El documental plantea esa idea del azar y la fragilidad de la vida.
Tú lo sabes, yo he tenido esa constante en casi toda mi obra: el miedo a la muerte, de enfrentar ese miedo. Cada persona que entrevisté me dijo: ‘mi familiar no tenía que estar en ese lugar porque nunca viajaba o se iría en carro’, incluyendo a mi tío, porque ese día me pidió que por favor yo me quedara a cerrar el negocio.
Uno de los familiares de las víctimas dice en Paraíso Tropical: “ninguna autoridad se acercó más a nosotros o nos dieron seguimiento a lo sucedido y estuvimos muchos años sin saber nada”. ¿La película te permitió a ti y a los sobrevivientes entender por qué no se dio un avance como se esperaba?
No hay una razón, son una combinación de razones: falta de recursos y de interés. Hay un hecho que es casi un axioma en el mundo: en la mayoría de estos casos no se llega a saber nunca la verdad completa. Lo del avión en Panamá ocurrió al día siguiente del ataque a la AMIA (el 18 de julio de 1994 un carro bomba explota al frente del edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina). En la Argentina salieron 300.000 personas a la calle a protestar que se investigue. Aquí no hubo nunca algo similar.
¿Qué significa que nuevas generaciones en Panamá y en el mundo se acerquen a esta historia?
Eso es súper interesante. La han visto estudiantes de 16, 17, 18 años, que obviamente no saben nada de esto que fue hace 32 años, pero sus padres tampoco porque eran unos niños para entonces. Dos generaciones son mucha gente.
Nombras la película Paraíso Tropical, evocando tu infancia en la que Panamá se sentía como un lugar casi utópico. ¿Después de rodar qué queda para ti de ese Paraíso Tropical?
De algún modo persiste 100% con todas las fisuras que tiene la vida. Nadie llega a la adultez con la vida intacta, estoy tratando de recuperarla porque esa es mi intención. Sigo siendo optimista: creo en el bien natural de la humanidad. Sí, tengo un deseo de recuperar la sensación que tenía de paz y tranquilidad de mi infancia.