‘El liderazgo nace en la conciencia y se expande en el servicio’
- 20/10/2026 00:00
Fundadora de Neuroseed y creadora del Semillero de Líderes, ha dedicado su trayectoria a impulsar el crecimiento personal y profesional.
Itzel Miranda Caballero es líder, consultora, escritora y docente universitaria, con más de 20 años de experiencia en liderazgo consciente, comunicación y formación de talento humano. Fundadora de Neuroseed y creadora del Semillero de Líderes, ha dedicado su trayectoria a impulsar el crecimiento personal y profesional. Como autora, ha publicado” El cobro y su gestión estratégica” y “El líder que sabe coser”, obras en las que comparte su experiencia y visión sobre la gestión estratégica.
Itzel Miranda es una persona que cree firmemente en la mejora personal y la transformación. Crecí en Chiriquí, estudié en el Colegio Félix Olivares y mis padres me inculcaron valores. Provengo de un hogar de clase media y empecé a comprender que la formación y el conocimiento me brindaban las herramientas necesarias para construir un camino de éxito.
Fui transformando mi carrera y, a los 24 o 25 años, ya era profesora universitaria. Luego vine a Panamá, viví una temporada en España y, posteriormente, regresé al país, donde comencé a trabajar en el área de cobros, un oficio que se aprende a través de la experiencia, no necesariamente mediante estudios especializados.
A veces resulta sorprendente cómo la vida te lleva por caminos que nunca imaginaste. Yo decía: “Ay, es que no soy buena en matemáticas”, y ahora no me pueden hablar en palabras, sino en números. Eso es lo bonito: descubrir cómo, a través de la experiencia, vas rompiendo todos esos paradigmas.
Actualmente, me considero una aprendiz constante en materia de liderazgo y comunicación, y estoy abierta, sobre todo, a aprender de los más jóvenes. Me encanta hacer mentorías, impulsar proyectos como el Semillero de Líderes en mi trabajo y contratar personas sin experiencia para formarlas en el área de cobranza. Pues esta soy yo: una persona que se considera una aprendiz, pero a la que también le gusta servir.
Ha habido muchos puntos de inflexión en mi vida que han contribuido a mi crecimiento personal y profesional. Cuando fui profesora universitaria, la experiencia fue novedosa para mí, pero también era un choque, porque me consideraba una persona muy tímida y me costaba hablar en público. De hecho, fue hasta hace poco que logré romper esa barrera.
Esa experiencia me llevó a comprender la importancia de la comunicación. Entendí que, si realmente quería impactar a las personas, tenía que transformar mi manera de comunicarme. Así, comencé un camino de mejora en ese sentido y de aprendizaje para creer más en mí misma. A veces, los jóvenes piensan que un título nos va a dar seguridad, pero no es así. Se trata de creer en las competencias y los recursos que uno tiene.
Mira, te voy a hablar desde la experiencia propia y no me da pena reconocerlo, porque siempre hablo de esto. Yo fui una líder que creció a la vieja usanza, ¿sabes? De “yo mando, tú haces” y “yo tengo la razón” por mis títulos, por mi experiencia y por mi posición, porque son las tres cosas que siempre te hacen creer que tú tienes la verdad absoluta.
Empecé a observar a mi equipo de trabajo. La observación es parte de la competencia que todo líder tiene, y vi cómo, a pesar de que teníamos el mismo idioma, se empezaban a comunicar distinto. Inclusive, la motivación parecía que tenía que ser personalizada. Si yo quería el logro de los objetivos, tenía que entender eso, pero para poder hacerlo tenía que transformarme primero yo.
Entonces, empecé a estudiar de forma intuitiva todo lo que incidiera en la conducta y el comportamiento humano. Entendí que tenía que romper ese molde de viewer y abrirme a escuchar. Siempre me ha gustado hacer docencia, pero tenía que hacerlo entendiendo que cada persona tiene su llave de comunicación y que, para que se diera un cambio y se cumplieran los objetivos, primero tenía que transformarme yo. Tenía que ver mis títulos y reconocerlos, pero también cambiar esa voz de mando por una voz de guía. Eso me llevó a crear una serie de competencias en mí y también a compartirlas con mi equipo de trabajo.
Sí, completamente, porque, como te digo, antes era muy unidireccional: “Yo mando, tú haces”, y todo el mundo aceptaba esa definición de liderazgo. De hecho, hasta hace poco, la Real Academia de la Lengua establecía que liderar era guiar a un equipo hacia un objetivo que reconociera tu autoridad. Y ahí hay una necesidad inmensa de que se reconozca tu autoridad, y si no la reconoce, entonces hay que cambiar la definición. Liderar es guiar de manera consciente, considerar al equipo, formarlo y estar presente sin hacer microgestión, haciendo docencia. El líder está para servir, no para servirse.
En todos lados te puedo decir que es necesaria una gestión transversal de parte del líder hacia el equipo de trabajo. Todavía vemos a esos líderes acostumbrados a estar en su oficina, detrás de una computadora, esperando un resultado. Entonces, el líder no puede estar en una oficina, tiene que salir a guiar. No puede renunciar a la gobernanza, tiene que ofrecer calidad de gestión a su equipo de trabajo, acompañamiento y empatía.
Sí debe haber disciplina, sí debe haber exigencia, porque eso es vital, pero también tiene que haber espacios para conversar con el equipo. No reuniones unidireccionales, sino reuniones de creación, de empatía y también de colaboración.
Mira, como te digo, yo soy vicepresidenta de dos compañías de cobros y hace más de diez años tengo ese proyecto de Semillero de Líderes. De hecho, hace más de diez años contrato pura gente sin experiencia en el área de cobros, gente que viene nada más con el título de bachiller. A veces me río y también a veces es difícil, porque crear los protocolos de trabajo y darles esa formación es un poco difícil. Me gusta también buscar gente que sea de zonas de riesgo para formarles y darles esa herramienta.
El Semillero de Líderes lo hice porque no solamente me gusta contratar a un gestor de cobros, sino que también me gusta empoderarlos en las competencias de liderazgo para que ellos lleven un camino de éxito y que el día de mañana sí puedan decir: “Mira, con ella aprendí no solamente lo técnico, sino también el desarrollo humano y el liderazgo”. El liderazgo es muy necesario. Todos somos líderes en algún momento de nuestra vida.
Yo no comparto eso de si el líder nace o se hace. Si tú ves la realidad, en algún momento, en la casa, en el trabajo o en la escuela, se requiere liderazgo. Hay que tomar decisiones, observar y analizar, y es importante que tú sepas cómo hacerlo. Es importante tener una experiencia, que alguien te lo diga y tener un maestro. De hecho, me gusta hacer muchas mentorías con jóvenes. Me encanta trabajar con jóvenes. A veces me desespero, pero yo lo sigo haciendo.
Voy a contarles que yo me consideraba muy introvertida. Soy escritora de dos libros y recuerdo que, cuando me querían hacer entrevistas, yo les huía porque me afectaba un poco el síndrome del impostor. A pesar de que siento que soy muy elocuente, me costaba hablar en público. Les puedo decir que no hay nada más importante que mirar hacia adentro y descubrir que tu voz vale y que se vale equivocarse, porque es a partir de esas equivocaciones y de hacerlo constantemente que se va desarrollando el talento. No importa el ruido externo ni tu autosabotaje. Tienes que ver lo maravilloso que tú eres y lo que puedes dar. Mira, todas las voces son necesarias. No hay nadie más experto que otro.
A mí me gusta cargar la bandera del experto, porque yo fui experta en una situación que pasó ayer, pero hoy me toca aprender. Entonces, de repente, yo puedo aprender de un joven. Yo tengo 49 años y te digo que los jóvenes no dejan de sorprendernos. Me encanta su visión, me encanta su energía y nos han traído a nosotros, no solamente la parte tecnológica, sino que nos han hecho romper varios paradigmas, como el atreverse y el creer. Entonces, si ustedes trajeron esa creencia y esa confianza, tienen que seguir creyendo en ustedes mismos y confiar en sus sueños. Y eso es lo más bonito. No dejen de soñar. Yo tengo 49 años y no dejo de soñar y de impulsar proyectos.
El servicio. Yo, como te digo, no espero agradecimiento ni reconocimiento. Espero que todas las personas, en algún momento, le tiendan la mano a otro, ya sea en lo profesional o en lo personal. Esa sería la mejor forma de que me recuerden: con esa invitación a siempre servir.
Se lo resumo en una frase que siempre digo: “El liderazgo nace en la conciencia, se sostiene en la comunicación y se expande en el servicio”.