Piotr Cywiński: ‘El Holocausto fue un punto de inflexión que cambió el mundo’

Historiador y doctor en Humanidades, Cywiński ha dedicado gran parte de su trayectoria a la educación sobre el Holocausto, la preservación de la memoria histórica y la reflexión sobre los desafíos que enfrenta la memoria en una época marcada por la desinformación, el extremismo y la polarización.
El director del Museo de Auschwitz brindó sus conocimientos en una charla brindada en la USMA el pasado 11 de junio.
  • 15/06/2026 00:00

En el contexto de su visita a Panamá, el director del Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau (Polonia) reflexiona sobre los desafíos de preservar la memoria del Holocausto en tiempos de desinformación y polarización

Desde hace casi dos décadas, Piotr M. A. Cywiński dirige el Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau, en Polonia, uno de los sitios de memoria más importantes y simbólicos del mundo. El complejo conserva el testimonio de uno de los capítulos más oscuros de la historia contemporánea: el genocidio perpetrado por la Alemania nazi contra millones de judíos y otras víctimas durante la Segunda Guerra Mundial. Historiador y doctor en Humanidades, Cywiński ha dedicado gran parte de su trayectoria a la educación sobre el Holocausto, la preservación de la memoria histórica y la reflexión sobre los desafíos que enfrenta la memoria en una época marcada por la desinformación, el extremismo y la polarización.

Durante su visita a Panamá, donde recorrió la exposición permanente ‘Ana Frank: Una historia vigente’ en el Museo de la Libertad y los Derechos Humanos y ofreció una conferencia organizada por la Embajada de Polonia en la Universidad Católica Santa María La Antigua (USMA) sobre la transmisión de la memoria a las nuevas generaciones, Cywiński conversó sobre la responsabilidad de custodiar Auschwitz, los intentos de distorsionar la historia, el valor de los testimonios de las víctimas y las lecciones que el Holocausto continúa ofreciendo al mundo actual. En esta entrevista con La Estrella de Panamá, el director del Museo de Auschwitz reflexiona sobre el papel de los museos frente a la desinformación, la importancia de la autenticidad como herramienta educativa y los riesgos que representan el populismo, la xenofobia y los discursos de odio en la sociedad contemporánea.

Como director de uno de los sitios de memoria más importantes del mundo, ¿qué responsabilidades implica preservar Auschwitz?

Es una responsabilidad enorme.

Implica conversaciones con políticos, con los medios de comunicación y con más de dos millones de visitantes cada año. También están las publicaciones, los proyectos de conservación, las cuestiones financieras y la recaudación de fondos. Muchos de mis viajes al extranjero están relacionados precisamente con la búsqueda de financiamiento.

Parte de mi función consiste en actuar como un escudo que impida que las presiones políticas influyan en el museo. Esto es muy importante, aunque no siempre es fácil.

La responsabilidad adquiere todavía más relevancia en el mundo cada vez más turbulento en el que vivimos.

¿A qué tipo de presión política se refiere?

Esas presiones no provienen únicamente de Polonia, sino también del extranjero.

A los políticos les gusta hablar de historia. Si uno enciende la televisión o abre un periódico, en el 80 o 90 % de los casos, cuando alguien está hablando de historia, no se trata de un historiador sino de un político.

Muchos políticos creen que tienen el derecho de dictar cómo debe recordarse la historia. Nuestra responsabilidad es proteger el derecho de distintos grupos, distintas naciones, distintas generaciones y distintas comunidades a recordar y debatir el pasado libres de una influencia política directa.

Esto es especialmente importante hoy, cuando la política se está volviendo cada vez más populista.

¿Cómo responde a los intentos de distorsionar la historia de Auschwitz?

Las personas que distorsionan deliberadamente la historia generalmente saben que están mintiendo.

No me concentro en debatir directamente con ellas. En cambio, intento dialogar con la sociedad en general y ayudar a las personas a desarrollar conocimiento y comprensión.

Recordar Auschwitz no es una obligación. No es una ceremonia militar. Es un capítulo de la historia que ayuda a las personas a comprenderse a sí mismas, a entender su papel en la sociedad. Recordarlo es una forma de aislar el negacionismo y la distorsión.

Sin embargo, hoy enfrentamos nuevos desafíos. Las noticias falsas, las imágenes generadas por inteligencia artificial, la desinformación y la polarización emocional en las redes sociales crean nuevas formas de distorsión. Esto es diferente del negacionismo tradicional del Holocausto.

Creo que nuestra arma más poderosa contra estas distorsiones es la autenticidad.

Estamos cada vez más rodeados de falsedades. Como consecuencia, las personas pueden comenzar a valorar aún más aquello que es verdadero, auténtico y sincero.

Esa es la misión de los sitios de memoria. No presentamos grandes narrativas ideológicas. Presentamos historias auténticas, objetos auténticos y tragedias humanas auténticas que las personas pueden comprender.

Por esa razón, nuestras exposiciones no dependen en gran medida de elementos multimedia, pantallas táctiles o tecnologías interactivas. Es una decisión deliberada.

Se puede hacer clic y desplazarse por pantallas en casa. En Auschwitz uno se enfrenta a algo absolutamente auténtico. Creo que la autenticidad es una de las mayores fortalezas de los sitios de memoria en la actualidad.

Entonces, ¿se podría decir que la autenticidad de lo ocurrido en el pasado es otra forma de interactuar con la historia?

Exactamente, pero es una forma natural de interacción.

En Polonia, los antiguos campos nazis fueron convertidos en museos después de la guerra. Un museo es un lugar que preserva colecciones y las presenta al público para ayudarle a comprender algo significativo.

Creo que es una perspectiva muy natural.

Hoy muchos museos en todo el mundo se parecen cada vez más a entornos digitales donde las personas simplemente se desplazan por información. Debemos recordar que los museos también tienen una función única: presentar pruebas auténticas del pasado.

Usted ha dicho que la función del museo es aportar verdad al relato de lo que realmente ocurrió. ¿Qué quiere decir con eso?

Cada año recibimos alrededor de dos millones de visitantes de todo el mundo. Contamos con aproximadamente 360 guías que trabajan en 20 idiomas.

Los visitantes pasan solo tres o cuatro horas con nosotros. No sabemos de dónde vienen, qué creen, cuál es su formación ni qué desafíos enfrentarán dentro de cinco o diez años.

Por lo tanto, no es mi función proporcionar respuestas fáciles.

Mi función —y mi obligación moral— es ayudar a los visitantes a reflexionar sobre lo que ven y a formularse preguntas importantes.

A veces las personas regresan diez años después y me dicen que algún acontecimiento que presenciaron en el mundo les hizo recordar lo que aprendieron en Auschwitz.

Si alguien me dice diez años después que comprendió algo más profundamente o que comenzó a preguntarse qué debía hacer frente a una injusticia, eso es un éxito.

La función de nuestros guías, educadores y del memorial en sí no es dar respuestas. Es ayudar a las personas a formular mejores preguntas.

¿Por qué sigue siendo esencial la educación sobre el Holocausto para las generaciones jóvenes?

Porque el Holocausto fue un punto de inflexión en la historia.

No fue simplemente un acontecimiento más. Es muy difícil comprender la Europa actual —y en muchos aspectos el mundo actual— sin entender el Holocausto.

Después cambiaron demasiadas cosas: la cultura, la política, el derecho, las relaciones internacionales, la teología y la vida pública.

Si una persona de hoy apareciera repentinamente en la década de 1930, sentiría que ha llegado a un mundo completamente diferente.

Hay acontecimientos que transforman la historia de manera fundamental. El Holocausto fue uno de ellos, especialmente para el mundo democrático occidental.

¿Qué papel desempeña el testimonio personal de los sobrevivientes del Holocausto en la preservación de la memoria?

Los testimonios personales son esenciales porque no hablan únicamente de hechos.

Nos hablan de emociones humanas, de lo que las personas pensaban y sentían, de dónde encontraban esperanza y de cómo soportaban circunstancias inimaginables.

Desde una perspectiva antropológica y empática, son fundamentales.

Hoy quedan muy pocos sobrevivientes vivos. Sin embargo, quienes quisieron contar sus historias lo hicieron. Poseemos miles de testimonios, memorias, entrevistas, archivos y grabaciones en numerosos idiomas.

Estos testimonios nos ayudan a comprender no solo lo que ocurrió, sino lo que significó ser un ser humano colocado dentro de un sistema diseñado deliberadamente para deshumanizar.

Creo que todavía tenemos mucho que aprender de ellos.

¿Cuáles son las lecciones del Holocausto más relevantes hoy en día?

Los peligros del antisemitismo, la xenofobia, el racismo, el extremismo y todas las formas de odio.

Estas ideologías crean enemigos falsos y amenazas imaginarias. Generan divisiones, polarización y conflictos sociales.

Hitler necesitó solo seis años entre su llegada al poder y el inicio de una guerra mundial. Lo logró sin redes sociales, sin internet y sin las tecnologías de comunicación que tenemos hoy.

Si aceptamos la expansión del odio en el discurso público, las consecuencias podrían llegar incluso más rápido que en el pasado.

Es un desafío enorme el que tenemos.

Creo que la educación sobre el Holocausto debe complementarse con una enseñanza sobre la propaganda y el populismo. Muchas de las técnicas utilizadas en la década de 1930 siguen empleándose hoy, aunque de formas diferentes, por políticos irresponsables.

Esto puede observarse en distintos extremos del espectro político, desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha.

Después de más de dos décadas dedicadas a preservar la memoria, ¿qué le ha enseñado este trabajo sobre la humanidad?

Cuando comencé, imaginaba la moralidad como una línea corta que iba desde el mal absoluto hasta el bien absoluto.

Con el tiempo comprendí que esa línea es mucho más larga y mucho más compleja de lo que imaginaba.

El comportamiento humano existe a lo largo de un espectro muy amplio. Cuanto más aprendía, más entendía lo complejas que pueden ser las decisiones morales.

Finalmente, en una época marcada por las guerras, la desinformación y la división social, ¿qué lecciones de Auschwitz deberían aprender no solo los ciudadanos, sino también los líderes mundiales?

No estoy seguro de que debamos depositar todas nuestras esperanzas en los líderes políticos del mundo.

Muchos de los avances positivos de la sociedad provienen de organizaciones no gubernamentales, activistas y personas comunes que dedican parte de su vida a hacer algo bueno por los demás.

A menudo me parece una expresión más natural y auténtica de la comunidad humana.

Los líderes políticos suelen pensar únicamente en las próximas elecciones. Pero si comprenden que los ciudadanos comprometidos, las organizaciones de la sociedad civil y las personas de buena voluntad constituyen una parte importante de su electorado, quizás comiencen a escucharlos.

Por eso sigo teniendo esperanza en la humanidad.

Piotr Cywiński
Director del Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau (Polonia)
Mi función —y mi obligación moral— es ayudar a los visitantes a reflexionar sobre lo que ven y a formularse preguntas importantes.”