¡No se rinde! La rana dorada vuelva a saltar en su hábitat natural
- 25/02/2026 15:21
Un grupo de investigadores liberaron tres especies, a través del Proyecto de Rescate y Conservación de Anfibios de Panamá
Desde el año 2009, el silencio en los arroyos de las montañas del centro de Panamá ha sido absoluto. Ningún investigador, senderista o lugareño ha vuelto a ver una rana dorada panameña (Atelopus zeteki) en estado silvestre.
Este anfibio de color amarillo brillante, que por generaciones fue el emblema de la biodiversidad y la buena fortuna del país, desapareció de su hábitat natural tras el avance implacable de una enfermedad silenciosa y letal.
Sin embargo, este 2026 marca el inicio de un capítulo de esperanza: la ciencia ha pasado de la fase de rescate a la fase de reintroducción.
La historia de la desaparición de la rana dorada comenzó mucho antes de su último avistamiento.
Los investigadores del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) ya habían predicho este declive basándose en patrones migratorios de una enfermedad fúngica llamada quitridiomicosis.
El hongo causante, el Batrachochytrium dendrobatidis (Bd), infecta la piel de los anfibios, alterando su equilibrio electrolítico hasta provocarles un paro cardíaco.
En el 2004, la enfermedad llegó a El Valle de Antón, el último bastión de la especie. La vulnerabilidad de estas ranas era total, ya que el hongo se propaga fácilmente a través del agua, se adhiere a otros animales e incluso puede viajar en los zapatos de las personas.
Ante la inminente extinción, se creó el Proyecto de Rescate y Conservación de Anfibios de Panamá (PARC), una alianza entre el Smithsonian (STRI y NZCBI) y los zoológicos Cheyenne Mountain y New England.
El objetivo era claro: sacar a las ranas del bosque antes de que el hongo las eliminara a todas y aprender a criarlas bajo cuidado humano.
Tras años de éxito criando ranas doradas en cautiverio, el proyecto ha dado un paso histórico. Según Roberto Ibáñez, científico del STRI y director del PARC, la organización está entrando en una nueva fase que busca estudiar “la ciencia de la reintroducción”. No se trata simplemente de soltar a los animales, sino de comprender si pueden sobrevivir en un entorno donde el hongo Bd todavía está presente.
Recientemente, con el apoyo financiero de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt), un equipo liderado por Ibáñez, el investigador Oliver Granucci, Jorge Guerrel y Orlando Garcés, llevó a cabo un ensayo de liberación gradual. Utilizaron “mesocosmos”, que son recintos protegidos dentro del bosque, donde liberaron 100 ranas doradas. Este método permite a los científicos monitorear de cerca la transición de los animales del cuidado humano a la vida silvestre.
Los resultados iniciales han sido una mezcla de cruda realidad y valiosa información científica. Durante las primeras 12 semanas, aproximadamente el 70% de las ranas en los mesocosmos murieron por quitridiomicosis.
Aunque la cifra es alta, para los biólogos no es un fracaso, sino una fuente de datos cruciales. Estos fallecimientos permiten entender la dinámica de la enfermedad en el campo y, lo más importante, investigar si las ranas logran recuperar la toxicidad natural de su piel al consumir una dieta silvestre de insectos del bosque, lo cual es su principal defensa natural.
El biólogo Brian Gratwicke, del Instituto Nacional de Biología de la Conservación y Zoológico Smithsonian (NZCBI), explica que la estrategia a futuro se basa en modelos de “refugios climáticos”. Estos son lugares en el bosque que son lo suficientemente cálidos para que las ranas prosperen, pero demasiado calurosos para que el hongo Bd sobreviva. Los datos de la liberación actual servirán para ajustar estos modelos y decidir dónde realizar los próximos ensayos.
El optimismo del equipo también se sustenta en experiencias previas. Durante el 2025, bajo la Iniciativa de Investigación de Anfibios Tropicales (TARI), se liberaron otras tres especies: la rana coronada (Tripion spinosus), la rana cohete de Pratt (Colostethus pratti) y la rana hoja lemur (Agalychnis lemur).
Las pruebas han superado las expectativas, especialmente con la rana hoja lemur, que ha mostrado una tasa de supervivencia excelente. Gracias al monitoreo acústico pasivo, se ha confirmado que las otras dos especies también están resistiendo en su entorno natural.
La reintroducción de la rana dorada es mucho más que un experimento biológico; es una cuestión de identidad nacional para Panamá. Los investigadores son conscientes de que el camino es largo y que la enfermedad sigue siendo una amenaza latente.
Sin embargo, ver nuevamente el brillo amarillo de una Atelopus zeteki entre las rocas de un arroyo panameño ya no es un sueño imposible, sino una posibilidad científica que se trabaja día a día.
La ciencia de la conservación ha demostrado que, aunque el ser humano fue un vector involuntario para la propagación del hongo, también es la única fuerza capaz de revertir el daño.
Los datos recopilados hoy en los mesocosmos de las montañas centrales de Panamá serán los cimientos para que, en un futuro cercano, la rana dorada deje de ser solo una pieza de exhibición en museos y vuelva a ser la reina de los bosques tropicales.