Un proyecto pionero: el paisaje acústico del Pacífico panameño
- 23/08/2026 00:00
Con el programa regional Pacífico Sostenible, Panamá reafirma su compromiso de ser un líder regional en la preservación de los cetáceos, equilibrando la protección de la biodiversidad con el desarrollo económico de las comunidades costeras y consolidando su imagen como destino de turismo sostenible
El Proyecto Piloto de Estudio del Paisaje Acústico del Hábitat de los Cetáceos e Impactos Antropogénicos en el Pacífico panameño es una iniciativa liderada por el Ministerio de Ambiente (MiAmbiente), con la coordinación de las fundaciones Panacetacea y MarViva, en el marco del programa regional Pacífico Sostenible.
Este programa es ejecutado por WWF Mesoamérica, implementado por el PNUD y financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF).
El proyecto consiste en la instalación de siete hidrófonos submarinos en sitios estratégicos: Contreras, Ladrones y Paridas (Chiriquí); Cébaco (Veraguas); Isla Iguana (Los Santos); y Boná y Contadora (Panamá).
Estos equipos registran sonidos marinos que van desde los cantos de ballenas jorobadas hasta los ruidos de peces, camarones pistola y embarcaciones.
El objetivo es caracterizar el paisaje sonoro del océano y evaluar cómo la actividad humana interfiere en la vida de los cetáceos.
Desde mayo de 2025, los hidrófonos han captado más de 30,000 archivos de audio, de los cuales ya se han procesado más de 4,000. Los resultados muestran que el océano presenta mayor actividad sonora durante la época lluviosa, con un 59.2 % de grabaciones activas frente al 28.1 % en la época seca.
Los cantos de ballenas se concentran entre julio y octubre, confirmando la marcada estacionalidad de su migración desde el hemisferio sur hacia Panamá, donde encuentran condiciones favorables para la reproducción y crianza.
Uno de los hallazgos más relevantes del proyecto es el impacto del ruido de embarcaciones en la comunicación de las ballenas. Estudios recientes revelan que la presencia de barcos reduce entre 40 % y 45 % la probabilidad de registrar cantos de ballena, lo que confirma que los motores interfieren en su capacidad de comunicarse.
El caso más crítico se observó en Isla Contadora, donde el ruido de motores estuvo presente en el 42.6 % de las horas monitoreadas, principalmente durante el día, asociado al turismo de recreación, buceo y pesca deportiva. Isla Iguana ocupó el segundo lugar en presencia de ruido.
“Cuando el ruido provocado por el ser humano interrumpe ese paisaje sonoro, afecta su comportamiento, su salud y su supervivencia. Medir ese impacto es el primer paso para protegerlos con decisiones basadas en evidencia científica”, señaló Dignas Barsallo, directora nacional de Costas y Mares de MiAmbiente.
Por su parte, la investigadora Betsy Pérez Ortega, presidenta de Panacetacea, explicó que el ruido antropogénico aún no se considera en los planes de manejo de áreas protegidas. “Queremos que esta información sirva para fortalecer las regulaciones y garantizar que las ballenas puedan seguir utilizando nuestras aguas como refugio seguro”, afirmó.
El proyecto piloto no solo se centra en la investigación científica, sino también en la capacitación de comunidades costeras y operadores turísticos. MiAmbiente, en coordinación con la Autoridad de Turismo de Panamá, ha iniciado procesos de certificación para guías y capitanes, con el fin de garantizar un avistamiento responsable.
La Resolución 144 establece distancias mínimas, tiempos de observación y número de embarcaciones permitidas junto a un grupo de cetáceos. Sin embargo, el reto sigue siendo lograr que estas normas se cumplan en la práctica y que las comunidades locales, que dependen del turismo de avistamiento, adopten buenas prácticas que aseguren la sostenibilidad de la actividad.
“No queremos limitar esta oportunidad económica para las comunidades, pero sí acompañarlas en la implementación de buenas prácticas que permitan un turismo responsable”, destacó Barsallo.
El proyecto también ha servido para evaluar cómo el fenómeno El Niño afecta la migración de las ballenas. En el 2026, operadores turísticos reportaron menos avistamientos en comparación con temporadas anteriores. La razón: el aumento de la temperatura del agua hasta 30 grados, lo que llevó a los cetáceos a permanecer más al sur en busca de condiciones más frescas.
Las ballenas jorobadas suelen preferir aguas cálidas de entre 27 y 28 grados para reproducirse y criar a sus crías. Sin embargo, el incremento de la temperatura por El Niño ha alterado sus patrones migratorios, lo que representa un desafío adicional para la conservación y para la economía local que depende del turismo de avistamiento.
Los resultados del proyecto piloto servirán como insumos para definir nuevas políticas públicas en conservación marina. MiAmbiente ha delineado cuatro líneas de acción:
1. Mantener y ampliar el monitoreo acústico a largo plazo.
2. Incorporar el sonido en tiempo real al seguimiento de áreas marinas protegidas.
3. Ordenar el tráfico marítimo en zonas sensibles, con límites de velocidad y buenas prácticas para el turismo y la pesca.
4. Expandir el uso de inteligencia artificial para detectar y analizar sonidos automáticamente.
Además, la información obtenida será parte de las directrices regionales de avistamiento responsable de ballenas, que buscan armonizar prácticas en toda la región del Pacífico Oriental.
Panamá también ha reforzado su liderazgo internacional al co-presidir junto a Canadá la Coalición de Alta Ambición por un Océano Silencioso, integrada por más de 35 países.
Esta alianza busca reducir la contaminación acústica submarina y proteger a las especies marinas que dependen del sonido para comunicarse.
“Queremos elevar este llamado a nivel global y demostrar que Panamá no solo es un país logístico por el Canal, sino también un referente en conservación marina”, subrayó Barsallo.