Procrastinar: cuando el ‘después lo hago’ se convierte en parte de la rutina

La procrastinación puede aparecer en distintas actividades de la vida cotidiana.
La procrastinación también puede ser una forma de pausa.
  • 03/10/2026 00:00

Postergar una tarea no siempre responde a falta de disciplina. El cansancio, la dificultad de la actividad y la búsqueda de recompensas inmediatas pueden influir en la decisión de dejar algo para después

“Después lo hago”. La frase puede aparecer frente a una habitación que necesita orden, un mensaje sin responder, una cuenta pendiente, una rutina de ejercicio o una tarea que simplemente no se quiere comenzar. A veces pasan unos minutos; otras, horas o incluso días. La actividad sigue pendiente, mientras el teléfono, una serie, una conversación o cualquier otra distracción gana la batalla por la atención.

Aunque procrastinar suele asociarse con falta de disciplina u organización, la conducta es más compleja. Una investigación publicada en European Journal of Personality encontró que se trata de un comportamiento extendido entre los adultos estudiados en Países Bajos. De los 1,835 participantes que respondieron la primera fase del estudio, el 95.6% indicó que procrastinaba al menos ocasionalmente y un 35.2% señaló hacerlo de forma regular o muy frecuente.

El estudio, dirigido por Edwin A. J. van Hooft, buscó identificar qué tareas y situaciones suelen llevar a las personas a postergar. Las actividades domésticas encabezaron la lista, con 29.5% de las respuestas, seguidas por trabajos dentro y alrededor de la casa, actividades sociales, trámites administrativos, tareas laborales o académicas, cuidado personal y ocio, y compras.

El dato muestra que procrastinar no ocurre únicamente frente a un trabajo universitario o una responsabilidad laboral. Puede aparecer en actividades tan cotidianas como limpiar, pagar una factura, hacer una llamada o pedir una cita.

No siempre es falta de disciplina

Para la psicóloga Katherine De León, reducir la procrastinación a un problema de disciplina deja fuera otros factores que pueden estar detrás de la conducta. En su experiencia, el cansancio y el ritmo acelerado de la vida cotidiana pueden influir en la tendencia a postergar.

“Pienso que la vida va tan a mil, que es cansancio”, señala De León, quien considera que cada persona puede procrastinar por razones distintas. Desde su perspectiva, el cerebro también busca momentos de pausa y puede verse influido por el sistema de recompensa, especialmente en un entorno en el que los dispositivos móviles ofrecen estímulos constantes.

La especialista plantea que la procrastinación puede aparecer cuando el sistema de alerta permanece activo y la persona necesita regularse frente a determinadas demandas. Por eso, considera importante reconocer cuándo se está acumulando una cantidad excesiva de obligaciones y darle un espacio al descanso.

La investigación sobre procrastinación también ha explorado esta relación con la regulación emocional. Una revisión conceptual de Fuschia Sirois plantea que, ante tareas difíciles o desagradables, postergar puede funcionar como una forma de evitar temporalmente las emociones negativas asociadas con la actividad. En otras palabras, la persona obtiene un alivio inmediato, aunque la tarea continúe pendiente.

Esto ayuda a explicar por qué alguien puede saber que tiene algo importante que hacer y, aun así, elegir otra actividad en ese momento. El problema no necesariamente está en desconocer la responsabilidad, sino en la dificultad de enfrentar aquello que resulta menos atractivo o genera malestar.

El teléfono y la recompensa inmediata

En ese escenario aparece otro elemento cotidiano: el celular. Para Danissa Mendoza, profesora, el entorno digital facilita que las personas encuentren constantemente alternativas para entretenerse e informarse.

Mendoza señala que la necesidad de mantenerse conectado puede convertirse en un hábito difícil de interrumpir. Además, destaca el papel de los algoritmos, que seleccionan contenidos de acuerdo con los intereses y comportamientos de cada usuario y pueden mantener su atención durante largos periodos.

La investigación científica también ha encontrado una relación entre el uso problemático del teléfono y la procrastinación. Un metaanálisis publicado en 2024, que revisó estudios sobre estudiantes, encontró una correlación entre la adicción al teléfono inteligente y la procrastinación, aunque los autores advierten que la relación puede variar según factores como el año de estudio y la calidad de las investigaciones analizadas.

Otro estudio publicado en Scientific Reports en 2026 analizó la desconexión digital como una estrategia de autorregulación. En una muestra de 237 adultos jóvenes y más de 12,000 observaciones, los investigadores encontraron que los momentos de mayor desconexión digital estaban asociados con menores niveles de procrastinación dentro de la misma persona.

No se trata, sin embargo, de convertir al teléfono en el único responsable. La procrastinación tiene múltiples factores y puede aparecer incluso cuando no hay una pantalla de por medio.

Hacer poco también cuenta

Para De León, reconocer el comportamiento es un primer paso. En lugar de intentar completar una lista extensa de obligaciones de una sola vez, recomienda dividir las tareas y avanzar por partes.

Una de sus sugerencias es escribir las actividades pendientes, organizarlas por grupos y establecer una fecha concreta para realizarlas. Al completar cada pequeño objetivo, explica, la persona puede obtener una sensación de avance que ayude a mantener la motivación.

La estrategia coincide con una idea presente en buena parte de la investigación sobre procrastinación: hacer que una tarea resulte más manejable puede ayudar a disminuir la distancia entre la intención y la acción. Una revisión reciente en Nature Reviews Psychology señala que procrastinar es una forma frecuente de dificultad de autorregulación y que sus causas y posibles intervenciones dependen de distintos factores personales y contextuales.

Así, la próxima vez que aparezca el “después lo hago”, quizá la pregunta no tenga que ser únicamente por qué falta disciplina. También puede ser qué tan cansada está la persona, qué emociones le produce esa tarea, qué tan atractiva resulta la alternativa inmediata y si existe una manera de hacer que el primer paso sea más sencillo.

Procrastinar puede formar parte de la vida cotidiana. El objetivo no es eliminar cada momento de pausa, sino reconocer cuándo ese “después” empieza a convertirse en una barrera para hacer aquello que realmente importa.

Katherine De León
Psicóloga
Lo humano es caer en eso, hacer conciencia y así organizar