Quién domina el mundo y a qué costo: sociológica de la hegemonía contemporánea
- 24/05/2026 00:00
El reto para América Latina radica en fortalecer sus capacidades internas, democratizar la toma de decisiones y reducir las desigualdades estructurales. Sin una transformación en la relación entre Estado, sociedad y mercado, la región seguirá siendo vulnerable a dinámicas externas
En el debate contemporáneo sobre el orden internacional, pocas voces han sido tan persistentes y críticas como la de Noam Chomsky. A través de obras como ¿Quién domina el mundo? (2016) y Hegemonía o supervivencia (2004), el autor desarrolla un marco analítico que trasciende la geopolítica tradicional para adentrarse en una interpretación sociológica del poder global. Su planteamiento central es claro: Estados Unidos continúa siendo la potencia que define la agenda mundial, no necesariamente en función de valores universales, sino en defensa de intereses estructurales vinculados a élites corporativas y financieras.
Desde una perspectiva sociológica crítica, Chomsky sitúa el poder en el entramado de relaciones entre Estado, mercado y estructuras ideológicas. En ¿Quién domina el mundo?, sostiene que la hegemonía estadounidense opera bajo una lógica de imperialismo moderno, donde el control no siempre es directo, pero sí profundamente efectivo. A pesar de su relativo declive frente a nuevas potencias, Estados Unidos mantiene una capacidad determinante para influir en instituciones internacionales, dinámicas económicas y conflictos globales (Chomsky, 2016).
Uno de los ejes centrales de su análisis es el denominado “doble estándar”. Según Chomsky, el discurso oficial estadounidense se presenta como defensor de la democracia y los derechos humanos, mientras en la práctica apoya regímenes autoritarios o interviene militarmente cuando sus intereses estratégicos o económicos se ven amenazados. Este fenómeno no es simplemente una contradicción política, sino una manifestación estructural del sistema internacional, donde los principios normativos son subordinados a la lógica del poder.
En este sentido, el autor introduce una categoría clave: “los amos de la humanidad”, refiriéndose a las élites corporativas que, en su visión, condicionan las decisiones políticas. Desde una lectura sociológica, esto puede interpretarse como una crítica al modelo de acumulación capitalista global, en el cual el Estado actúa como garante de intereses privados bajo una fachada institucional. Tal planteamiento se alinea con teorías críticas que entienden el poder como una relación estructural, más que como una simple capacidad de coerción.
Otro componente fundamental en su obra es el control de la opinión pública. Chomsky retoma su conocida tesis de la “fabricación del consenso”, argumentando que los medios de comunicación y las instituciones cumplen un rol clave en la legitimación de políticas que, en muchos casos, perjudican a la mayoría de la población. Este enfoque resuena con la sociología de la comunicación, particularmente en la forma en que los discursos dominantes configuran percepciones y limitan el debate público.
A esto se suma su advertencia sobre las amenazas existenciales. En ambas obras, Chomsky identifica dos riesgos principales que las élites tienden a minimizar: la guerra nuclear y el cambio climático. Desde su perspectiva, la búsqueda de beneficios a corto plazo ha llevado a una desatención sistemática de estos problemas, lo que plantea un dilema civilizatorio. En términos sociológicos, esta tensión refleja una contradicción entre racionalidad económica y sostenibilidad social.
Por otro lado, Hegemonía o supervivencia profundiza en la dimensión estratégica del poder estadounidense. En este texto, Chomsky argumenta que el país ha adoptado una “Gran Estrategia de Dominio”, basada en el unilateralismo y la supremacía militar. Esta estrategia, lejos de garantizar la seguridad global, incrementa los riesgos de conflicto y debilita el derecho internacional (Chomsky, 2004).
Uno de los aspectos más controvertidos es su crítica a la doctrina de la guerra preventiva. Chomsky señala que esta política otorga a Estados Unidos la facultad de intervenir militarmente ante amenazas potenciales, lo que socava el principio de soberanía estatal. Desde una óptica sociológica, esto puede entenderse como una forma de institucionalización de la violencia legítima a escala global, donde ciertos actores tienen la capacidad de definir qué constituye una amenaza.
Asimismo, el autor introduce una reflexión provocadora al sugerir que, bajo sus propios estándares, Estados Unidos podría ser considerado un “Estado canalla”. Esta afirmación no busca equiparar realidades, sino evidenciar las inconsistencias en la aplicación del derecho internacional. La selectividad en el cumplimiento de normas revela una estructura jerárquica del sistema global, donde el poder determina la legalidad.
En ambas obras, el concepto de hegemonía no se limita al dominio militar o económico, sino que incluye una dimensión cultural e ideológica. Chomsky muestra cómo el poder se reproduce a través de instituciones, narrativas y prácticas que naturalizan el orden existente. Esta visión se vincula con la tradición gramsciana, donde la hegemonía implica la construcción de consenso y no solo la imposición de fuerza.
Desplazamiento o reconfiguración del poder
El análisis también incorpora el llamado “cambio de eje”, es decir, el surgimiento de nuevas potencias como China y el fortalecimiento de actores multilaterales. Si bien esto podría interpretarse como una transición hacia un mundo multipolar, Chomsky advierte que no necesariamente implica una transformación estructural del sistema. Más bien, podría tratarse de una reconfiguración del poder dentro de las mismas lógicas de competencia y dominación.
Ahora bien, ¿qué implicaciones tiene este enfoque para América Latina? Históricamente, la región ha sido un espacio clave en la proyección del poder estadounidense. Desde intervenciones directas hasta influencias económicas y políticas, América Latina ha experimentado diversas formas de subordinación en el sistema internacional.
En el marco de las ideas de Chomsky, esta relación puede interpretarse como parte de una estrategia más amplia de control regional. La promoción de modelos económicos específicos, la influencia en procesos políticos y el respaldo a determinados actores responden a una lógica de estabilidad funcional a los intereses hegemónicos. Sin embargo, el escenario actual presenta matices distintos.
El avance de nuevos actores globales, especialmente China, ha generado oportunidades para diversificar relaciones económicas y políticas en la región. Esto podría traducirse en mayores márgenes de autonomía, pero también en nuevos desafíos. La competencia entre potencias puede reconfigurar las dependencias existentes, sin necesariamente eliminarlas.
Desde una perspectiva sociológica, el reto para América Latina radica en fortalecer sus capacidades internas, democratizar la toma de decisiones y reducir las desigualdades estructurales. La crítica de Chomsky sugiere que, sin una transformación en la relación entre Estado, sociedad y mercado, la región seguirá siendo vulnerable a dinámicas externas.
En conclusión, las obras ¿Quién domina el mundo? y Hegemonía o supervivencia ofrecen una lectura crítica del sistema internacional que invita a repensar el concepto de poder más allá de las narrativas oficiales. Chomsky plantea que la hegemonía estadounidense no es solo un fenómeno político, sino una estructura compleja que articula intereses económicos, control ideológico y capacidad militar. Su advertencia es contundente: si no se cuestionan estas dinámicas y se avanza hacia una mayor democratización global, el costo podría ser no solo político, sino existencial.
El autor es Sociólogo.