Ramón Almanza: “Más allá de un premio, los artistas necesitan formación”

“Te lo prometo”, colectiva durante PINTA Panamá. De izquierda a derecha: Radamés Pinzón, Humberto Vélez, Jorge Chen, Yury Guevara, Gilberto Vallarino y Ramon Almanza. Cedida
  • 28/06/2026 00:00

Ramón Almanza es una de las presencias más influyentes —y a la vez más reservadas— del panorama artístico en Panamá. Dedicado durante décadas a la pintura abstracta, hace cinco años fundó la organización que lleva su nombre, destinada a impulsar la formación de jóvenes artistas y a investigar y rescatar las trayectorias de creadores marginados por las instituciones oficiales del arte.

En fecha reciente, el Museo de Arte Contemporáneo (MAC Panamá) lo distinguió como uno de sus Guardianes de la Colección. El Visitante conversó con Almanza en el espacio de su fundación, rodeados de obras de Julio Zachrisson, Manuel E. Amador y de muchos otros artistas panameños. Son voces que, como escribió el poeta Constantino Kavafis, “a veces hablan en nuestros sueños; a veces las escucha nuestro espíritu en el pensamiento”.

¿Cómo comenzó tu interés en el arte?

Mi acercamiento al arte se remonta a la infancia, gracias a mi madre, quien era una apasionada coleccionista. Especialmente me impactó una obra de Eugenio Dunn (1917-2008), artista santanero de origen afroantillano. Mi madre, la escritora y periodista Emilza Almanza, atesoraba una de sus pinturas: una pieza abstracta, de gran formato, que evoca peces en vibrantes tonos naranjas. Aquella pintura me hizo preguntarme sobre la naturaleza de las imágenes. Sobre si lo que veía era más que un simple cuadro. Sobre su verdadera profundidad.

De adulto, estudié en la University of North Texas, en Denton, Dallas. Mi intención inicial era estudiar Administración de Empresas, siguiendo los pasos de mi padre, que era comerciante. Llegué un año antes de comenzar la universidad para inscribirme en un instituto de inglés avanzado. Durante ese año tuve la posibilidad de asistir como oyente a cualquier clase que deseara. Así pasé todo ese tiempo inmerso en las clases de arte y, al año siguiente, tomé la decisión definitiva de cambiar de carrera.

¿Cuáles son los artistas panameños que te han influido?

En primer lugar, Adriano Herrerabarría. Visité su estudio para mostrarle mis trabajos. Él fue directo y claro conmigo: “Muchacho, tienes algo importante que decir”. Su consejo fue no dejarme atrapar por el entorno local, sino concentrarme en desarrollar mi propio lenguaje artístico antes de salir a presentarlo.

Luego llegó Carlos Arboleda. Trabajé cerca de doce años en su taller. Fue una figura fundamental en mi formación, tanto académica como artística, ya fuera explorando la escultura, la pintura o debatiendo sobre la filosofía del arte. Con estos maestros conversé mucho sobre el sentido de ser artista y sobre lo que Panamá necesita de sus creadores.

Otro gran amigo y referente fue Roosevelt Díaz, pintor de la Escuela de Azuero, que influyó en mi obra por nuestro interés compartido en ciertas técnicas pictóricas. También Raúl Vázquez fue una fuente de inspiración y quien me ayudó a comprender lo que implica ser artista en Panamá.

¿Qué pensaban estos artistas del arte en Panamá?

Adriano Herrerabarría tenía un profundo interés en la filosofía del arte. Fue impulsor de las Escuelas Nacionales de Artes Plásticas, en el interior del país, y promotor del Instituto Nacional de Escultura. Ni Arboleda ni Herrerabarría validaban su trayectoria a través de las instituciones artísticas o galerías privadas, sino mediante el trabajo constante y la construcción de un lenguaje propio y perdurable.

Me decían: “Ramón, mantente firme, auténtico y sigue adelante; no cambies tu arte porque te lo pida una galería, por complacer o por vender”. Herrerabarría solía recordarme: “No tienes de qué preocuparte si eres un artista genuino. Acuérdate siempre de esto: en el arte no se puede blofear [embaucar]”.

Ambos estaban convencidos de que el entorno artístico no era igualitario y que la mayoría de los artistas más relevantes del país no estaban representados ni en galerías ni en instituciones. Fueron promotores y mentores de muchos jóvenes creadores de su época y tenían muy claro que el panorama artístico en Panamá estaba condicionado por tendencias comerciales y cierto elitismo.

Picking Up The Pieces, acrílico sobre lienzo crudo, 170 x 113 cm, 2022.

¿Por qué escogiste dedicarte al arte abstracto?

Para mí, el arte abstracto es una vocación poco convencional. Se trata de una rama vinculada a los movimientos internacionales de vanguardia y, en Panamá, es aún poco conocida, lo que dificulta el reconocimiento para quienes nos dedicamos a la abstracción geométrica. No sigue la tendencia local, más inclinada hacia lo figurativo.

El arte geométrico es mi pasión y surge de una profunda investigación sobre ese lenguaje, donde hay una dimensión que trasciende la superficie de la obra y el diseño, y que merece ser explorada. Durante treinta años he trabajado en el tema de mi investigación: la filosofía de la autonomía lineal de la forma y la representación de la infinitud del plano bidimensional. Pronto publicaré un libro sobre este tema.

¿Por qué creaste la Fundación Ramón Almanza?

La fundación surge de mi vocación de ayudar a los artistas. Nació a partir de mi amistad con Herrerabarría, quien provenía de un entorno rural y, quizás por eso, siempre mostró un fuerte compromiso con la creación de escuelas de arte en el interior del país. Solía decir: “Hay que preocuparse por los artistas que no tienen espacio y fomentar las artes plásticas a nivel nacional, al margen de las galerías y su entorno decorativo o comercial”.

Durante más de veinte años he sido coleccionista de arte, apoyando a muchos artistas del interior con materiales, adquiriendo sus obras y ofreciéndoles mentoría. Hace cinco años sentí la necesidad de formalizar ese esfuerzo con el propósito de aportar un legado de proyectos a largo plazo.

Actualmente, la fundación mantiene una alianza con el Banco Nacional de Panamá para la formación de artistas emergentes. El banco ha comprendido que, más allá de un premio, los artistas necesitan formación. En la fundación nos dedicamos a acompañar ese proceso de transformación: que el artista emergente adquiera las herramientas necesarias para integrarse a su contexto cultural, representar a Panamá internacionalmente y renovar su lenguaje, modernizándolo y proyectando sus conceptos artísticos a largo plazo.

Los artistas de la periferia de la capital y del interior del país suelen quedar fuera de la agenda de las grandes instituciones artísticas. Ellos conocen bien las deficiencias del sistema y continúan luchando por legitimar su espacio en un entorno que ofrece muy pocas oportunidades. La historia del arte en Panamá demuestra que muchos de sus nombres más relevantes provienen de barrios humildes de la capital y del interior.

¿Cuéntanos de tus exposiciones en el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá y en PINTA Panamá 2026?

En junio del año pasado, el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá me invitó a participar en la exposición “Sintaxis”, que celebraba los sesenta años de la fundación del museo. Presenté dos obras en una muestra que reunió piezas abstractas fundamentales de su colección y de grandes maestros del arte abstracto colombiano, como Eduardo Ramírez Villamizar, Edgar Negret y Omar Rayo.

Una de mis obras, Picking up the Pieces (2022), ahora integra la colección permanente del museo. Para mí, participar en esta exposición en Bogotá fue un gran honor. Como dice el refrán, nadie es profeta en su tierra.

Este año, durante la Segunda Semana del Arte – PINTA Panamá, organicé y produje la muestra colectiva titulada “Te lo prometo”, una propuesta audaz e innovadora que presentó obras de cuatro artistas nacionales galardonados en certámenes de pintura, bajo la curaduría de Humberto Vélez.

Además, PINTA Panamá me invitó a cerrar el evento con mi obra Diablos Rojos, una pieza audiovisual e inmersiva que celebra el icónico transporte urbano panameño, llena de color, sonidos y recuerdos de esos míticos buses del transporte público.

¿Por qué apoyas el proyecto de ley que propone la diputada Grace Hernández y que busca regular los pabellones nacionales y oficiales?

Una ley que regule de forma transparente y eficaz los pabellones nacionales y oficiales es fundamental. Durante mi carrera nunca recibí apoyo gubernamental, al igual que la mayoría en este país. Gracias a mi esfuerzo, logré alcanzar una estabilidad económica que me permitió presentar mi trabajo internacionalmente.

Sin embargo, los artistas nacionales no suelen contar con los recursos ni con una galería que los respalde. Por eso considero que el gobierno y sus instituciones tienen la responsabilidad de establecer un sistema transparente que garantice la representación digna de los artistas panameños en el extranjero, abarcando todas las disciplinas artísticas.

Este proyecto de ley propone la paridad artística en Panamá y abre la puerta para que más creadores puedan salir al mundo. Es la manera de validar el entorno artístico fuera de nuestras fronteras, siguiendo parámetros justos y equitativos que brinden oportunidades reales.