Cáncer en Panamá: 3,500 muertes al año impulsan la medicina de precisión
- 15/08/2026 00:00
Con más de 5,500 casos anuales de cáncer, el sistema de salud de Panamá afronta la mora diagnóstica frente al desarrollo nuevas terapias hormonales.
El cáncer se consolida como la segunda causa de muerte en Panamá con un estimado superior a 5,500 nuevos casos y 3,500 fallecimientos anuales según registros del Ministerio de Salud y del Instituto Oncológico Nacional (ION).
Un panorama epidemiológico que mantiene al tratamiento de las patologías tumorales como un desafío para el sistema sanitario panameño cada año debido a las barreras en la detección temprana, los tiempos de espera para estudios diagnósticos en el sector público y las fallas en el suministro de medicamentos esenciales.
Para comprender el comportamiento de esta patología es necesario señalar que el cáncer abarca enfermedades en las cuales células anómalas se dividen sin control, pudiendo invadir tejidos vecinos o desplazarse a otros órganos mediante la sangre o el sistema linfático en un proceso denominado metástasis.
En la población femenina el cáncer de mama ocupa el primer lugar en incidencia con más de 1,100 diagnósticos anuales y 330 defunciones, seguido por el cáncer de cuello uterino.
En la masculina, el cáncer de próstata encabeza la morbilidad con más de 800 casos al año. Asimismo, la información epidemiológica del sector público evidencia que cerca del 60% de las atenciones se inician en estadios 3 y 4, donde la efectividad curativa disminuye.
Desde la perspectiva clínica, antes de iniciar una terapia se requiere una biopsia, procedimiento consistente en analizar una muestra de tejido sospechoso en un laboratorio de histopatología para confirmar células malignas.
Sin embargo, la saturación operativa estatal genera retrasos de hasta 4 meses en la entrega de estos resultados, intervalo en el que los tumores progresan.
A esto se suma la baja sospecha en atención primaria ante señales de alerta como la hematuria —definida como la presencia de sangre en la orina—, tratada con frecuencia como una simple infección urinaria o cistitis sin remitir al especialista.
La especialista en urología oncológica del ION, la Dra. Eugenia Lee, explica que la persistencia de tabúes culturales frena la detección oportuna en hombres.
“El temor al examen de tacto rectal aleja a los pacientes de la consulta, a pesar de que el indicador de antígeno prostático específico (PSA) en sangre no descarta de forma absoluta la presencia de tumores, pues un valor de 4 en un paciente de 40 años resulta sospechoso y requiere investigación”, detalla la médico.
Además, Lee contrasta la brecha de acceso: mientras en el sector privado hay disponibilidad inmediata de estudios de imagen, en las instalaciones públicas las listas de espera para resonancias o tomografías se extienden por meses o años.
La urgencia de acortar diagnósticos y romper estigmas cobró resonancia tras el caso de la comunicadora y atleta Marelissa Him, quien en agosto de este año reveló su diagnóstico de cáncer de mama en etapa 3 detectado durante un chequeo de rutina para una competencia internacional.
Pese a sus hábitos deportivos y la ausencia de síntomas, el hallazgo de un nódulo derivó en quimioterapia intravenosa.
A través de redes digitales, Him visibilizó el proceso usando gorros de enfriamiento capilar para mitigar la caída del cabello y expuso síntomas como la fatiga crónica, promoviendo el acceso a mamografías (radiografías del tejido mamario) y ultrasonidos en mujeres jóvenes.
Esta visibilización en figuras públicas contrasta con las dificultades cotidianas en los centros estatales.
Para Rosaura Rodríguez, paciente de 54 años de Veraguas diagnosticada con cáncer de cuello uterino, la travesía implicó esperar 7 meses entre la detección inicial y su primera radioterapia en la capital tras viajar desde las 12:00 a. m. para solicitar cupo.
De igual forma, José Manuel Torres, de 62 años y en seguimiento por cáncer de próstata en el ION, señala que la falta constante de medicamentos en farmacias oficiales obliga a suspender tomas o comprarlos en comercios privados, un riesgo que eleva la resistencia tumoral a las terapias.
La infraestructura oncológica mantiene una concentración en la Región Metropolitana, donde se efectúa el 80% de las cirugías complejas, radioterapias y consultas especializadas.
Esta centralización obliga a pacientes del interior a desplazarse continuamente, asumiendo costos de transporte y hospedaje que incrementan el abandono de tratamientos.
Aunque la habilitación de unidades regionales en provincias centrales busca descentralizar terapias de mantenimiento, la Dra. Lee advierte que la consolidación de estos centros enfrenta la escasez de recurso humano calificado en oncología debido a la baja adjudicación de becas de especialización fuera de la capital.
Frente a los métodos tradicionales como la quimioterapia convencional, la oncología moderna se orienta hacia la medicina de precisión, disciplina impulsada por los avances del Proyecto Genoma Humano para diseñar tratamientos ajustados a las alteraciones moleculares del tumor.
Durante el simposio científico “Trazando caminos, transformando destinos”, celebrado en julio de este año en la Ciudad de Panamá, la compañía biofarmacéutica AstraZeneca presentó evidencia sobre terapias dirigidas e inmunoterapia en etapas avanzadas.
En el cáncer de mama con receptores hormonales positivos (donde el tumor es alimentado por estrógenos) y con mutaciones en la proteína AKT —la cual actúa como un interruptor celular de crecimiento trabado en posición de multiplicación continua—, la evidencia resalta la molécula capivasertib.
Administrada junto con la terapia hormonal de fulvestrant, este fármaco apaga el interruptor alterado, bloquea las señales moleculares del tumor y duplica el tiempo en que la enfermedad permanece controlada en estadios metastásicos.
Por otro lado, en el cáncer de vejiga o carcinoma urotelial, los registros clínicos respaldan el uso del fármaco durvalumab en combinación con quimioterapia.
Esta terapia bloquea la proteína PD-L1, un “escudo o disfraz” biológico que utilizan las células malignas para no ser detectadas; al neutralizar la proteína, el medicamento le quita el disfraz al tumor y permite que el propio sistema inmunitario del paciente reconozca y destruya la masa tumoral.
La incorporación de estas opciones en los listados del sector público representa una alternativa para prolongar la supervivencia con menor toxicidad en comparación con la quimioterapia tradicional.
No obstante, la comunidad médica coincide en que la disponibilidad real de la medicina de precisión requiere agilizar los registros sanitarios, establecer convenios institucionales de compra y dotar a la red pública de laboratorios capacitados en diagnóstico molecular.