Tortugas marinas, fascinantes criaturas de nuestros mares
- 17/07/2026 00:00
Desde el seguimiento satelital de tortugas verdes hasta el estudio de isótopos en tortugas carey y la búsqueda de las tortugas baula, las investigaciones desarrolladas en Coiba y el Pacífico panameño generan nuevos conocimientos para proteger estas especies marinas vulnerables
La tortuga verde (Chelonia mydas), la tortuga carey (Eretmochelys imbricata) y la tortuga baula (Dermochelys coriacea) son tortugas marinas que están presentes en el Pacífico Este Tropical y se encuentran bajo algún grado de amenaza, sin embargo, el Parque Nacional Coiba se convierte en un potencial santuario para estas especies.
Durante cuatro años, el Dr. Eric Flores, investigador de la Estación Coiba AIP, ha estudiado los patrones de anidación y selección de hábitat de la tortuga verde en el suroeste de la península de Azuero, con apoyo de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt), el Sistema Nacional de Investigación (SNI) y la organización See Turtles. Adicionalmente, ha iniciado un trabajo similar con el respaldo del Ministerio de Ambiente y ayuda de la estudiante de biología marina, Bárbara Hernández, de la Universidad Marítima Internacional de Panamá (UMIP), pero en la playa Río Amarillo, ubicada en una zona aislada al sureste de la isla de Coiba.
Las tortugas son discretas en los sitios donde llegan a anidar las hembras. Mostrando un mapa de calor de playa El Gato, en Azuero, el investigador veragüense indica que las tortugas anidadoras prefieren ciertas zonas de la playa para anidar. “Hemos encontrado que esta preferencia se asocia a las áreas de mayor cobertura de sombra en la playa, mayor pendiente y a la mayor humedad de la arena, lo que les facilita cavar los nidos”.
Para conocer los patrones de desplazamiento de las tortugas verdes, el investigador utiliza transmisores satelitales adheridos a sus caparazones. Sin embargo, el elevado costo de estos dispositivos, sumado al del servicio de transmisión satelital, limita la cantidad de ejemplares que pueden ser monitoreados. “Ojalá que alguna universidad en el país o instituto desarrolle transmisores de bajo costo”, señala.
“Nuestras tortugas de playa El Gato emprenden largos viajes. Por ejemplo, una hembra, después de poner sus huevos, viajó durante 36 días una distancia de 746 km hasta la playa Chacocente, en Nicaragua. Las otras tortugas también migran y recorren áreas hacia el norte de Centroamérica”, señala el científico.
Además, los datos genéticos han demostrado que la población de tortugas verdes en la playa El Gato está relaciona con otras poblaciones en el norte de Centroamérica, en Costa Rica y probablemente con el sur de México.
Lo interesante es que todas las tortugas verdes que anidan en playa El Gato parecen visitar el Parque Nacional Coiba. Durante la época seca de 2026, Bárbara registró una tortuga que anidó en la playa Rio Amarillo en Coiba y que luego fue observada intentando anidar en playa El Gato unos días más tarde.
Respecto al cambio climático, las temperaturas ambientales aumentan y se está experimentando el fenómeno El Niño este año en Panamá.
Las tortugas marinas ponen sus huevos en la arena de la playa y necesitan el calor ambiental para el desarrollo del embrión. De forma general a temperaturas más altas, nacen hembras y a temperaturas más bajas, nacen machos. Claro que si la temperatura es muy caliente, sencillamente causa la muerte del embrión.
El investigador explica que, usando sensores automáticos de temperatura, han logrado por primera vez dar un seguimiento a las temperaturas en la arena tanto en playa El Gato como en Río Amarillo y han encontrado que, durante los mismos días de la estación seca, las temperaturas en El Gato son casi dos grados más altos que en Río Amarillo. También es probable que al ser más caliente la arena se estén produciendo mayormente hembras en playa El Gato en comparación con Río Amarillo.
Esto puede trastocar la población y aunque las especies se pueden adaptar colocando sus huevos en zonas de sombra, no todas lo logran hacer.
El Dr. Flores, además, está colaborando con el Dr. César Barrios, panameño e investigador afiliado a Coiba AIP, que se encuentra en la Universidad Federal de Ceará (Brasil) y están estudiando las ‘huellas’ o firmas de isótopos como carbono y nitrógeno, para entender un poco los nichos tróficos en los que participan las tortugas carey, es decir, los procesos de alimentación y obtención de nutrientes en su ecosistema.
Las firmas isotópicas de nitrógeno y carbono indican que las tortugas carey de Coiba tienen nichos de alimentación distintos a las del sur Atlántico de Brasil. Probablemente, como las de tortugas estudiadas de Coiba son juveniles no solo tienen una dieta variada, consumen algas, pastos marinos y también invertebrados, que aporta mayor nutrición, y al a ser más adultos, tienen mayormente una dieta vegetariana.
También se determinó que la carga en la concentración de mercurio en estas dos poblaciones es diferente. Este es un metal pesado y contaminante que puede ser de origen natural por erupciones volcánicas en tierra firme o bajo el agua, pero también puede ser de fuentes humanas que contienen mercurio y que llega al mar por escorrentía.
En el caso del sitio donde se hizo el estudio en Brasil, es una zona bastante árida y no está sujeta a fallas tectónicas cercanas y la concentración de mercurio es menor. En Panamá, probablemente, como las carey están ubicadas cerca de tierra firme en la zona costera, pueden acumular mercurio por escorrentía o por la cercanía de fallas tectónicas en la zona del Pacífico.
“Recién hemos terminado un proyecto financiado por la organización estadounidense Sea Turtle Inc. Hicimos unas entrevistas a pescadores en alrededor de 14 pueblos costeros en el Golfo de Chiriquí y parte de la sección suroeste de la península de Azuero, con el objetivo de colectar la información y el conocimiento local sobre los avistamientos de la tortuga baula (Dermochelys coriácea)”, comenta el Dr. Flores.
La tortuga baula, también conocida como láud, es la tortuga marina de caparazón blando más grande del mundo. Se considera un vestigio viviente de la prehistoria, porque ha sobrevivido en la Tierra por más de 100 millones de años. Sin embargo, la población del Pacífico Este Tropical, incluyendo el Pacífico de Panamá, está al borde de la extinción.
Las hembras anidadoras son muy pocas y los avistamientos de esta especie son mínimos. “Gracias a la información de los pescadores, se ha logrado identificar sitios en la zona del Golfo de Chiriquí, inclusive en el Parque Nacional Coiba, donde aún la especie anida. Se han visto también neonatos y tortugas adultas debajo del agua, lo que nos da esperanza para poder seguir adelante con estudios más detallados en estos sitios que ahora hemos identificado”.