Inversión extranjera: la clave para la economía panameña

Análisis Económico
La ciudad de Panamá simboliza el desafío de pasar del crecimiento económico al desarrollo sostenible basado en inversión de calidad.
  • 19/01/2026 00:00

Panamá enfrenta el reto de redefinir su modelo económico ante la desaceleración del Producto Interno Bruto. La inversión extranjera directa surge como clave para diversificar la economía, impulsar innovación y lograr un crecimiento sostenible

Panamá lideró el crecimiento regional durante décadas. Hoy, sin embargo, el crecimiento del PIB no es suficiente. Y ante las presiones de un mundo en rápida transformación, el país enfrenta el desafío para redefinir su modelo económico.

En este escenario, la Inversión Extranjera Directa (IED) trasciende su rol como mero flujo de capital para convertirse en un catalizador estratégico indispensable para la transición hacia una nueva economía panameña, donde esta debe ser más diversificada, digital y fundamentalmente sostenible. La resiliencia económica ha sido puesta a prueba, recientemente, y aunque el país ha seguido siendo atractivo para la inversión extranjera, logrando atraer $1.610 millones en el primer semestre de 2024, con un crecimiento interanual superior al 15 % en los últimos dos años, la realidad económica exige una adaptación. La desaceleración del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), que cayó del 7.3 % en 2023 al 2.9 % en 2024, impulsada principalmente por el cierre de la mina Cobre Panamá, ha expuesto la dependencia de sectores concentrados.

La desaparición de la actividad minera, que contribuía con aproximadamente el 5 % del PIB y el 2 % del empleo nacional, dejó un vacío económico que resiente el país y que es objeto de debate continuo. Si bien el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta una recuperación del crecimiento al 4.5 % para el año 2025, esta previsión está condicionada a la capacidad del país para impulsar los sectores no mineros; y es precisamente aquí donde la IED de calidad se vuelve indispensable.

No se trata ya solo de la cantidad de capital que ingresa, sino de la calidad intrínseca de esa inversión: aquella capaz de facilitar la transferencia de tecnología, impulsar la innovación, mejorar la productividad laboral y, sobre todo, generar vínculos productivos más sólidos con las empresas locales. Como bien he señalado, la IED es el vehículo más eficiente para la importación de conocimiento tácito y know-how que, de otra manera, tardaría décadas en desarrollarse localmente, convirtiéndose en la clave para evolucionar de ser un país de tránsito a un país de valor agregado. La posición geográfica de Panamá sigue siendo un activo inmutable, pero su valor se maximiza únicamente al transformarse en un hub estratégico de servicios adaptado a las demandas del siglo XXI.

En el eje logístico, el Canal de Panamá, los puertos en ambos océanos y la Zona Libre de Colón deben servir como base para una evolución hacia la logística 4.0, donde la inversión extranjera se está enfocando en la automatización portuaria, la implementación de sistemas de gestión basados en blockchain y la modernización del transporte multimodal. Es vital la inversión en infraestructura crítica, como el desarrollo de hubs de carga aérea y la expansión de la red de carreteras, resulta crucial para mantener la eficiencia frente a una competencia regional cada vez más agresiva.

En el sector servicios, Panamá ha experimentado un notable avance, alcanzando exportaciones superiores a $9.700 millones en el primer semestre de 2025, según el Ministerio de Comercio e Industrias. Este dinamismo refleja la efectividad de marcos legales proinversión como las leyes SEM y EMMA.

El flujo de capital está transformando áreas estratégicas: en servicios financieros, se registraron $657 millones en el mismo período, fortaleciendo la atracción de empresas fintech y acelerando la modernización bancaria; y en telecomunicaciones, la inversión en data centers y en infraestructura de fibra óptica submarina está consolidando al país como un nodo digital de baja latencia clave para la economía del conocimiento.

Sin embargo, para asegurar el futuro, la IED debe ser canalizada agresivamente hacia sectores que rompan con la dependencia histórica y promuevan un crecimiento inclusivo, apostando por una diversificación sostenible. El turismo debe transicionar de un enfoque de negocios y compras hacia un modelo de alto valor basado en nuestra biodiversidad y patrimonio cultural, donde la inversión en proyectos de ecoturismo y hoteles boutique sostenibles en las provincias centrales, Chiriquí y Bocas del Toro genere desarrollo regional y preserve el capital natural.

En materia de energía, la seguridad y la descarbonización ofrecen un entorno atractivo para proyectos de energía solar y eólica, aprovechando la ventaja comparativa de Panamá como uno de los tres países carbono negativo del mundo. Esta inversión no solo garantiza una matriz limpia, sino que atrae a multinacionales con altos estándares ESG que buscan operar con energía verde. La agroindustria, por su parte, debe modernizarse tecnológicamente para competir por calidad con productos como el café Geisha y el cacao fino, integrando a los productores locales a las cadenas de valor globales.

Esta transformación debe estar sostenida por los dos pilares de la nueva economía global: la digitalización y la sostenibilidad corporativa. La inversión en tecnología actúa como el motor que permite a las mipymes, que constituyen el 97 % del tejido empresarial, integrarse al mercado global, reduciendo la brecha digital y optimizando procesos. La digitalización de los servicios públicos mediante inversiones en gobierno electrónico es clave para hacer los trámites más eficientes y mejorar la percepción de transparencia.

En un mundo donde los grandes fondos de capital utilizan los criterios ESG como filtro de inversión, Panamá debe alinear la atracción de IED con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, fomentando bonos verdes e infraestructura resiliente, pues esta es la inversión más estable y de mayor crecimiento a largo plazo. Para capitalizar plenamente este potencial, es imperativo abordar una agenda de reformas con visión de Estado que resuelva desafíos críticos. Si bien contamos con estabilidad macroeconómica y dolarización, la percepción de corrupción y la lentitud en los trámites administrativos siguen siendo obstáculos. Pero el desafío, el desafío más apremiante es el capital humano; la inversión en servicios de alto valor requiere una fuerza laboral con habilidades del siglo XXI que actualmente escasea, particularmente en áreas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Matemáticas) y competencias bilingües.

La inversión en educación y formación técnica debe ser la prioridad número uno para asegurar que los beneficios de la IED se traduzcan en prosperidad inclusiva y no solo en estadísticas del PIB.

No se trata ya solo de la cantidad de capital que ingresa, sino de la calidad intrínseca de esa inversión y su capacidad para generar valor agregado”.
*El autor es economista y consultor financiero
Panamá
Claves del análisis$1,610
millones en Inversión Extranjera Directa captados en el primer semestre de 2024.