Panamá debe invertir en almacenamiento de energía y aprovechar mejor su transición energética
- 07/05/2026 00:00
Hablamos de una tecnología ampliamente disponible en los mercados internacionales y que en este momento viene siendo implementada por diversos países de América Latina, con el fin de hacer frente a posibles incidentes, reducir el costo de la energía, mejorar su competitividad e incluso atraer inversión extranjera
No hay dudas de que Panamá ha dado pasos gigantes en materia de transición energética. En los últimos 30 años la matriz energética se ha transformado significativamente.
Es cierto que el país siempre apostó a la energía hidroeléctrica. De hecho, se estima que entre el 43% y el 49% de la capacidad instalada de generación de Panamá es hidroeléctrica, sin embargo, la inclusión del Gas Natural Licuado (GNL) en la matriz energética, como un combustible de transición, y la creciente participación de otras fuentes renovables de energía, como la solar y la eólica, han convertido a nuestro país en el líder regional ésta materia.
Hoy, la energía eólica ha llegado a representar entre un 10% y un 13% de la electricidad que se produce en el país, mientras que la energía solar ha ganado terreno no sólo en la generación por parte de los agentes económicos que buscan aportar electricidad al sistema, sino también por parte de grandes consumidores y personas particulares, que ven en éstas tecnologías un mecanismo para reducir su gasto energético y hacer más rentable y sostenibles sus negocios y sus residencias.
Además, el Plan Energético Nacional 2015-2050 (PEN) tiene como objetivo aumentar drásticamente el uso de energía renovable en Panamá al 70% de la combinación energética del país.
Sin embargo, toda esta estrategia tiene un “Talón de Aquiles” ya que a la fecha el país no cuenta con un sistema de almacenamiento de energía que le permita aprovechar de una mejor manera sus avances en materia de transición energética.
Hablamos de una tecnología ampliamente disponible en los mercados internacionales y que en este momento viene siendo implementada por diversos países de América Latina, con el fin de hacer frente a posibles incidentes, reducir el costo de la energía, mejorar su competitividad e incluso atraer inversión extranjera.
Chile y Brasil son los líderes en este tema a nivel de América Latina, pero incluso Cuba, con todos sus problemas y limitaciones está apostando al almacenamiento para aprovechar mejor su apuesta por la energía solar y para darle estabilidad a su sistema eléctrico.
En particular, me ha llamado la atención un proyecto de generación solar adjudicado recientemente por el gobierno de Guatemala a la empresa española, con sede en Panamá, MASPV Clean Energy.
Se trata del proyecto Estanzuela, ubicado en la provincia de Zacapa, y que consiste en la construcción de una planta híbrida compuesta por 130 megavatios de potencia (MWp, por sus siglas en inglés) fotovoltaicos y 100 magvatios hora (MWh, por sus siglas en inglés) de almacenamiento, diseñada específicamente para responder a las necesidades del sistema eléctrico guatemalteco.
De acuerdo con la empresa, ésta planta ha sido diseñada a partir del análisis del contrato y del comportamiento del sistema energético guatemalteco, y no únicamente de la optimización de la producción de energía en horas de sol, sino también sostener la potencia en los momentos críticos, que es donde realmente se mide el valor operativo de un activo energético.
El costo de esta obra rondará los $100 millones y con ella se espera mejorar la estabilidad del sistema eléctrico gracias al almacenamiento, y posicionar a Guatemala como un polo de innovación en energías limpias a nivel de Centroamérica y el Caribe.
Y lo que yo me pregunto, es por qué los panameños no hemos hecho adelantos en materia de almacenamiento y hemos dejado que Guatemala se nos adelante.Creo que es importante tener presente que invertir en almacenamiento de energía es vital en un país que depende mayormente de la energía hidroeléctrica, pero que también afronta, recurrentemente, los efectos negativos del Fenómeno de El Niño.
De hecho, se espera que éste año 2026 tengamos la presencia nuevamente de ese evento climático, que se caracteriza por una merma en las precipitaciones en la vertiente del Pacífico.
En el evento 2014-2016, considerado uno de los más severos, el país registró pérdidas millonarias en el sector agropecuario, reducción de la superficie sembrada y mortandad de ganado.
Más recientemente, el episodio 2023-2024 ha sido catalogado como una de las peores sequías en más de 70 años, en un contexto donde gran parte de la agricultura nacional sigue dependiendo de la lluvia.Este escenario revela una fragilidad estructural: un sistema altamente dependiente de la variabilidad climática y cada vez menos capaz de amortiguar sus impactos.
En este escenario, contar con sistemas de almacenamiento, especialmente vinculados a plantas de generación solares, eólicas o a base de GNL le permitiría al país manejar de mejor manera cualquier reducción en las precipitaciones pluviales, y garantizar la estabilidad del sistema a largo plazo.
No se trata de un gasto, como se suele pensar. Porque cuando se habla de energía siempre hay que tener presente que la más más cara es la que no se tiene.
Pero hay que recordemos que ya nuestro país ha enfrentado incidentes que han dejado si energía a todo o gran parte del país, lo que evidencia la necesidad de respaldar el sistema con varios sistemas de almacenamiento.
Hay países que cuentan con almacenamiento suficiente para un día, una semana o hasta 15 días. Repito que es una tecnología que se ha desarrollado ampliamente en los últimos años y que, además, ha visto su costo reducirse en el tiempo.
Ahora bien, por qué hacerlo es otra pregunta importante. Y la respuesta es bastante sencilla si se quiere.
Panamá ha perdido atractivo como destino de la inversión extranjera en la región. Antes de la pandemia de coronavirus (COVID-2019) el país recibía un promedio de $5,000 millones en Inversión Directa Extranjera (IDE) anualmente, manteniéndose a la vanguardia en ésta materia en Centroamérica y el Caribe.
Hoy el país recibe cerca del 50% de ese monto, unos $2,500 millones, ubicándose por detrás de países como Costa Rica y República Dominicana, pero como la competencia no para, otros países como Guatemala y El Salvador, también han mostrado avances en la atracción de IDE.
Es decir, si nuestro país quiere mantenerse competitivo y seguir atrayendo inversión extranjera, especialmente en materia productiva (industria manufacturera), necesitamos reducir aquellos costos de producción que son considerados por los inversores como un freno para sus proyectos y uno de ellos es precisamente el costo de la energía.
Tener un sistema de almacenamiento, que sea capaz de suministrar energía, ya producida previamente, al sistema puede ser clave para reducir el costo de la energía al consumidor final y mejorar la competitividad de las empresas y del país, además de asegurar que contemos con el recurso energético en momentos críticos en lugar de tener que salir a comprarlo ya sea en Colombia o en Centroamérica, tal como ha ocurrido en el pasado.
Esto no significa abandonar los planes, por ejemplo, para la interconexión eléctrica con Colombia, o dejar de seguir ampliando la matriz energética a base de fuentes renovables. Más bien debe ser visto como una apuesta por la estabilidad y sostenibilidad del sistema eléctrico nacional.
Panamá ha estado a la vanguardia de la transición energética en Centroamérica y el Caribe, y apostar por el almacenamiento de energía no sólo nos permitirá seguir liderando esa tendencia, que busca reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles y nuestra huella de carbono, que por cierto es negativa, sino también mejorar nuestro perfil a la hora de atraer inversiones, especialmente cuando hablamos de inversiones en el sector productivo.
No hacerlo, es dejar que otros países de la región se nos adelanten, tal como lo está haciendo Guatemala, y ese es un lujo que no podemos darnos.