Panamá frente al desafío del empleo formal
- 12/10/2026 00:00
La reducción del desempleo es una señal positiva. Pero el objetivo debe ser que esa reducción sea acompañada por una disminución sostenida de la informalidad, mayores ingresos reales y empleos más productivos
Las últimas cifras del mercado laboral panameño traen una noticia positiva: el desempleo bajó de 10.4% en septiembre de 2025 a 8.5% en agosto de 2026, mientras que la población ocupada aumentó en 77,231 personas, hasta alcanzar aproximadamente 2.5 millones de ocupados. La tasa de informalidad también disminuyó, de 47.1% a 45.8%. Son datos que debemos reconocer porque permiten saber la realidad de nuestro mercado de trabajo y poder diseñar políticas públicas, e iniciativas o programas que mejoren y potencien lo alcanzado hasta el momento. Más personas trabajando significa más hogares con ingresos y mayor movimiento para la economía.
En este contexto, tambien debemos hacer una pregunta como ciudadanos: ¿qué tipo de empleos estamos creando en nuestro país Porque el éxito de una política laboral no debería medirse únicamente por cuántas personas consiguen trabajo. También debemos observar si ese empleo es formal, estable, productivo, con seguridad social, derechos laborales y una remuneración que permita mejorar las condiciones de vida. Ese debe ser el objetivo de todos.
El 45.8% de informalidad sigue siendo demasiado alto. En otras palabras, prácticamente uno de cada dos ocupados continúa fuera de la formalidad laboral, y aquí aparece uno de los principales desafíos económicos de Panamá.Necesitamos pasar de una economía que crea empleos a una economía que crea buenos empleos formales ni parciales, trabajo productivo y salarios dignos.
El empleo formal es mucho más que recibir un salario. Significa cotizar para la seguridad social, tener protección laboral, acceso a prestaciones, mayor estabilidad, posibilidades de construir una trayectoria profesional y tener acceso a crédito. También fortalece la capacidad del Estado para financiar servicios públicos y reduce la vulnerabilidad económica de las familias. Por eso, reducir la informalidad debe convertirse en una prioridad nacional, que transcienda los períodos gubernamantales, con políticas a largo plazo, donde se continue lo bueno y lo necesario para reducir la informalidad.
El sector privado tiene un papel central. Según el INEC, concentra cerca del 46% de las personas ocupadas y actividades como comercio, agricultura, construcción, transporte e industria manufacturera representan importantes fuentes de empleo.
La política pública debe concentrarse entonces en crear las condiciones para que las empresas puedan crecer, invertir, contratar formalmente y pagar mejores salarios. Para este objetivo, será fundamental reducir trabas, y trámites burocráticos, que ayuden a las empresas en su desarrollo, expansión y crecimiento. Ninguna empresa crece en un entorno de largas filas, procesos engorrosos, ni trámites costosos.
Primero, vincular la creación de empleo con la productividad. No podemos aspirar a salarios sosteniblemente más altos sin aumentar la productividad de los trabajadores y de las empresas. Esto significa formación técnica, capacitación en nuevas tecnologías, digitalización de las empresas y mayor conexión entre educación y mercado laboral.
Segundo, reducir el costo y la complejidad de la formalización, especialmente para las micro, pequeñas y medianas empresas, que son el motor del ecosistema empresarial. Muchas veces una empresa pequeña tiene dificultades para contratar formalmente porque sus costos laborales, administrativos y tributarios pueden superar su capacidad productiva. La solución no es precarizar el empleo, sino ayudar a que esas empresas aumenten su productividad y puedan formalizar.Tercero, crear incentivos para el primer empleo formal de los jóvenes. Los programas de capacitación y empleabilidad pueden ser útiles, pero deben estar conectados con empresas que tengan una necesidad real de contratar. No sóllo es una práctica profesional u oportunidad laboral de seis meses.
El Gobierno ha reportado avances mediante iniciativas como Mi Primer Empleo, Mi Primer Empleo Agro y programas de capacitación vinculados con sectores específicos, pero hay que seguir redoblando esfuerzos en la continuidad y reinserción laboral.El siguiente paso debería ser medir cuántos de esos jóvenes permanecen empleados después de seis, doce y veinticuatro meses, dentro de una empresa.
Cuarto, impulsar sectores con capacidad de generar empleo formal y mejores ingresos. Panamá tiene oportunidades en logística, turismo, agroindustria, servicios financieros, tecnología, economía digital, construcción, manufactura vinculada a cadenas regionales y servicios profesionales.
No se trata solamente de atraer inversión. Se trata de atraer inversión que genere transferencia de conocimiento, empleos de calidad y oportunidades para trabajadores panameños. Como bien se busca en la reciente aprobada Ley de Sustancia Económica.
Quinto, promover una verdadera política nacional de estabilidad laboral. La estabilidad no significa que todos los puestos tengan que ser permanentes independientemente de las condiciones económicas de una empresa. Significa crear un mercado laboral donde las personas tengan mayores posibilidades de construir carreras, adquirir experiencia, mejorar sus ingresos y mantenerse empleables.
Para eso necesitamos capacitación continua, certificación de competencias y mecanismos que faciliten la transición entre empleos sin perder completamente la protección social.
También necesitamos mejores estadísticas laborales. El Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) ha introducido cambios metodológicos y nuevos indicadores para medir aspectos como el subempleo por insuficiencia de horas, el subempleo por insuficiencia de ingresos y el empleo informal. Esto es fundamental porque no todo empleo es necesariamente un buen empleo.
La reducción del desempleo es una señal positiva. Pero el objetivo debe ser que esa reducción sea acompañada por una disminución sostenida de la informalidad, mayores ingresos reales y empleos más productivos.Panamá necesita un gran debate y agenda común, sobre el trabajo en el país. No debemos conformarnos con preguntar cuántos empleos se crearon. Debemos preguntar cuántos son formales, cuánto pagan, cuánto duran, qué productividad generan y qué oportunidades de crecimiento ofrecen. El crecimiento económico debe sentirse en el bolsillo y la calidad de vida de las familias.
Más empleo, sí. Pero empleo formal, estable, productivo y bien remunerado. Ese debería ser uno de los grandes objetivos económicos de Panamá en los próximos años.