Álvaro Uribe pierde fuerza electoral mientras crece la derecha ‘outsider’ en Colombia
- 28/05/2026 11:35
Las encuestas muestran un reacomodo conservador impulsado por redes sociales, figuras antisistema y nuevos liderazgos alejados del modelo político tradicional
Durante más de dos décadas, el nombre de Álvaro Uribe Vélez dominó la política colombiana.
Ganó elecciones presidenciales, impulsó partidos, construyó mayorías legislativas y se convirtió en la figura más influyente de la derecha en Colombia. Pero el actual escenario electoral empieza a mostrar señales de desgaste en ese poder que durante años pareció intocable.
Las encuestas presidenciales reflejan una paradoja incómoda para el uribismo: mientras el expresidente se involucra activamente en la campaña de su candidata, Paloma Valencia, ella permanece relegada al tercer lugar en intención de voto.
Al frente aparece precisamente uno de sus mayores adversarios políticos: Iván Cepeda, figura de izquierda y protagonista del proceso judicial que llevó a Uribe al banquillo de los acusados.
Para sectores cercanos al exmandatario, esta elección representa mucho más que una disputa política.
“Para Uribe es fundamental que no gane quien promovió el proceso judicial en su contra”, admiten voces dentro del uribismo.
Sin embargo, la mayor amenaza para el liderazgo histórico de Uribe parece venir desde la propia derecha.
El abogado Abelardo de la Espriella ha logrado posicionarse como una figura antisistema capaz de disputar el voto conservador sin depender directamente del expresidente.
Analistas políticos ya hablan del surgimiento de un “posuribismo”: una derecha que reconoce el legado político de Uribe, pero busca nuevas formas, nuevos discursos y nuevos liderazgos.
A diferencia del estilo tradicional del exmandatario —basado durante años en plazas públicas, consejos comunitarios y televisión—, De la Espriella apuesta por redes sociales, inteligencia artificial, videos virales y una narrativa más cercana a líderes como Javier Milei, Nayib Bukele y Donald Trump.
“El fenómeno representa una derecha más moderna y más agresiva en términos digitales”, explican expertos consultados en Colombia.
El uribismo también ha intentado adaptarse.
Por primera vez, Uribe impulsó como candidata presidencial a una mujer y respaldó una fórmula vicepresidencial encabezada por el exdirector del Dane, Juan Daniel Oviedo, abiertamente gay y con llegada a sectores de centro.
La apuesta buscaba mostrar una imagen renovada del movimiento conservador.
Pero el mensaje no ha terminado de conectar.
La campaña de Paloma Valencia enfrenta dificultades para desprenderse de la imagen de representar a la política tradicional y al establecimiento que durante años criticó el propio uribismo.
A esto se suma el impacto político que dejó el asesinato del senador Miguel Uribe Turbay, considerado por sectores del partido como el verdadero heredero político de Uribe.
Dirigentes cercanos al expresidente reconocen que el golpe afectó profundamente la reorganización interna del movimiento.
Lo que ocurre actualmente en Colombia refleja un fenómeno más amplio en América Latina: el ascenso de figuras outsider que capitalizan el desencanto ciudadano con los partidos tradicionales.
Paradójicamente, Uribe llegó al poder en 2002 precisamente bajo ese perfil antisistema, enfrentando a las élites políticas tradicionales desde un pequeño movimiento independiente.
Ahora, más de veinte años después, es él quien aparece vinculado al establecimiento político.
Y De la Espriella intenta ocupar el lugar que alguna vez perteneció al propio Uribe: el del candidato que promete romper con “los de siempre”.
En redes sociales, sectores radicales de la nueva derecha incluso presentan al expresidente como parte del viejo sistema político colombiano.
El mensaje, aunque polémico y muchas veces basado en contenidos manipulados o exagerados, comienza a tener impacto entre votantes jóvenes y sectores cansados de la política tradicional.
Uribe sigue siendo una figura poderosa dentro del Congreso y mantiene una estructura política relevante.
Sin embargo, una eventual derrota de Paloma Valencia abriría un debate inevitable sobre el verdadero alcance actual de su liderazgo.
Durante años, el expresidente fue considerado el gran elector de la derecha colombiana.
Hoy, por primera vez, ese dominio parece estar bajo amenaza.
Y aunque el uribismo probablemente seguirá siendo determinante dentro de cualquier gobierno conservador, las elecciones podrían marcar el inicio de una nueva etapa política en Colombia: una derecha menos dependiente de Álvaro Uribe y más cercana a los liderazgos digitales, antisistema y mediáticos que avanzan en la región.