‘Le dimos orina para que sobreviviera’: el dramático relato de un padre tras los terremotos en Venezuela
- 04/07/2026 12:48
Jofram Gallipolli relató cómo él, su esposa y su hijo de cuatro años lograron sobrevivir durante horas atrapados bajo los escombros. Su testimonio describe las difíciles decisiones que tomaron para mantenerse con vida mientras esperaban ser rescatados en La Guaira
La historia de Jofram Gallipolli ilustra cómo los sobrevivientes de los terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5 que asolaron Venezuela se aferran a la vida utilizando los recursos que tienen a su alcance. En su caso, él, su esposa y su hijo de cuatro años sobrevivieron en un pequeño espacio de aire, conocido como ”el triángulo de la vida”, sin saber con certeza qué ocurría en el exterior.
En una entrevista concedida a CNN en Español, Gallipolli confesó que el temor de su familia aumentaba con el paso de las horas mientras esperaban ser rescatados. Aun así, aseguró que nunca perdió la determinación de sobrevivir junto a su esposa e hijo.
Su hijo, de cuatro años, permaneció dormido durante las primeras ocho horas de la emergencia, lo que les permitió mantener la calma y concentrarse en buscar la manera de salir de la estructura bajo la que habían quedado atrapados en La Guaira, una de las zonas más afectadas por la catástrofe.
“En cuanto a la hidratación, sabíamos lo delicado que es el tema de la hidratación en un niño. Durante la búsqueda encontramos un vaso plástico. Mi esposa fue la primera en orinar y reservamos esa primera orina en ese vaso, llenándolo hasta arriba. Lo dejamos allí porque sabíamos que en pocas horas lo íbamos a necesitar. Luego, cuando mi hijo se despierta y empieza a hablar, a preguntar y a decir que tiene mucha sed, lo que hicimos fue darle esa orina que ya habíamos reservado. Fue bastante complicado porque, evidentemente, no le gustó para nada el sabor. De hecho, eso fue incluso antes de conseguir agua. Mi hijo tomó un poco de la orina de mi esposa para poder hidratarse”, relató Gallipolli.
En ese momento, el niño expresó su deseo de beber el agua de limón que acostumbraban comprar en un centro comercial que frecuentaban. Poco después, Gallipolli encontró un teléfono celular con el que pudo iluminar los alrededores. Un par de horas más tarde comenzó a buscar en el lugar donde creía que podría haber alimentos. En esa búsqueda encontró un frasco de vidrio con aceitunas, otro con melocotones en almíbar y una lata de jamón endiablado.
“Lo reservamos y lo teníamos guardado como un tesoro porque sabíamos que eso podía marcar la diferencia entre la vida y la muerte”, remarcó. Aunque le dio a su hijo parte de la salmuera del frasco de aceitunas, lo hizo en pequeñas cantidades porque desconocía si el alto contenido de sal podía resultar contraproducente y acelerar su cuadro de deshidratación.
“Estábamos haciendo lo que podíamos con lo que encontrábamos. (...) Nos dio esperanza tener una opción con la que, por lo menos, podíamos alimentarnos con algo”, comentó.
La de Jofram Gallipolli es una de las muchas historias de supervivencia que siguen marcando el relato de la tragedia provocada por los terremotos en Venezuela.