¿Puede el petróleo de Venezuela redefinir el orden geopolítico mundial?

El presidente Donald Trump afirmó que Venezuela transferirá entre 30 y 50 millones de barriles a EE. UU., un anuncio con impacto en flujos globales y en el vínculo energético con Asia. Redes sociales
  • 08/01/2026 00:00

La captura de un buque sancionado y un plan estratégico estadounidense delinean un nuevo tablero energético global con implicaciones profundas para alianzas, sanciones, mercados y equilibrio de poder

La intercepción por parte de Estados Unidos de un petrolero con bandera rusa que se dirigía a Venezuela elevó una disputa de sanciones a un nuevo nivel de confrontación geopolítica. El buque Marinera, anteriormente identificado como Bella 1, fue perseguido durante semanas y finalmente incautado en el Atlántico Norte por fuerzas estadounidenses, en un episodio que provocó una reacción diplomática de Moscú y encendió alertas sobre la creciente militarización del comercio energético global, según reportaron Reuters, The Guardian y CBS News.

El hecho ocurrió en paralelo a un anuncio de alto impacto político y económico: el presidente estadounidense Donald Trump aseguró que Venezuela transferirá entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos, una decisión que alteraría flujos tradicionales de exportación y tendría consecuencias directas para países como China y Rusia, de acuerdo con información difundida por Reuters y CNBC.

Este doble movimiento —interdicción marítima y redireccionamiento de crudo— se enmarca además en un plan de tres fases para Venezuela, presentado por el secretario de Estado Marco Rubio ante el Congreso estadounidense, que combina presión militar, control petrolero y una transición política teledirigida desde Washington, según confirmaron Reuters, Efecto Cocuyo y El Cronista.

El buque, las sanciones y el mensaje de Washington

De acuerdo con Reuters y CBS News, el Marinera formaba parte de la denominada “flota en la sombra”, un conjunto de petroleros utilizados para evadir sanciones internacionales mediante cambios de nombre, bandera y rutas opacas. Estados Unidos había intentado abordarlo previamente cerca de Venezuela, sin éxito, lo que motivó un seguimiento prolongado hasta su captura final en alta mar.

La reacción rusa fue inmediata. Moscú presentó protestas diplomáticas y, según confirmaron CBS News y el Wall Street Journal, envió un submarino y otros buques militares para escoltar al petrolero durante parte de su travesía, un gesto interpretado por analistas como una demostración explícita de fuerza y una advertencia frente a la expansión del alcance operativo de las sanciones estadounidenses.

Especialistas citados por el Center for Strategic and International Studies (CSIS) y el Atlantic Council señalan que este tipo de interdicciones buscan aumentar el costo logístico y financiero del comercio petrolero sancionado, más que provocar impactos inmediatos en los precios. La estrategia apunta a navieras, aseguradoras, puertos y compradores, debilitando las redes que sostienen exportaciones fuera del sistema regulado.

El plan de Marco Rubio: petróleo como eje de la transición

En su comparecencia ante el Congreso, el secretario de Estado Marco Rubio presentó una hoja de ruta dividida en tres fases para Venezuela, confirmada por Reuters y medios regionales.

Fase uno: estabilización

Rubio sostuvo que el primer objetivo es evitar el colapso del país tras la captura de Nicolás Maduro. Para ello, Washington aplicará una “cuarentena” económica y naval que ha asfixiado las exportaciones petroleras venezolanas. En este contexto, el funcionario confirmó —en línea con declaraciones previas de Trump— que Estados Unidos está cerca de cerrar un acuerdo para tomar el petróleo venezolano actualmente estancado, estimado entre 30 y 50 millones de barriles.

Según Rubio, esos ingresos serían administrados por Estados Unidos para evitar que caigan en redes de corrupción o estructuras asociadas al chavismo, un planteamiento que ha generado críticas por su impacto en la soberanía venezolana.

Fase dos: recuperación

Si el flujo petrolero se reactiva, comenzaría una etapa de recuperación económica. Rubio explicó que empresas estadounidenses, occidentales y de otros países tendrían acceso al mercado venezolano en condiciones “justas”, mientras el petróleo serviría para financiar al Estado.

En paralelo, esta fase incluiría un proceso de reconciliación nacional, con amnistías, liberación de presos políticos y retorno de exiliados, según declaraciones recogidas por Efecto Cocuyo y Reuters. La oposición democrática ha insistido en que la liberación de detenidos debe ser inmediata, sin plazos prolongados.

Fase tres: transición

La última fase contempla una transición política más profunda, aunque Rubio evitó precisar calendarios. Trump, en cambio, afirmó que la recuperación plena de la industria petrolera venezolana podría tardar al menos 18 meses, de acuerdo con Reuters.

Rusia, China y el impacto global

Para Rusia, la escolta al Marinera representa un desafío directo a la aplicación extraterritorial de sanciones estadounidenses. Analistas citados por Newsweek y Reuters consideran que Moscú busca sentar el precedente de que no aceptará interdicciones sin costo político, especialmente cuando afectan redes energéticas vinculadas a sus aliados.

China, aunque ausente del episodio naval, es uno de los actores más impactados. Reuters informó que refinerías independientes chinas evalúan reemplazar crudo venezolano con petróleo ruso o iraní, tras las interrupciones registradas a inicios de 2026. El Center on Global Energy Policy de la Universidad de Columbia ha señalado que una porción significativa del crudo venezolano termina en China, incluso cuando no aparece reflejada plenamente en estadísticas oficiales.

La redirección de barriles hacia Estados Unidos, combinada con bloqueos navales y presión logística, podría acelerar una fragmentación del mercado energético, con circuitos paralelos de comercio y mayor volatilidad para países dependientes de importaciones.

Movimiento en el monopolio
La incautación del Marinera, el anuncio de transferencia masiva de petróleo a Estados Unidos y el plan de tres fases presentado por Marco Rubio confirman que el petróleo vuelve a ocupar un lugar central en la geopolítica global. No se trata solo de sanciones o comercio, sino de control de rutas, administración de recursos y rediseño de alianzas. En este nuevo tablero, Venezuela es el epicentro, pero las consecuencias se proyectan mucho más allá de sus fronteras.