Guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán entra en fase crítica por Ormuz y expansión militar en Líbano
- 17/03/2026 00:00
La escalada regional agrava la crisis petrolera, multiplica víctimas civiles y profundiza el aislamiento de Washington ante la negativa de aliados a involucrarse
La guerra en Oriente Medio ha entrado en una fase todavía más delicada. En las últimas horas, el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán sumó nuevos frentes, elevó la presión sobre el mercado energético mundial y dejó en evidencia las fisuras entre Washington y varios de sus aliados. El hecho más reciente es el intento del presidente Donald Trump de formar una coalición internacional para reabrir el estrecho de Ormuz, mientras países clave como Alemania, España y Japón rechazan enviar buques de guerra a la zona.
La disputa por Ormuz se ha convertido en el centro de la crisis. Irán ha mantenido una fuerte presión sobre esa ruta marítima estratégica, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado del mundo. La interrupción del tráfico ha disparado la alarma internacional, no solo por su impacto militar, sino por el efecto inmediato sobre el precio del crudo, la inflación y la seguridad del suministro energético global. Reuters reportó este lunes que el Brent superó los 100 dólares por barril en medio del temor a una guerra prolongada.
El punto político más novedoso de esta jornada es la resistencia internacional a acompañar a Washington. Trump ha exigido apoyo para asegurar la navegación en Ormuz y advirtió que la OTAN tendría un “muy mal futuro” si sus aliados no colaboran. Sin embargo, varios gobiernos europeos y asiáticos han marcado distancia. Alemania, España, Italia y Japón han descartado, por ahora, sumarse a una operación militar en el estrecho, insistiendo en que no quieren ampliar una guerra que no consideran propia.
Ese rechazo muestra un cambio importante en el tablero diplomático. Aunque algunos países estudian fórmulas de apoyo defensivo o marítimo, el consenso occidental que Washington buscaba no se ha materializado. El resultado es una Casa Blanca más presionada, obligada a sostener una estrategia militar costosa mientras intenta contener las consecuencias económicas del conflicto.
La guerra comenzó el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra objetivos iraníes. Desde entonces, Teherán respondió con misiles, drones y acciones de presión sobre infraestructura energética, bases vinculadas a intereses estadounidenses y rutas comerciales del Golfo. Reuters y AP coinciden en que, desde ese inicio, la confrontación dejó de ser un intercambio limitado para convertirse en una crisis regional de gran escala.
Con el paso de los días, el conflicto se expandió. Israel intensificó sus bombardeos sobre territorio iraní y, al mismo tiempo, abrió una nueva fase operativa en el sur de Líbano con incursiones terrestres limitadas contra Hezbolá. Según Reuters, el gobierno israelí sostiene que sus operaciones en Líbano continuarán hasta neutralizar amenazas en la frontera, mientras en Irán ha anunciado planes para al menos tres semanas más de guerra.
La dimensión humanitaria también se agrava. La Organización Mundial de la Salud informó este 16 de marzo que seis hospitales iraníes han tenido que ser evacuados y que al menos 18 ataques contra instalaciones sanitarias han sido verificados. El organismo cifró en más de 1.300 los muertos y en más de 7.000 los heridos en Irán, aunque otras estimaciones elevan aún más el balance regional si se suman Líbano e Israel.
La expansión del conflicto también ha golpeado al Golfo. En las últimas horas, ataques iraníes afectaron operaciones en Dubái y Fujairah, reforzando la percepción de que Teherán está dispuesto a trasladar la guerra al corazón de la infraestructura comercial y energética regional. Ese movimiento ha incrementado la presión sobre Estados Unidos, que ve agotarse rápidamente sus herramientas para amortiguar el shock petrolero.
Por ahora, la guerra no muestra señales firmes de desescalada. Israel anuncia más semanas de ofensiva, Irán mantiene la presión sobre el Golfo y Trump intenta arrastrar a sus aliados a una coalición que, de momento, no despega. El resultado es un conflicto cada vez más amplio, más costoso y más incierto, con Oriente Medio al borde de una desestabilización aún mayor.