Irán arde: protestas masivas, decenas de muertos y la advertencia de Trump que eleva el riesgo de guerra
- 13/01/2026 00:00
Represión letal, calles militarizadas y amenazas desde Washington configuran el momento más peligroso para la República Islámica en años, mientras la población desafía abiertamente al régimen
Las calles de Irán viven su mayor estallido social en más de una década. Desde Teherán hasta Mashhad, pasando por Isfahán, Shiraz y Ahvaz, miles de ciudadanos han salido a protestar contra el régimen teocrático, en una ola de indignación que ya ha dejado decenas de muertos, centenares de heridos y miles de detenidos, según organizaciones de derechos humanos y fuentes médicas citadas por medios internacionales.
Las manifestaciones comenzaron como protestas económicas por el colapso del rial, la inflación descontrolada y el desabastecimiento, pero rápidamente evolucionaron en un desafío político frontal al sistema de poder encabezado por el ayatolá Alí Jameneí. Los gritos de “muerte al dictador” y “no queremos una república islámica” han vuelto a escucharse en plazas públicas, pese a la presencia de fuerzas de seguridad, milicias Basij y unidades de la Guardia Revolucionaria.
Videos difundidos por redes sociales —antes de que el gobierno interrumpiera parcialmente el acceso a internet— muestran a manifestantes siendo baleados, golpeados y perseguidos por agentes armados. Testigos describen escenas de hospitales custodiados por fuerzas de seguridad para impedir que los heridos sean identificados y arrestados.
Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han denunciado el uso de munición real contra la población civil, una señal inequívoca de que el régimen ha optado por una respuesta de fuerza extrema para intentar sofocar el levantamiento.
Irán atraviesa una de las peores crisis económicas de su historia reciente. Las sanciones internacionales, el aislamiento diplomático, la corrupción endémica y la mala gestión han llevado a una caída sostenida del nivel de vida. La inflación supera ampliamente el 40 %, el desempleo juvenil es estructural y millones de iraníes han visto evaporarse sus ahorros.
Para muchos manifestantes, la represión no es solo política: es la defensa violenta de un sistema que ya no ofrece ni estabilidad ni futuro.
“Nos quitan la vida con la economía y nos disparan cuando protestamos”, dijo un joven manifestante a la cadena BBC antes de que se cortara la conexión.
La crisis iraní adquirió una dimensión internacional aún más peligrosa cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una advertencia directa al régimen desde Washington.
En un mensaje difundido por la Casa Blanca, Trump afirmó que “Irán está perdiendo el control de su propio pueblo” y advirtió que “si el régimen responde con masacres, habrá consecuencias severas”. El mandatario no precisó qué tipo de medidas tomaría Estados Unidos, pero fuentes del Pentágono y del Departamento de Estado confirmaron que se ha elevado el nivel de alerta militar en la región del Golfo Pérsico.
Trump, que en su primer mandato retiró a Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán y endureció las sanciones, ha vuelto a adoptar un tono confrontacional, alineándose con Israel y varios aliados árabes que consideran al régimen iraní como el principal desestabilizador de Medio Oriente.
Para Teherán, estas declaraciones son interpretadas como una amenaza directa de intervención, lo que aumenta el riesgo de que el gobierno utilice el argumento de una “conspiración extranjera” para justificar una represión aún más brutal.
La respuesta oficial ha sido predecible. La televisión estatal acusa a “agentes extranjeros, espías sionistas y mercenarios de Estados Unidos” de instigar los disturbios. El Ministerio del Interior anunció el despliegue de “fuerzas especiales” para restaurar el orden y prometió castigos ejemplares contra quienes “atenten contra la seguridad nacional”.
Sin embargo, a diferencia de protestas anteriores, la magnitud y la persistencia de estas movilizaciones parecen haber tomado por sorpresa al aparato de seguridad. Incluso dentro del país han surgido reportes de divisiones entre fuerzas policiales locales y unidades más ideologizadas de la Guardia Revolucionaria.
La combinación de colapso económico, represión sangrienta y presión internacional sitúa a Irán ante uno de los momentos más peligrosos desde la revolución de 1979. Si las protestas continúan creciendo y el número de muertos sigue aumentando, la legitimidad del régimen podría erosionarse de forma irreversible.
Al mismo tiempo, una intervención externa o un incidente militar provocado por la tensión con Estados Unidos e Israel podría convertir la crisis interna en un conflicto regional de gran escala.
Por ahora, la población iraní sigue en las calles, desafiando a un Estado armado hasta los dientes. Cada noche, desde los tejados, se escuchan gritos de protesta que recuerdan a los días previos a la caída del sha.
La historia parece volver a repetirse, pero esta vez bajo la mirada atenta —y armada— de las grandes potencias. Irán no solo enfrenta una rebelión popular: enfrenta una prueba de supervivencia política cuyo desenlace podría redefinir el equilibrio de poder en Medio Oriente.