Nueva derecha avanza en América Latina: Perú y Colombia podrían profundizar el retroceso de la izquierda
- 06/06/2026 00:00
La inseguridad, el malestar económico y el desencanto ciudadano impulsan opciones conservadoras que desafían a los movimientos progresistas en la región
La izquierda latinoamericana atraviesa uno de sus momentos más difíciles de los últimos años. Las elecciones presidenciales de Perú y Colombia podrían profundizar el avance de la derecha en la región, una tendencia que ya se ha reflejado en varios países durante el último año.
Si Keiko Fujimori gana la segunda vuelta presidencial peruana del próximo 7 de junio y Abelardo De la Espriella se impone en Colombia el 21 de junio, el mapa político regional se inclinaría aún más hacia posiciones conservadoras.
En apenas 14 meses, la izquierda perdió el poder en Costa Rica, Honduras, Chile, Bolivia y Ecuador. En muchos casos, los votantes respaldaron propuestas centradas en la lucha contra la inseguridad, la reducción del tamaño del Estado y la reactivación económica.
Detrás de este fenómeno aparecen referentes políticos que han marcado el debate regional. El modelo de seguridad impulsado por el presidente salvadoreño Nayib Bukele, las reformas económicas de Javier Milei en Argentina y las políticas migratorias defendidas por Donald Trump continúan influyendo en numerosos líderes conservadores.
La contienda peruana refleja una fuerte división política. Analistas sostienen que muchos ciudadanos no se identifican plenamente con ninguno de los candidatos y podrían votar más por rechazo al adversario que por verdadera afinidad.
Keiko Fujimori continúa generando opiniones encontradas. Su apellido conserva respaldo entre quienes valoran aspectos del gobierno de su padre, Alberto Fujimori, pero también provoca rechazo por las condenas judiciales que enfrentó el exmandatario por violaciones a los derechos humanos.
Su rival, Roberto Sánchez, mantiene vínculos políticos con el expresidente Pedro Castillo, condenado por conspiración tras la crisis institucional de 2022. Para algunos sectores, esa cercanía representa continuidad política; para otros, constituye un factor de preocupación.
Las encuestas muestran una competencia cerrada, mientras el voto blanco y nulo mantiene un peso importante que añade incertidumbre al resultado.
En Colombia, la principal sorpresa electoral fue el desempeño de Abelardo De la Espriella, quien logró superar en la primera vuelta al candidato de izquierda Iván Cepeda, favorito en gran parte de los sondeos.
El abogado colombiano ha construido su campaña alrededor de postulados conservadores, el fortalecimiento de la autoridad estatal, la defensa de la familia tradicional y críticas a algunas agendas progresistas. También ha buscado proyectarse como una figura distinta a los partidos tradicionales.
Cepeda, por su parte, ha respaldado los diálogos de paz con grupos armados y planteado reformas institucionales profundas, incluyendo la posibilidad de convocar una Asamblea Constituyente.
Especialistas consideran que el crecimiento de figuras como De la Espriella responde al desgaste de gobiernos de izquierda que no han logrado resolver problemas persistentes relacionados con la economía, la inseguridad y la calidad de vida.
El avance conservador no responde únicamente a razones ideológicas. Diversos analistas coinciden en que existe un creciente desencanto con las instituciones tradicionales y con la capacidad de los gobiernos para responder a las demandas ciudadanas.
Frente a desafíos como la criminalidad, la inflación, el desempleo y la migración irregular, una parte del electorado se inclina por líderes que prometen soluciones rápidas y decisiones contundentes.
Sin embargo, académicos advierten que algunos de estos movimientos plantean riesgos para el equilibrio democrático. Según varios expertos, ciertos liderazgos muestran una tendencia a concentrar poder y a reducir el papel de los contrapesos institucionales.
Aunque las nuevas derechas continúan ganando terreno, su permanencia en el poder no está asegurada.
Experiencias recientes demuestran que los gobiernos elegidos bajo estas propuestas también enfrentan desgaste cuando los resultados no cumplen las expectativas de la población. Las dificultades económicas, los conflictos sociales y las limitaciones institucionales suelen afectar rápidamente su popularidad.
El caso de Bolivia ilustra este fenómeno. Apenas meses después de asumir la presidencia, Rodrigo Paz enfrenta protestas, bloqueos y cuestionamientos crecientes a su gestión, pese al respaldo que obtuvo en las urnas.
Dentro de este panorama, Nayib Bukele aparece como la figura más exitosa de la nueva derecha latinoamericana. Su estrategia contra las pandillas redujo significativamente los niveles de violencia en El Salvador y fortaleció su popularidad tanto dentro como fuera de su país.
Aunque organismos internacionales han cuestionado aspectos de su política de seguridad por posibles afectaciones a los derechos humanos, su modelo sigue despertando admiración entre amplios sectores ciudadanos de la región.
Su influencia ha sido visible en campañas recientes en Chile, Ecuador, Perú y Colombia, donde distintos candidatos han incorporado discursos enfocados en la seguridad, el control migratorio y el fortalecimiento de la autoridad estatal.
Con Perú y Colombia a las puertas de elecciones decisivas, América Latina podría entrar en una nueva etapa de reconfiguración política. Los resultados de ambos procesos servirán para determinar si el ascenso de las nuevas derechas representa una transformación duradera o una reacción temporal frente al desgaste de los proyectos progresistas que dominaron parte del escenario regional en años recientes.