Cuando Panamá y Venezuela se encontraron: la tarde en que el istmo abrazó a María Corina Machado

Roberto Barrios | La Estrella de Panamá
  • 25/05/2026 17:43

La entrega de la Llave de la Ciudad se transformó en una escena cargada de simbolismo, memoria y esperanza mientras la líder opositora promete regresar a su tierra

La tarde no parecía una ceremonia política. Parecía un abrazo.

A las afueras de la Alcaldía de Panamá, Venezuela y Panamá se confundían en una misma escena: polleras panameñas ondeando junto a vestidos tradicionales venezolanos, vasos de raspao bajo el sol de mayo, perros calientes humeando en las esquinas y canciones venezolanas llenando el aire mientras decenas de personas esperaban la llegada de la Premio Nobel de la Paz 2025 y líder de la oposición venezolana, María Corina Machado.

Al fondo del escenario había un corazón inmenso partido en dos mitades perfectas: una pintada con la bandera panameña y la otra con los colores venezolanos. Nadie necesitaba explicar el mensaje.

Muchos de los presentes habían cruzado selvas, aeropuertos y fronteras. Otros llegaron hace años buscando refugio. Todos parecían compartir la misma sensación: la de estar viendo algo más grande que un acto protocolar.

Cuando el alcalde Mayer Mizrachi tomó la palabra, el ambiente cambió de tono. Ya no hablaba solamente una autoridad municipal. Hablaba alguien consciente del peso emocional que cargaba esa tarde.

“Yo te veo a ti como una madre de millones”, le dijo a Machado, mientras el público guardaba silencio.

Sus palabras resonaron especialmente entre los venezolanos presentes. Muchos asentían con la cabeza; otros simplemente escuchaban. Mizrachi habló de un pueblo que tuvo que irse, pero también del deseo profundo de regresar. “Yo odiaría que los venezolanos de Panamá se fueran, pero odio más que se queden por las razones equivocadas”, expresó.

Luego apareció la llave.

No era únicamente un símbolo institucional. Era una pieza artesanal diseñada por el creativo panameño Tony Vergara, adornada con flores de Venezuela y Panamá cosidas completamente a mano. Orquídeas, lirios y flores de mayo se entrelazaban como si ambos países hubieran aprendido a hablar el mismo idioma a través de la migración y la solidaridad.

“Cada pieza fue cosida personalmente”, explicó Vergara, sosteniendo la obra con cuidado casi ceremonial.

Cuando finalmente habló María Corina Machado, la emoción terminó de desbordar la plaza.

La dirigente venezolana evocó la historia compartida de América Latina, recordó el sueño integrador de Simón Bolívar y agradeció a Panamá por recibir a cientos de miles de venezolanos que atravesaron el continente intentando salvar sus vidas.

“Aquí muchos cayeron, muchos no pudieron continuar”, dijo con la voz quebrada. “Pero aquí también encontraron la cara más hermosa de la solidaridad.”

Entonces vino la promesa que hizo estallar los aplausos: “Venezuela será libre”.

Las banderas comenzaron a levantarse en el aire. Algunos gritaban. Otros sonreían. Varias personas simplemente miraban a lo lejos.

Y mientras caía la tarde sobre la ciudad, quedaba la sensación de que aquella llave no abría solamente las puertas de Panamá, sino también la esperanza de un regreso.