La iglesia de Santa Ana: el último templo colonial del Arrabal que clama por restauración

Muchas iglesias coloniales ubicadas fuera del área de intramuros del Casco Antiguo —en el denominado arrabal— han quedado en el abandono y el olvido.
En la Iglesia de Santa Ana se requieren trabajos de reposición y restauración de elementos arquitectónicos, limpieza especializada, tratamientos de muros y consolidación estructural; así como una mejora en sus espacios circundantes.
En 2012, el Conjunto Monumental Histórico de Panamá, que incluye la Iglesia de Santa Ana, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
  • 04/04/2026 00:00

El deterioro de la Iglesia de Santa Ana evidencia el abandono del patrimonio colonial en el arrabal de Casco Antiguo de Panamá, en contraste con la restauración del área intramuros. Expertos advierten sobre la urgencia de una intervención integral para preservar este símbolo histórico y social clave en la identidad panameña

Mientras el antiguo recinto amurallado del Casco sobre el actual corregimiento de San Felipe se ha impulsado la restauración de edificaciones patrimoniales de alto valor arquitectónico, con el objetivo de preservar su legado histórico y sirvan de atracción turística, muchas iglesias coloniales ubicadas fuera del área de intramuros —en el denominado arrabal— han quedado en el abandono y el olvido. Este es el caso de la Iglesia de Santa Ana, así como de otras edificaciones como la desaparecida iglesia de Malambo y la iglesia de San Miguel en Calidonia, que evidencian una clara desigualdad en la atención al patrimonio. A pesar de su relevancia histórica y cultural, el templo continúa sin una restauración integral, afectado por el paso del tiempo y por diversos desastres naturales.

La iglesia de Santa Ana también ha tenido un significado especial para la comunidad. Ubicada en una de las zonas más vulnerables tras el declive del centro histórico, ha sido un espacio de referencia espiritual, pero también de apoyo social. No solo un lugar de fe, sino también de encuentro, solidaridad y acompañamiento para las comunidades de los barrios populares como Santa Ana y El Chorrillo, un espacio de convivencia para niños, jóvenes, adultos mayores y familias. En ese contexto estos lugares son claves en la organización social y urbana.

Un patrimonio colonial en peligro

La iglesia de Santa Ana —cuyos orígenes se remontan al periodo colonial— se encuentra en un estado lamentable. Si no se interviene pronto, el peso de los años podría resultar irreversible para su conservación. Actualmente, el inmueble presenta múltiples alteraciones y añadidos, entre ellas el cuerpo posterior donde se realizan las laboras administrativas del templo, así como los estacionamientos construidos sobre el predio que en el pasado albergó el primer Hospital de Santo Tomás de Villanueva.

Según el historiador y arquitecto Dr. Eduardo Tejeira, el templo actual corresponde a la segunda versión de la iglesia, ya que la primera fue construida en madera. La estructura que hoy conocemos fue edificada en 1757 gracias al aporte del Conde de Santa Ana, Mateo Izaguirre. Se trata de un templo representativo del diseño colonial panameño, con planta rectangular, muros de mampostería, armadura de par e hilera y elementos estructurales de madera, características comunes en las iglesias del área intramuros.

Historia, resiliencia y deterioro a lo largo de los siglos

A lo largo de su historia, el templo ha resistido múltiples eventos adversos. En 1854, un incendio destruyó el techo y gran parte de su interior, dejando la iglesia en ruinas durante un largo periodo. Posteriormente, el sismo de 1867 afectó nuevamente su estructura. Ya en el siglo XX, otro incendio en 1938 provocó daños significativos. En 1950 se realizó un proyecto de restauración y, en 1962, fue declarado Monumento Histórico Nacional. Sin embargo, el paso del tiempo y nuevos eventos sísmicos, como el terremoto de 1976 —de magnitud 5.1—, continuaron afectando el templo. En 2012, el Conjunto Monumental Histórico de Panamá, que incluye la Iglesia de Santa Ana, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. A pesar de su valor histórico, las intervenciones realizadas durante el siglo XX alteraron significativamente el templo, incluyendo la pérdida de retablos coloniales y otros elementos originales.

El desafío de la conservación patrimonial en el arrabal

En la Iglesia de Santa Ana se requieren trabajos de reposición y restauración de elementos arquitectónicos, limpieza especializada, tratamientos de muros y consolidación estructural; así como una mejora en sus espacios circundantes. Cada intervención debe realizarse respetando los principios de la restauración patrimonial, utilizando materiales compatibles y técnicas adecuadas a las condiciones actuales. Este proceso debe llevarse a cabo en coordinación con la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura, aplicando técnicas apropiados para su conservación y recuperación.

Como parte de programas de reinserción social, internos del Centro Penitenciario El Renacer participaron recientemente en ¨labores de apoyo y mantenimiento¨ de la iglesia, dentro del Plan Libertad, publicitado en los medios de comunicación. No obstante, surge la interrogante sobre la idoneidad de estas intervenciones y la necesidad de que las mismas sean supervisadas y avaladas por profesionales capacitados en conservación patrimonial. Estas labores se desarrollaron en vísperas de la Semana Santa, avalado por entidades gubernamentales.

Entre la memoria histórica y el abandono

La iglesia de Santa Ana ha sido también un importante eslabón durante el proceso de consolidación del Estado nacional de Panamá, reflejado en su plaza y en su entorno urbano como lugar de encuentro de políticos, pensadores, artistas, educadores e intelectuales. En este sentido, la Iglesia Católica atravesó profundos procesos de transformación, producto de su relación con la modernidad política y religiosa. Este nuevo orden político permitió a la Iglesia mantener cierto control hegemónico sobre la esfera espiritual. Sin embargo, esta posición comenzó a debilitarse debido a los procesos de secularización y al surgimiento del estado nacional y la participación norteamericana. En este escenario, la iglesia debió redefinir su papel dentro de una esfera pública cada vez más diversa, marcada por cambios sociales, económicos y culturales.

La Iglesia de Santa Ana constituye un testimonio fundamental del patrimonio colonial y de la evolución urbana y social del país. Su avanzado estado de deterioro evidencia la urgencia de una intervención integral, técnica y debidamente supervisada. Preservarla no solo implica conservar un bien arquitectónico, sino también salvaguardar un elemento clave de la memoria histórica y la identidad colectiva, lo que exige una acción coordinada entre Estado, especialistas y sociedad.