Mitchell Doens: el largo peregrinaje de un torrijista que ayudó a reconstruir el PRD
- 25/08/2026 00:00
Compañeros y amigos recuerdan al exministro como un hombre de firmes convicciones, capaz de dialogar, concertar y adaptar sus ideas sin abandonarla
Mitchell Doens recorrió junto a Francisco Sánchez Cárdenas miles de kilómetros por las carreteras de Panamá. No lo hicieron rodeados de comodidades ni respaldados por una poderosa maquinaria política. Viajaban en una camioneta de reparto alquilada, cargada de propaganda y con apenas suficiente dinero para combustible, comida y alojamiento.
El economista y el neurocirujano se turnaron para conducir por el interior del país. Buscaban reunir las piezas dispersas de un Partido Revolucionario Democrático (PRD) golpeado por la invasión estadounidense de 1989 y por el peso de su propio pasado.
Décadas después, Sánchez Cárdenas conserva aquel viaje como una de las imágenes que mejor retratan a su amigo: un dirigente dispuesto a recorrer el país, asumir sacrificios y trabajar desde las bases para reconstruir el colectivo al que dedicó buena parte de su vida.
Mitchell Constantino Doens Ambrosio falleció este lunes 24 de agosto, a los 79 años. Permanecía hospitalizado desde el viernes en el Hospital Santo Tomás debido a un cuadro de neumonía. Durante la mañana sufrió un paro y, poco después, se confirmó su muerte.
Con su partida, el PRD pierde a uno de sus dirigentes históricos. Quienes lo conocieron despiden, además, al amigo, al compañero de extensos debates y al hombre de firmes convicciones que aprendió a convertir el radicalismo de sus primeros años en una herramienta de diálogo político.
“En primer lugar, fue un compañero de partido; en segundo lugar, un colaborador; y luego, un amigo”, expresó el expresidente Ernesto Pérez Balladares.
Doens nació el 26 de septiembre de 1946 en la provincia de Colón. Sus inquietudes políticas comenzaron durante sus años como estudiante del colegio Fermín Naudeau. En aquella época, Sánchez Cárdenas transitaba un camino similar desde el Instituto Nacional.
Ambos asumieron inicialmente una posición contraria al golpe militar del 11 de octubre de 1968. Sánchez Cárdenas estudiaba en España y regresó a Panamá junto con Carlos “Titi” Alvarado y la doctora Griselda Ramsey para incorporarse a los movimientos que rechazaban el golpe. Tiempo después supo que Doens había participado, por su cuenta, en luchas similares.
La posición de Omar Torrijos frente a las desigualdades sociales y su discurso nacionalista modificaron su percepción.
“La postura de Omar Torrijos ante los grandes problemas de la sociedad y su posición nacionalista nos hizo identificarnos con él”, recordó Sánchez Cárdenas.
Pedro Miguel González situó a Doens como un referente del movimiento estudiantil y progresista panameño de las décadas de 1960 y 1970. Antes de incorporarse al proyecto torrijista, militó en el Partido del Pueblo y posteriormente se convirtió en uno de los principales dirigentes de la “Tendencia”, considerada el ala más progresista del partido fundado por Torrijos.
Cuando el PRD fue constituido formalmente, en 1979, Doens tenía 33 años y era uno de sus cuadros jóvenes más destacados.
Para González, la vida política de aquella generación estuvo inspirada en las luchas nacionalistas y populares. La llegada de Torrijos abrió a sectores históricamente perseguidos un espacio desde el cual impulsar el perfeccionamiento de la soberanía, la independencia y la justicia social.
“Así entendemos nosotros el papel del torrijismo en la sociedad panameña. Y esa sigue siendo nuestra razón de ser, aunque algunos dirigentes actuales no lo entiendan”, afirmó.
Los caminos de Doens y Sánchez Cárdenas volvieron a encontrarse después de la invasión estadounidense. Junto con Gerardo González, Tomás Gabriel Altamirano Duque y Ernesto Pérez Balladares emprendieron la reorganización de un partido que muchos daban por acabado.
De aquel proceso nació una amistad sustentada, según Sánchez Cárdenas, en la unidad, el desprendimiento y el sacrificio. Entre él y Doens se convirtió en una hermandad “que nunca flaqueó siquiera ante las adversidades”.
Pérez Balladares recordó que Doens representaba a la izquierda del PRD, pero poseía la capacidad de reconocer los objetivos comunes y moderar las posturas que podían impedir los acuerdos.
“Tuvo la capacidad de ver el objetivo que teníamos en común y modificar lo que pudieron haber sido posturas radicales para convertirse en un práctico dirigente político”, manifestó.
Su principal contribución, explicó, fue conversar con quienes habían estado vinculados estrechamente a las administraciones anteriores y convencerlos de la necesidad de cambiar y adaptarse a las nuevas circunstancias políticas.
González también destacó la valentía de los dirigentes que, cuando muchos consideraban terminado el torrijismo, hicieron posible que el PRD regresara al poder menos de cinco años después de la invasión.
La reorganización culminó con la victoria electoral de Pérez Balladares en 1994. Doens, quien participó activamente en la campaña, fue nombrado ministro de Trabajo y Bienestar Social. El mandatario consideró que era la persona indicada para presentar la reforma al Código de Trabajo y dialogar con los trabajadores.
Como integrante del Comité Ejecutivo Nacional durante aquel gobierno, también participó en la defensa del cumplimiento de los Tratados Torrijos-Carter. González recordó su oposición al proyecto para establecer un Centro Multilateral Antidrogas, mediante el cual Estados Unidos pretendía prolongar su presencia militar en Panamá después del año 2000.
Para Doens y otros dirigentes nacionalistas, sostuvo, aquello constituía una base militar disfrazada y era, por tanto, inaceptable.
En octubre de 2009, Doens asumió la Secretaría General del PRD, mientras Francisco Sánchez Cárdenas ocupaba la presidencia y Pedro Miguel González la primera subsecretaría. Lo hizo después de una contundente derrota electoral y cuando, según González, el gobierno de Ricardo Martinelli se había propuesto destruir al partido.
“El miedo y la traición jugaban su papel”, recordó. Aun así, Doens aceptó conducir el colectivo desde la oposición. Tres años después, aquella dirigencia fue derrotada internamente por la denominada Ola Azul, pese a que el PRD encabezaba las encuestas nacionales.
Para González, esa experiencia dejó una lección: mantenerse leal a los valores y principios le da al partido una razón de ser, mientras alejarse de ellos conspira contra el PRD y contra el interés nacional.
Doens mantuvo hasta sus últimos años su preocupación por la soberanía panameña y la relación con Estados Unidos. González está convencido de que, ante el escenario actual, habría exigido respeto a la independencia y libre autodeterminación de Panamá y rechazado lo que considera la reducción del país al papel de “satélite de Estados Unidos”.
“Estoy seguro de que Mitchell se fue con esa espina clavada en su corazón, pero también con la esperanza de que esta y las futuras generaciones sabremos recuperar nuestra dignidad nacional”, expresó.
El PRD lo despidió como un hombre de profundas convicciones que dejó su huella en varias generaciones de militantes: “Hasta siempre, compañero Mitchell”.
Quedan sus cargos, discursos y batallas políticas. Pero queda también aquella camioneta avanzando por las carreteras del interior, conducida por dos amigos empeñados en unir a un partido fracturado.
Para unos, Mitchell Doens fue dirigente, ministro, estratega o referente del torrijismo. Para quienes caminaron junto a él terminó siendo algo más sencillo y profundo: un amigo.