Mizrachi, Ruíz Díaz y las demás fórmulas municipales que terminaron fracturadas en Panamá
- 16/09/2026 11:47
Renuncias, denuncias penales y acusaciones de autoritarismo han marcado la relación entre varias autoridades elegidas conjuntamente para dirigir los gobiernos locales
Las alianzas construidas para ganar una elección municipal no siempre sobreviven al ejercicio del poder. El nuevo enfrentamiento entre el alcalde capitalino, Mayer Mizrachi, y el vicealcalde Roberto Ruiz Díaz vuelve a poner bajo la lupa una figura que, aunque es escogida mediante el voto popular, puede quedar relegada cuando desaparece la confianza política con el jefe de la administración.
Ruiz Díaz anunció que el próximo 1 de octubre se reincorporará a la Alcaldía de Panamá, después de permanecer con licencia sin sueldo desde febrero de 2025. Su regreso, sin embargo, ocurrirá en medio de acusaciones, denuncias y una relación quebrada con Mizrachi.
El alcalde advirtió que su antiguo compañero de fórmula deberá someterse a las decisiones y asignaciones de la administración. Incluso planteó la posibilidad de enviarlo a trabajar al albergue municipal para habitantes de calle ubicado en Las Garzas.
También lo acusó de intentar “sabotear” y “desprestigiar” su gestión desde fuera del Municipio.
Ruiz Díaz respondió que regresará simplemente “como vicealcalde” y que no está solicitando funciones adicionales. Además, aseguró que durante su licencia presentó cuestionamientos y denuncias ante la Fiscalía Anticorrupción por situaciones relacionadas con la vigilancia municipal, la Policía Municipal, algunos eventos y contrataciones que, según afirmó, presentan presuntas irregularidades.
El choque convierte a la fórmula que ganó la Alcaldía de Panamá en 2024 en el capítulo más reciente de una historia marcada por alianzas electorales que terminaron en confrontaciones públicas.
Las diferencias entre Mizrachi y Ruiz Díaz aparecieron pocos meses después de asumir el cargo, el 1 de julio de 2024.
Además de vicealcalde, Ruiz Díaz había sido designado secretario general de la Alcaldía, una posición desde la que debía coordinar las distintas direcciones municipales. En octubre de ese mismo año puso el puesto a disposición y Mizrachi decidió dejar sin efecto su nombramiento.
En enero de 2025, el Consejo Municipal aprobó la solicitud de Ruiz Díaz para acogerse a una licencia sin sueldo por dos años. Aunque inicialmente atribuyó la decisión a asuntos personales, posteriormente explicó que buscaba permitir que Mizrachi desarrollara su propuesta de gobierno.
La distancia se profundizó cuando el vicealcalde denunció por presunta usurpación de funciones a Alejandro Miranda, amigo del alcalde, a quien señaló de participar en reuniones y emitir instrucciones sin ocupar formalmente un cargo municipal.
La investigación fue archivada por el Ministerio Público al determinar que no existían elementos constitutivos de delito. Posteriormente, Miranda interpuso contra Ruiz Díaz una querella por calumnia e injuria en la que solicitó una compensación de $250 mil.
El regreso del vicealcalde amenaza ahora con trasladar esa confrontación al interior de la propia administración municipal.
La crisis entre Mizrachi y Ruiz Díaz tiene un antecedente directo en la administración anterior.
Judy Meana llegó a la vicealcaldía como compañera de fórmula de José Luis Fábrega en las elecciones de 2019. Aunque inicialmente ambos negaron mantener diferencias, la relación comenzó a mostrar fracturas durante el periodo municipal.
En abril de 2020, Meana solicitó una licencia para asumir como gobernadora de la provincia de Panamá. Cuando salió de esa posición e intentó regresar a la Alcaldía, se le impidió inicialmente ingresar a las oficinas municipales debido a que todavía debía completarse el trámite para su reincorporación.
La vicealcaldesa retomó posteriormente sus labores e incluso fue designada coordinadora de la Dirección de Comunicación. Sin embargo, el 8 de febrero de 2023 presentó su renuncia irrevocable.
En su carta, acusó a Fábrega de adoptar decisiones “unilaterales e inconsultas” y expresó su disconformidad con lo que describió como una práctica arbitraria. También cuestionó el “manejo unipersonal” de la acción de gobierno y sostuvo que las atribuciones del alcalde habían sido confundidas con “visos de autocracia”. La renuncia y sus señalamientos fueron publicados por La Estrella de Panamá.
Otro enfrentamiento público ocurrió en Arraiján entre el entonces alcalde Pedro Sánchez Moró y la vicealcaldesa Militza Palma.
Desde 2016, Palma había reconocido públicamente que no mantenía ningún tipo de relación con Sánchez Moró. La ruptura adquirió una dimensión institucional en diciembre de 2018, cuando el alcalde fue suspendido y la vicealcaldesa asumió el control del Municipio.
Sánchez Moró fue posteriormente condenado a 84 meses de prisión por peculado, relacionado con el uso irregular de recursos municipales. La sentencia fue confirmada en 2020, de acuerdo con información del Ministerio Público.
El caso mostró la importancia de la figura del vicealcalde ante una ausencia definitiva o suspensión, pero también evidenció cómo una administración puede continuar durante años con sus dos principales autoridades políticamente enfrentadas.
La relación entre José Isabel Blandón y Raisa Banfield no terminó en una confrontación abierta, pero sí evidenció un distanciamiento político.
Ambos llegaron juntos a la Alcaldía de Panamá en 2014. Sin embargo, en agosto de 2018, mientras Blandón se preparaba para competir por la Presidencia, Banfield inició su candidatura independiente para sucederlo como alcaldesa.
La vicealcaldesa decidió permanecer en el cargo hasta el 1 de julio de 2019, argumentando que había sido elegida por voto popular. Explicó que buscaba garantizar la continuidad de los proyectos de transformación urbana y sostenibilidad impulsados durante la administración.
Aunque no hubo denuncias ni ataques personales, la candidatura marcó la separación electoral de la fórmula y confirmó la autonomía política de Banfield frente a Blandón.
La raíz de estas confrontaciones también se encuentra en la configuración institucional de la vicealcaldía. Aunque el alcalde y el vicealcalde son elegidos mediante votación popular, no necesariamente comparten el mismo poder dentro de la administración.
El vicealcalde sustituye al titular en sus ausencias, pero sus responsabilidades cotidianas dependen de las funciones que le sean asignadas o delegadas. Esa condición puede convertir el puesto en una figura con poca capacidad operativa cuando se rompe la relación política.
El regreso de Ruiz Díaz coloca nuevamente esa ambigüedad en el centro del debate: fue elegido por los ciudadanos para integrar la dirección del Municipio, pero deberá ejercer en una administración cuyo alcalde lo considera un adversario.
La fórmula que prometía transformar la ciudad deberá ahora demostrar si ambos pueden permanecer dentro del mismo gobierno sin que su enfrentamiento afecte la gestión municipal.