Panamá ante una nueva etapa demográfica: la transformación silenciosa

Durante 2025 se inscribieron 64,252 nacimientos, 32,877 niños y 31,375 niña. Depositphotos
Panamá pasó de 3.07 hijos por mujer en 1990 a 2.58 en 2010 y a 2.11 en 2024 Depositphotos
  • 18/02/2026 00:00

Mientras los registros continúan sumando nuevos nombres cada día, la serie histórica sugiere que esos nacimientos ocurren dentro de un contexto social distinto.

En Panamá cada día nacen niños, las salas de maternidad siguen su rutina: personal médico que entra y sale, familiares que esperan noticias y padres que sostienen por primera vez a sus hijos. En apariencia, nada cambia. La escena se repite hospital tras hospital, semana tras semana.

Los registros acumulados durante años permiten mirar más allá del momento individual y observar el comportamiento del país completo, sim embargo al contemplarlas nace una interrogante ¿los nacimientos mantienen hoy el mismo ritmo que en décadas anteriores o las generaciones recientes están creciendo bajo un patrón distinto?

Durante 2025 se inscribieron 64,252 nacimientos, 32,877 niños y 31,375 niña, según la Dirección del Registro Civil del Tribunal Electoral. Estas cifras representan cerca de un 2% menos que en 2024, según los registros. Al colocar esa cifra dentro de un periodo más amplio aparecen matices que no se perciben en un solo año. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Censo indican que en el año 2000 Panamá registraba 64,839 nacimientos y una tasa de natalidad de 22.7 por cada mil habitantes, a diferencia de dos décadas después, para 2023 la cifra fue de 59,907 nacimientos y la tasa descendió a 13.5.

Durante la década de 2010 hubo años con más de 70 mil nacimientos, pero esos repuntes no modificaron el patrón general: cada periodo terminó con niveles menores que el anterior.

A partir de 2018 las variaciones anuales comenzaron a reducirse de forma más constante. Es un ajuste progresivo que solo se vuelve evidente cuando se observan décadas completas. ¿Puede un cambio prolongado modificar la estructura de una sociedad sin hacerse visible en la vida cotidiana?

La tendencia en la región

Para responderlo, la serie histórica necesita compararse fuera del país. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) para su observatorio demográfico evidenció que el comportamiento no ocurre en aislamiento. Según sus estimaciones, Panamá pasó de 3.07 hijos por mujer en 1990 a 2.58 en 2010 y a 2.11 en 2024.

La cifra adquiere relevancia al acercarse al nivel de reemplazo poblacional, alrededor de 2.106 hijos por mujer para el país, punto en el que una generación apenas sustituye a la anterior y el crecimiento deja de depender de nacimientos abundantes. La región presenta un comportamiento similar, América Latina y el Caribe registró 3,24 en 1990, 2,18 en 2010 y 1,80 en 2024, lo que indica una transición demográfica.

El panorama

Para conocer cómo se perciben estos cambios fuera de las estadísticas, La Estrella de Panamá conversó con Sofía, de 30 años. Explica que ha priorizado su estabilidad laboral y que la maternidad no forma parte inmediata de sus planes; además, no ha encontrado una pareja con quien proyectarla. En su caso, tener hijos no constituye una obligación dentro de su proyecto de vida. “Para mí la maternidad quedó en segundo plano; prefiero enfocarme en otras cosas. Ser mamá ya no es mi prioridad”, comentó.

Actualmente trabaja mientras busca especializarse en su área y, entre cursos, horarios extendidos y metas profesionales, considera que no dispone ni del tiempo ni de la seguridad económica necesarios para asumir la crianza. “Quiero sentir que tengo estabilidad primero. No solo es tener un hijo, es poder dedicarle tiempo, poder mantenerlo. Ahora mismo mi energía está en crecer profesionalmente”. Añadió que en su entorno varias amistades atraviesan procesos similares: algunas aplazan la maternidad, otras no la contemplan por ahora y otras aún no saben si lo harán en el futuro. “No es que uno diga nunca, pero tampoco es automático como antes. Primero vienen otras metas” señaló.

La maternidad deja de asumirse como una meta inmediata y pasa a evaluarse bajo criterios de estabilidad emocional, económica y profesional. En su caso, la búsqueda de especialización y las exigencias laborales pesan más que la presión social por tener hijos, una decisión que, según relata, también comparten varias personas de su círculo cercano.

Este panorama, marcado por la postergación o replanteamiento del proyecto familiar, abre paso al análisis de sobre cómo están cambiando las prioridades y las dinámicas demográficas actuales.

La organización de la sociedad

Para el sociólogo Mario De León, las decisiones reproductivas no pueden entenderse únicamente desde lo individual, sino desde la organización misma de la sociedad.

Explica que, en primer lugar, Panamá no cuenta con una política explícita de población ni de planificación familiar. Esta ausencia, afirma, responde a algo más profundo: la falta de planificación económica y social del país. “En Panamá no hay una planificación económica y social. Las políticas de población se construyen con la finalidad de dirigirse a situaciones concretas, estas son, obviamente, a objetivos de desarrollo”, dice.

Sostiene que el debate no debe centrarse en si hay muchos o pocos nacimientos, sino en por qué el país no posee un proyecto de desarrollo que integre la variable poblacional. Al comparar generaciones, indica que la maternidad y la paternidad no son ideas estáticas, sino contingentes: cambian según la forma en que la sociedad distribuye los bienes y servicios.

“La maternidad y la parternidad son contingentes. Ellas se actualizan a los modos de distribución de los bienes y servicios socialmente producidos. A partir de este hecho, en una segunda instancia, ya condicionada por la primera, los individuos hacen con su vida lo que pueden o lo que la sociedad le permite y facilita. En los últimos casi 40 años ha prevalecido el modelo neoliberal en Panamá y en todo el continente. Hechado todo a la fuerza invisible del mercado y a la desplanificación del orden de la vida social, entonces, el no tener hijo es más un mecanismo de supervivencia” explica.

Al preguntarle sobre la disminución de los nacimientos, explica que el fenómeno debe analizarse por clases sociales y no como un comportamiento homogéneo. La inserción histórica de Panamá en la economía global como país de tránsito y servicios, junto con políticas económicas que han ampliado la desigualdad, han producido una estructura laboral con amplio sector informal.

“El 10% de la población más rica del país concentra el 39.4% del total ingreso nacional, mientras que la más pobre apenas alcanza a retener un 1.2%. De modo que, la pregunta a responder debería ser ¿Quiénes no están teniendo hijos, a qué clase social pertenecen y a cuáles ocupaciones laborales dedican su tiempo? Con ella quiero señalar que los factores sociales no son homogéneos para todas las clases sociales”, dice.

Finalmente, advierte que la reducción de la natalidad plantea retos estructurales para el país.” Lo esencial es acoplar a las actividades económicas de tránsito y servicio un modelo de desarrollo que aproveche las ventajas comparativas que permite la posición geográfica del país. Así, aumentaría las ofertas de trabajos, disminuiría la informalidad como la desocupación. El otro gran reto es romper con la concentración de las riquezas para mejorar la distribución de las riquezas por medio del salario y del costo de la vida. Para todo esto es necesario que los sectores populares armen su propio proyecto político que les permita balancear la correlación de fuerzas. Solo así se democratizarían los poderes.” Finaliza.

Las cifras, los testimonios y la lectura del especialista convergen en un mismo punto: el comportamiento de los nacimientos no puede entenderse como un hecho aislado ni únicamente biológico.

Las decisiones individuales, aparecen vinculadas a condiciones materiales, expectativas de vida adulta y a la forma en que la sociedad organiza el trabajo, los ingresos y el futuro. Mientras los registros continúan sumando nuevos nombres cada día, la serie histórica sugiere que esos nacimientos ocurren dentro de un contexto social distinto al de décadas anteriores.

Mientras los registros continúan sumando nuevos nombres cada día, la serie histórica sugiere que esos nacimientos ocurren dentro de un contexto social distinto.

En ese sentido, los datos dejan de ser solo conteos anuales para convertirse en indicadores de transformaciones sociales más amplias: hogares más pequeños, trayectorias vitales más largas antes de la crianza y proyectos personales que se reordenan a lo largo del ciclo de vida.

Mario De León
Sociólogo
Los pocos empleos disponibles demandan que la clase trabajadora se someta a mayores niveles de explotación, el trabajador lo hará obligadamente para sobrevivir o para no disminuir sus estándares de vida