Thubten Wangchen: defender al Tíbet sin alimentar el odio
- 02/10/2026 00:00
Durante su visita a Panamá, el representante del Dalai Lama denunció amenazas a la cultura tibetana y reclamó compasión ante los conflictos mundiales
Defender la identidad de un pueblo y denunciar su sufrimiento sin alimentar el odio hacia quienes lo reprimen. Esa es la convicción que Thubten Wangchen, representante de su santidad el Dalai Lama para América Latina y director de Tibet House Brasil, trasladó a Panamá: la resistencia tibetana debe sostenerse en la no violencia, incluso frente a los abusos que atribuye al Gobierno chino.
En entrevista con La Estrella de Panamá, Wangchen habló sobre las amenazas que, según denunció, enfrentan la lengua, la religión y la cultura del Tíbet. Pero también llevó la conversación hacia las guerras actuales, la responsabilidad de los dirigentes y una contradicción que considera urgente: el desarrollo tecnológico avanza mientras se debilitan el respeto y los valores humanos.
Su visita estuvo vinculada a la presentación del documental Free Tibet: Voices in Exile, en el Museo de la Libertad. La película, explicó, recoge experiencias de tibetanos que han sufrido represión y busca acercar esos testimonios a públicos que conocen poco sobre su situación.
Para Wangchen, el documental permite escuchar a quienes han vivido las consecuencias del control chino sobre el territorio. Su propósito, sostuvo, es dar a conocer el sufrimiento de los tibetanos y contrarrestar la versión que presenta a esa población como beneficiaria del progreso impulsado por China.
Cuestionó el discurso según el cual las condiciones de vida actuales serían mejores que las anteriores. A su juicio, esa narrativa deja fuera las restricciones que denuncia sobre las libertades fundamentales y las dificultades para conservar una identidad propia.
La preocupación central de su relato es la continuidad cultural entre generaciones. Wangchen aseguró que las autoridades chinas buscan debilitar los vínculos de los tibetanos con su idioma, sus tradiciones y sus prácticas religiosas mediante controles sobre la educación y la vida espiritual.
En ese contexto, denunció que cerca de un millón de niños y niñas tibetanos se encuentran en internados, separados de sus familias y sometidos a una enseñanza centrada en el chino mandarín. Según su explicación, ese sistema limita el aprendizaje de su lengua y la transmisión cotidiana de la cultura familiar.
El riesgo que describe va más allá del aula. La separación de padres e hijos, planteó, afecta los espacios en los que una comunidad comparte sus costumbres, sus creencias y su forma de entender el mundo.
Frente a esas amenazas, destacó el papel de las comunidades tibetanas en el exilio. Mencionó a quienes viven en India, Nepal, América, Canadá y Europa como parte de un esfuerzo por preservar el patrimonio cultural y religioso.
Su argumento es que la identidad tibetana ha sobrevivido pese a décadas de presión. Mantenerla implica enseñar el idioma, conservar las tradiciones y asegurar que los jóvenes puedan reconocer sus raíces aun cuando crezcan lejos del territorio de sus antepasados.
Wangchen también denunció restricciones a la expresión religiosa. Afirmó que dentro del Tíbet existen controles sobre la posesión de imágenes del Dalai Lama y de la bandera tibetana, incluso en teléfonos móviles.
Asimismo, señaló que empleados tibetanos que trabajan para el Gobierno chino enfrentan prohibiciones para acudir a templos y monasterios a rezar. Estas denuncias forman parte de su cuestionamiento a las afirmaciones oficiales sobre libertad religiosa y educativa.
Para el entrevistado, preservar la cultura desde el exterior no elimina las dificultades de quienes permanecen dentro del territorio. Describió una población que, según sostiene, siente el peso de la vigilancia y carece de libertad para expresar abiertamente sus inquietudes.
Esa realidad explica el interés por llevar los testimonios a América Latina. Wangchen indicó que, después de Panamá, su recorrido contemplaba Colombia y Costa Rica, con el objetivo de ampliar el conocimiento sobre la situación tibetana.
Durante su visita, afirmó que se reunió con un grupo de integrantes de la Asamblea Nacional de Panamá para explicar la situación tibetana. No recordó los nombres de sus interlocutores ni identificó sus partidos, pero destacó la receptividad que encontró.
También anunció que al día siguiente tenía previsto ser recibido por el vicepresidente de la Asamblea y mencionó encuentros con ocho grupos parlamentarios. Esos acercamientos formaban parte de su esfuerzo por dar visibilidad a la causa tibetana en la región.
Además, relató que se reunió con diez líderes espirituales de distintas comunidades religiosas en Panamá. Valoró la receptividad que encontró y afirmó que estos interlocutores se expresaron a favor de su causa.
Su expectativa es que la difusión del documental acerque a los ciudadanos a las experiencias narradas por los propios tibetanos. Conocer esos testimonios, consideró, permite comprender una lucha que también busca compartir un mensaje de paz.
Al abordar las guerras y las crisis humanitarias actuales, Wangchen situó la libertad y los derechos humanos como principios fundamentales. Todas las personas, expresó, quieren vivir libres y evitar el sufrimiento, la tortura y la muerte.
Desde esa perspectiva, cuestionó la distancia entre las declaraciones de los organismos internacionales y su aplicación. Su crítica apuntó a un mundo donde se habla constantemente de derechos humanos, pero las respuestas concretas resultan insuficientes frente a las violaciones.
También dirigió su atención a los gobernantes. Consideró que la búsqueda de poder y fama, junto con la falta de compasión, contribuye a decisiones que privilegian el beneficio propio y el control sobre los demás.
La filosofía budista ofrece, según explicó, una orientación diferente: pensar en el bienestar colectivo. Su razonamiento parte de reconocer que los otros también desean protegerse del dolor y merecen el mismo respeto que cada persona reclama para sí.
Wangchen vinculó esa reflexión con la meditación, una práctica que recordó como presente en diversas tradiciones religiosas. Para él, el crecimiento material necesita acompañarse de una atención equivalente a la vida interior.
La enseñanza del Dalai Lama que más destacó fue la de evitar el odio y el rencor hacia los chinos, pese al daño que denuncia contra el pueblo tibetano.
Reconoció que aceptar ese mensaje resulta difícil. Sin embargo, explicó que alimentar el odio destruye la paz interior, desgasta el ánimo y puede conducir a más tristeza, enojo y violencia.
“Odiar a alguien no sirve nada”, expresó.
Su reflexión final condensó esa forma de afrontar el conflicto: “Los chinos son nuestro maestro de la paciencia”. Para Wangchen, defender al Tíbet también exige conservar la compasión que considera esencial para transformar las relaciones humanas.