‘For the Loved Ones’ es mi agradecimiento en forma de música
- 22/02/2026 00:00
La más reciente producción de PanaMO, agrupación fundada por el percusionista bocatoreño, aglutina sus raíces panameñas con influencias internacionales
El bocatoreño Obed Succari asegura que la música ha estado presente en su vida desde que nació. “Mi mamá me contó que la única forma de dormirme era encendiendo la radio con música suave, así que el sonido literalmente fue mi cuna”, relata. Pero está consciente de que el momento que realmente marcó su destino fue durante un desfile en Panamá, con cuatro años de edad, sentado sobre los hombros de su papá, cuando escuchó el retumbar de un bombo que lo sacudió de pies a cabeza. “Aquella vibración me atravesó el cuerpo como una revelación: supe que quería dedicar mi vida a provocar esa misma emoción en los demás”.
Ya con nueve años tocaba varios tambores con sus amigos de la escuela y fue adquiriendo una formación, en gran medida autodidacta, guiada por su curiosidad. Luego fue absorbiendo conocimientos de congueros locales y de los grandes maestros que pasaban por Panamá. Estudió vibráfono y teoría musical. Esa etapa, asegura, consolidó su base técnica y profundizó su comprensión del jazz. Localmente adquirió una amplia experiencia con agrupaciones de los más variados géneros, incluyendo la música cubana.
Succari se radicó en Detroit donde ha formado PanaMO, que surge como una agrupación que aglutina sus raíces panameñas y el Latín Jazz y ha sido influenciada por el trabajo de los profesionales que han formado parte de su historia musical. Recientemente presentó For the Loved Ones, una producción que considera un homenaje y agradecimiento a quienes han transitado por su carrera artística.
Sobre For the Loved Ones, PanaMO y su recorrido como músico, Obed Succari conversó con La Estrella de Panamá.
Este álbum es un homenaje a todas las personas que han marcado mi vida, tanto en lo personal como en lo artístico. For the Loved Ones es mi manera de agradecer y de dejar un legado sonoro que une mis raíces panameñas con influencias internacionales.
Es una obra donde se integra todo mi universo sonoro: Latin Jazz, timba, bolero, ritmos en 6/8 como el zaracundé, straightahead jazz, baladas con batá y cumbia panameña – el tamborito. Es un disco tejido con la participación de destacados músicos de Detroit e invitados especiales, pensado como un homenaje íntimo a las personas que han marcado mi vida y, al mismo tiempo, como una declaración estética de lo que es PanaMO hoy.
Cada género que he explorado está presente de alguna manera. La riqueza de haber acompañado a artistas internacionales y liderado proyectos como GrupObed me dio las herramientas para crear una fusión única. En este álbum se siente el pulso del Motown, el alma del jazz de Detroit y la energía de nuestra música tropical.
PanaMO es, sin duda, el proyecto más personal que he construido: es el espacio donde se encuentran mis raíces afro-panameñas, el lenguaje del Latin Jazz y la voz de los grandes músicos que me han acompañado en este camino. Se fundamenta en tres pilares muy claros: los ritmos que he ido aprendiendo y desarrollando a lo largo de mi vida, mis composiciones originales y el aporte creativo de intérpretes extraordinarios que han hecho suya esta música. Sin ellos, PanaMO no sería lo que es.
En más de 20 años, PanaMO ha evolucionado de una exploración amplia de influencias latinas y jazzísticas a un proyecto con una identidad muy definida. Al principio, el grupo era una mezcla abierta de todo lo que yo traía: Caribe, jazz, bolero, bossa, Panamá. Con el tiempo, fui profundizando cada vez más en los ritmos panameños, de los cuales hay más de treinta documentados. Me he enfocado especialmente en los ritmos afro-panameños con alto potencial jazzístico y contemporáneo, aquellos que tienen esa elasticidad rítmica, espacio para la improvisación y una profundidad cultural que permite un diálogo muy natural con el jazz.
En Panamá, era casi una regla dominar repertorios muy variados —salsa, merengue, jazz, rock, pop— porque los clubes, hoteles y eventos exigían de todo. Aquello me dio una base musical amplísima y me mantuvo en constante movimiento. Esa etapa fue, sobre todo, de búsqueda constante. No tenía un camino musical completamente definido; lo que sí tenía era una enorme curiosidad. Me apasionaba tocar, aprender y experimentar sin límites. Entraba en grupos de música típica, reggae en español, rock panameño, combos nacionales, latin jazz... lo que surgiera. Me gustaba mezclar patrones, cambiar el “feel” dentro de una misma pieza, probar matices afro-panameños o cubanos en contextos poco habituales. Con el tiempo entendí que esa libertad y esa mezcla constante fueron el punto de partida de lo que hoy es mi lenguaje musical.
Lo primero, la versatilidad. En Panamá, para vivir de la música había que tocar de todo: salsa, reggae, jazz, música típica y hasta rock o pop, a veces en la misma noche. Eso me enseñó a escuchar, adaptarme al entorno y poner la música por encima del lucimiento personal. Un buen músico no es quien más brilla solo, sino quien logra que el grupo entero suene mejor.
Otra gran lección fue la disciplina, el respeto al tiempo colectivo, al swing compartido y a la constancia, porque el ritmo no es solo técnica sino conversación. También descubrí la importancia de la identidad dentro de la mezcla. Aunque tocábamos repertorio internacional, siempre encontraba espacio para incluir elementos panameños y afrocaribeños. Ahí confirmé que la autenticidad no se impone: se cultiva desde las raíces.
Y, por encima de todo, aprendí de mis compañeros —muchos de ellos verdaderos maestros— la humildad, la generosidad y el valor del intercambio, una transmisión que es sagrada y que procuro mantener con las nuevas generaciones.
En ese momento, el panorama musical del país era bastante limitado: el mejor —y quizá el único— espacio con música en vivo era un establecimiento histórico de entretenimiento para adultos, y recién empezaban a surgir los casinos con sus primeros shows.
Pero la verdad es que no me fui buscando oportunidades profesionales. Salí simplemente para visitar a mi mamá por dos semanas... y esas dos semanas se transformaron en más de dos décadas fuera del país. Fue una decisión motivada por el corazón, por el deseo de compartir tiempo con ella después de mucho tiempo separados. Y, como suele suceder, la vida tenía sus propios planes.
Una vez afuera, todo comenzó a fluir. Empecé a tocar con músicos de altísimo nivel, a involucrarme en proyectos internacionales, a absorber nuevos lenguajes musicales. Esa etapa fuera de Panamá fue esencial para definirme como artista. Me ayudó a valorar aún más mis raíces, a entender que por lejos que uno viaje, la esencia siempre viaja contigo. De hecho, esta historia está reflejada en mi tema “Vicky”, dedicado a mi madre: comienza con una introducción que evoca esa sensación de no saber a dónde te llevará el camino, y se transforma en una pieza rica en matices, con una bonita melodía y grandes solos que expresan todo ese viaje emocional. Es, en cierta forma, mi agradecimiento en forma de música.
Lo que empezó como una etapa de adaptación terminó convirtiéndose en un espacio donde pude reafirmar mi identidad artística con total libertad. Durante todo este tiempo, mi música ha estado en constante evolución. He tenido la fortuna de encontrar aquí un público muy receptivo que valoró desde el principio mi propuesta original, lo cual me dio libertad para seguir experimentando y desarrollando mi propio lenguaje sonoro.
En mis composiciones y en los conciertos con mi grupo, esa diversidad se hace muy evidente y esa fusión no es algo calculado; es el reflejo natural de mi identidad como músico afro-panameño viviendo entre culturas. Y eso se siente muy claramente en mi más reciente álbum, For the Loved Ones: un trabajo donde todo ese recorrido se reúne en equilibrio, con arreglos más maduros, melodías más personales y esa alegría rítmica que siempre me acompaña.
En lo musical, la sensación que me llevo es muy positiva. Se percibe mucha energía creativa y un interés real por formarse y tocar bien. Veo una buena cantidad de jóvenes estudiando sus instrumentos, sobre todo dentro del formato clásico, y también muchos jazzistas con muy buen nivel, lo cual habla de una base sólida para el futuro.
Sin embargo, siento que la infraestructura todavía puede crecer, especialmente en lo que se refiere a clubes y espacios estables donde el jazz y la música original puedan presentarse con regularidad. Hay talento y ganas, pero faltan más lugares donde esa creatividad pueda desarrollarse noche tras noche.
En el mundo salsero, personalmente me gustaría escuchar más repertorio original; a veces percibo cierta nostalgia, como si se mirara demasiado hacia atrás y poco hacia nuevas propuestas propias. En cambio, en otros géneros noto una fuerza creativa muy marcada. Los tipiqueros, rockeros y reguetoneros suelen apostar por ideas originales, mostrando una identidad clara y contemporánea. Y me emociona especialmente ver el resurgimiento del calipso y de los combos nacionales: es como una reconexión con la historia musical del país, con esa mezcla afroantillana y popular que siempre ha sido parte del ADN panameño.
Más que una idea, es uno de mis grandes anhelos pendientes. Me gustaría regresar no solo como el músico que se fue hace años, sino como un artista que ha desarrollado una propuesta afropanameña y de Latin Jazz más madura, lista para dialogar de tú a tú con la escena actual del país.
Soy consciente de que muchas y muchos jóvenes en Panamá quizás aún no me conocen, pero también sé que existe memoria y cariño dentro de la comunidad de músicos y artistas con los que compartí etapas anteriores. Volver con un concierto sería, para mí, una forma de honrar esa historia compartida y, al mismo tiempo, abrir una conversación nueva con las generaciones que vienen.
Los panameños pueden escuchar mi música prácticamente en cualquier parte del mundo donde haya acceso a plataformas digitales. For the Loved Ones es distribuido por CD Baby, lo que lo pone disponible en más de 150 servicios de streaming y descarga, además de YouTube, donde también encontrarán videos, presentaciones en vivo y contenido de PanaMO y de este proyecto. En redes sociales, en Instagram, TikTok y Facebook, siempre bajo el nombre OB Succari, comparto adelantos de nuevas composiciones, fragmentos de conciertos, noticias sobre PanaMO y pequeños momentos del proceso creativo detrás de For the Loved Ones.
Sería un honor saber que, desde cualquier rincón de Panamá, alguien le da “play” a PanaMO o a For the Loved Ones y siente que, de alguna manera, esta música también le pertenece. Al final, todo este viaje nace de ahí: de las raíces, de los afectos y de la necesidad de hacer música, precisamente, for the loved ones.