Carolin Carson: ‘Necesitamos transformar nuestra idea de la humanidad’

Ha dedicado su carrera a la defensa de los derechos humanos y el desarrollo social. DAYANA NAVARRO | La Estrella de Panamá
  • 27/07/2026 19:51

En esta edición de ‘Mía Voces Activas’, conversamos sobre su vocación, los desafíos de su labor y el legado que espera dejar a las futuras generaciones.

Hay personas que hacen de su profesión una herramienta para transformar vidas. Carolin Carson, fundadora de la organización comunitaria NiMu Panamá, es una de ellas. En esta edición de ‘Mía Voces Activas’, conversamos sobre su vocación, los desafíos de su labor y el legado que espera dejar a las futuras generaciones en una organización cuyo propósito es fortalecer los tejidos comunitarios con énfasis en el empoderamiento de la niñez y la mujer panameña.

¿Cómo ha sido el camino que la llevó a dedicar su carrera la defensa de los derechos humanos y el desarrollo social?

Yo creo que siempre supe que quería estar al servicio de los demás, y fue muy natural escoger la carrera de Derecho, porque sentía que era una manera de llevar verdaderamente los derechos a las personas. Algo que me pasó durante la carrera es que sentía que los derechos se quedaban en el papel, pero que necesitábamos hacer más para llevar, de verdad, los derechos humanos a las comunidades.

En ese sentido, ha sido muy natural ejercer el Derecho como mi profesión y poder verlo desde un punto de vista profesional, pero también social. Desde niña estuve muy en contacto con situaciones de vulnerabilidad, debido a mi cercanía con la provincia de Darién y a mi historia familiar. De alguna manera, sentía que no había otra opción.

¿Hubo alguna experiencia o momento específico en su vida que despertó su vocación por dedicarse a esta labor?

Mi familia es originaria de la provincia de Darién, que, como muchos sabemos, es una de las provincias más empobrecidas de Panamá. Y digo “empobrecidas” porque decir que es pobre es, de alguna manera, poner la responsabilidad en la provincia, cuando en realidad ha sido empobrecida tras años de despojo de recursos.

Mi familia me llevó por primera vez a Darién cuando tenía nueve años. Fue allí donde entré en contacto con necesidades muy grandes, no solo materiales, sino también educativas y de gestión social. Había muchísimas carencias y creo que ver esa realidad desde tan pequeña despertó algo en mí.

Con el paso de los años estuve cada vez más en contacto con las historias de las personas. Muchas veces, cuando pensamos en temas sociales, los vemos desde una perspectiva muy macro; sin embargo, detrás de esos grandes números hay historias reales y personas reales. Estar en contacto con esos dolores tan profundos despertó en mí una enorme sensibilidad. Uno de esos dolores llegó cuando tenía alrededor de 14 años y recibí la noticia de que habían asesinado a un amigo mío de Darién.

En esa provincia, en la mayoría de los pueblos no hay educación secundaria. Cuando los jóvenes quieren continuar sus estudios más allá de noveno grado, tienen que mudarse a la ciudad, generalmente a corregimientos que también enfrentan situaciones de vulnerabilidad, violencia y pobreza.

Producto de un intercambio de disparos, él perdió la vida. Era un niño con el que compartía, jugaba y, de alguna manera, crecí desde que era pequeña. Ese tipo de experiencias son imposibles de ignorar. Creo que, particularmente, esa historia consolidó mi necesidad de dedicar realmente mi carrera a esta causa. Había muchas otras cosas que quería hacer o que pude haber escogido, pero sabía que tenía que estar al servicio de los demás y que podía moldear mi carrera para que eso tuviera sentido para mí.

En el camino también he tenido un despertar muy profundo con las personas privadas de libertad, especialmente con las mujeres privadas de libertad en la cárcel de Colón. No solo hemos acompañado procesos de sanación relacionados con la violencia, sino que ellas también han sanado muchas cosas en nosotras, en la organización y en las jóvenes que participamos en estos talleres, ha sido una experiencia muy bonita.

Otra experiencia que marcó mi camino, y por la que hoy soy muy vocal en la defensa de los derechos de las personas privadas de libertad, ocurrió durante la carrera de Derecho, cuando me correspondió realizar una investigación sobre la pena de prisión en Panamá. Hago ese énfasis porque, cuando hablamos de prisión, no podemos limitarnos al sistema penitenciario, a la ley o a los textos jurídicos; tenemos que hablar de la persona que está privada de libertad.

Ese fue el verdadero foco de mi investigación: no solo analizar la pena de prisión como la establece el Código, sino comprender qué ocurre con la persona que la está cumpliendo. Fue ahí donde comenzó otra vertiente de mi activismo: la defensa de los derechos de las personas privadas de libertad. Más que una profesión, entendí que quería dedicar mi vida al servicio de las comunidades.

Fundó NiMu Panamá, una organización que trabaja en favor de niños, mujeres y personas en condición de vulnerabilidad. Este año celebra su quinto aniversario. ¿Cómo nació esta iniciativa y qué significa para usted llegar a este importante hito?

NiMu Panamá nace hace cinco años, pero ya yo venía haciendo cosas de manera independiente. En 2019, cuando se vivieron los momentos más álgidos de la crisis migratoria en Panamá, pasando yo tanto por Darién, que, si bien la comunidad donde nosotros vamos es Río Arriba, ya había estos campamentos en carretera en los que los migrantes estaban pasando pésimas condiciones.

En ese momento había muy poca presencia internacional; apenas estaban coordinando los esfuerzos y yo decidí, con un grupo de amigos, recaudar donaciones para este centro de migrantes de manera independiente.

Y, de hecho, creo que ese fue uno de los escenarios en los que vi de cerca la miseria humana. Ver personas que estaban desesperadas por cambiarse de ropa es algo que nos hace apreciar el privilegio, pero también entender el sufrimiento humano de una manera más profunda.

Entonces, eso, junto con la investigación que hice en la universidad y el acercamiento a las cárceles, ya eran ciertos esfuerzos que estaba realizando de manera independiente. Y cuando me seleccionan como becaria de Voces Vitales, que es una organización estadounidense que empodera a mujeres en diferentes partes del mundo para la gestión social, yo sentía que era lo lógico: darle forma a lo que ya yo venía haciendo. Y así es como nace NiMu.

Se llama NiMu por Niñez y Mujer, porque son los grupos en situaciones de vulnerabilidad más graves en el mundo. La sociología nos indica que son los dos grupos que más vulnerabilidades enfrentan. Y, claro, dentro de la niñez y la mujer existen otras capas de vulnerabilidad, pero son esos dos grupos los que más atención necesitan.

Entonces, es así como nace la organización. Al inicio era yo sola; luego, yo y una amiga; después, yo y dos amigas. Y así fue como ahora NiMu se ha convertido en una red de gestión social.

Es algo muy bonito ver a tanta gente que desea ser parte y que quiere apoyar, más que ser una organización con una fuerte incidencia en las comunidades, también estamos transformando un mensaje: necesitamos ser más empáticos e involucrarnos más en la sociedad y en la ciudadanía.

Estos cinco años me llenan de orgullo porque no solo en NiMu hemos creado una red. Ahorita somos diez personas que, de manera voluntaria, dedicamos gran parte de nuestro tiempo a este trabajo, aunque cada uno tenga sus propias responsabilidades laborales.

Pero yo creo que, más allá de lo que nosotros diez hemos logrado y construido, el verdadero logro de NiMUuson las historias de transformación que hemos tenido la oportunidad de acompañar.

Algo de lo que hablamos mucho en NiMu es que reconocemos a las personas como protagonistas de su propia historia. Hay muchas ONG’S que tienen una forma, le llamo yo, paternalista de operar, que consiste en decir: “Yo vengo aquí con las herramientas y las soluciones a tus problemas porque yo sé cómo hacer las cosas”.

Pero muchas veces se falla al ignorar que las comunidades ya tienen las soluciones a sus problemas; lo que no tienen son las herramientas para llevarlas a cabo.

Entonces, de alguna manera, en NiMu buscamos precisamente eso: reconocer que cada persona es actor y protagonista de su propia historia, y que las mujeres y las personas con las que trabajamos, cuyas historias escuchamos, son quienes tienen el poder de tomar decisiones sobre su propio destino. Así que ha sido muy bonito poder acompañar esas historias.

En estos cinco años de trabajo con NiMu, ¿hay alguna historia que la haya marcado de manera especial?

Hay muchas, pero yo diría, sobre todo, una familia en la que la madre estaba privada de libertad y pudimos brindarle acompañamiento emocional continuo a los niños que estaban sin su madre por varios años.

El sistema penitenciario tiene sus puntos de mejora, tiene falencias, pero algo que pasa y que necesitamos repensar es cómo, muchas veces, en muchos casos, mujeres inocentes pagan los platos rotos de relaciones abusivas.

Muchas mujeres que están privadas de libertad llegaron a esa situación a causa de una expareja que las manipuló de alguna manera. Entonces, conocer esas historias de cerca nos hace entender que cada caso es diferente y que, muchas veces, hay un alto porcentaje de personas inocentes privadas de libertad o personas que, en su momento, no tuvieron acceso a una buena defensa.

Eso ha sido muy trágico porque hemos visto que no solo impacta en la mujer, sino también en la unidad familiar y en la familia como núcleo de la comunidad. Todo lo que afecta a una familia termina generando un efecto en cadena que repercute en el deterioro de la comunidad.

Entonces, esa separación familiar que se produce cuando una mujer está privada de libertad, y sobre todo cuando lo está de manera injusta, es muy doloroso. Haber podido acompañar a esos niños, que en ese momento estuvieron al cuidado de su abuela, fue muy valioso y definitivamente cambió algo en mí, pero también sanó algo en mí.

Hay una mentalidad muy arraigada de pensar que necesitamos cambiar el mundo. Yo siempre digo que no necesitamos cambiar el mundo; a veces, con impactar la historia de una sola persona ya estamos haciendo algo verdaderamente trascendental. Eso cambió mucho en mí.

Primeros encuentros de NiMu

¿Qué cambios urgentes cree que son necesarios, sobre todo en la sociedad panameña, para construir una sociedad más equitativa, no solamente para las mujeres, sino también para los niños? ¿Qué hace falta?

Hay algo muy particular que leí hace poco en un estudio: muchas veces, cuando elegimos mujeres como candidatas, los estudios indican que quienes ocupan cargos públicos tienden a priorizar más las necesidades de la población en general. Yo pienso que necesitamos una mayor participación política de las mujeres y más igualdad de oportunidades para acceder a esos espacios. Pero también creo que, sea hombre o mujer la persona candidata o electa, debe reconstruir el sentido de comunidad, y considero que eso puede impulsarse desde la política.

Muchas veces tenemos personas electas, (y no hablo del gobierno actual ni del gobierno pasado; no voy a caer en señalamientos), que responden a metas individuales, que hacen una carrera política para servirse y no para servir. Por eso hablo tanto de involucrarnos más en la ciudadanía y de entender que ser ciudadano no es únicamente votar cada cinco años.

La democracia es algo mucho más profundo: implica participar activamente y comprender lo que realmente significa ejercer la ciudadanía. También debemos escoger mejor a quienes nos representan, preparar nuevos liderazgos y educar a la población.

Uno de los temas sobre los que más hablo es la importancia de educar en pensamiento crítico. Hay una estadística tristísima en Panamá: creo que menos del 35 % de los niños alcanza los niveles básicos de comprensión lectora. ¿Y por qué esto es tan grave? Porque, si no comprendes lo que lees, tampoco puedes cuestionarlo. No podemos seguir viviendo en una sociedad que no cuestiona, en una sociedad que aprende únicamente para ser dócil.

Otra de las cosas que más me mueve es la educación. En muchos casos, los sistemas educativos, a nivel mundial, siguen siendo muy militaristas; es decir, educan principalmente para la obediencia. Por eso creo que necesitamos ciudadanos mejor informados, que comprendan más, cuestionen más y participen más.

Solo así podremos avanzar, poco a poco, hacia los cambios que necesitamos. Porque los cambios sociales toman muchísimo tiempo, pero estoy convencida de que hay pequeñas acciones que podemos emprender hoy para que, eventualmente, lleguemos a una sociedad con una verdadera justicia.

¿Hay algún desafío puntual que ha enfrentado usted al estar dentro de estos escenarios? ¿Y qué ha podido aprender de ello?

Yo pienso que las mujeres, históricamente, estamos en desventaja. Somos la mitad de la población mundial, prácticamente, pero representamos un porcentaje muy pequeño de las posiciones de liderazgo y de toma de decisiones.

Así que definitivamente es un reto ser mujer y hablar de temas que, a veces, incomodan. Yo siempre hablo desde la ciencia, desde la historia y, aun así, hablando con hechos, hay personas que lo encuentran desafiante. Y creo que los seres humanos tenemos una reacción natural ante el miedo. Usualmente, cuando sentimos miedo, lo que hacemos es rechazar, y muchas veces el miedo viene de no entender.

Entonces, estar en posiciones en las que constantemente estoy explicando cosas, explicando derechos humanos, explicando por qué las sociedades deberían ser más empáticas, por ejemplo, creo que siempre va a generar rechazo en quienes no quieren pensar en común, en quienes no quieren pensar en colectivo.

Para una persona que piensa de manera individualista siempre va a ser incómodo escuchar opiniones distintas a la suya. Entonces, creo que ese definitivamente ha sido un reto en escenarios internacionales.

Ha sido muy bonito porque he tenido la oportunidad de estar en otros países aprendiendo de cómo otras mujeres están liderando en sus campos. Tuve una experiencia muy buena en Doha, Catar, en la que pude, inclusive, entender cómo las mujeres están viviendo el activismo en Uganda, por ejemplo.

Entonces, es muy interesante. Yo pienso que a Panamá le hace falta mucho en materia de derechos de las mujeres, pero también tenemos oportunidades de crecimiento muy buenas acá.

Si una joven, al igual que usted, quisiera ser ese agente de cambio, liderar y traer sobre la mesa todos estos temas tan importantes, ¿cuáles serían esos principios o consejos fundamentales que le daría?

Me atrevería a decir que antes que la valentía está la serenidad. Es frustrante sentir que las soluciones no llegan, que los esfuerzos nunca son suficientes y que, de alguna manera, reforzamos esa idea derrotista de que el mundo es así y no puede cambiar. Por eso creo que mantener la serenidad frente al caos que muchas veces implica la gestión social es fundamental.

Mantenerse ecuánime, con la convicción de que lo que estamos haciendo sí genera un cambio y que, aunque hoy no parezca suficiente, con el tiempo sí lo será. No dejarse derrotar y mantenerse firme y sereno en las ideas, en los principios y en los valores que uno quiere llevar a las comunidades o a las personas en general es muy importante. Habrá momentos en los que la presión externa parecerá ensordecedora, pero conservar la serenidad es, sin duda, una cualidad esencial.

Y, por supuesto, también la valentía. Como decía al inicio, cuando una persona decide desafiar lo establecido o expresar una opinión distinta, siempre habrá quienes intenten debilitar su posición, y enfrentar eso requiere valentía. Al final, exponerse también exige valentía. Pienso que esa valentía es necesaria porque, si queremos generar cambios, también tenemos que estar dispuestos a exponernos.

Creo que las mujeres, y me atrevo a decir que las personas en general, aunque especialmente las mujeres que asumen posiciones de liderazgo y se atreven a desafiar lo establecido, lo hacen con una valentía inmensa.

CAROLIN CARSON
ABOGADA Y FUNDADORA DE NIMU PANAMÁ
La democracia es algo mucho más profundo: implica participar activamente y comprender lo que realmente significa ejercer la ciudadanía