Nidal Benali: ‘Los jóvenes no son solo el futuro, son el presente de las decisiones’
- 02/07/2026 00:00
El líder marroquí defendió en Panamá una participación juvenil con poder real, presencia institucional y capacidad de incidir en políticas públicas
En un mundo atravesado por guerras, crisis climáticas, incertidumbre económica, desconfianza institucional y cambios tecnológicos acelerados, Nidal Benali insiste en una idea que parece sencilla, pero que para él exige una transformación profunda: los jóvenes no pueden seguir siendo tratados como una promesa futura, sino como actores del presente.
El presidente de Local Youth Council Network llegó a Panamá para participar en la Asamblea General de Youth Democracy Network, un encuentro que reunió a líderes juveniles de distintas regiones del mundo bajo el paraguas de la Comunidad de Democracias. Desde África, América, Europa y Asia, jóvenes representantes se encontraron en el país para discutir no solo los desafíos de sus generaciones, sino también el lugar que ocupan —o que todavía se les niega— en la toma de decisiones.
“Los jóvenes no son únicamente el futuro, son el presente”, afirmó Benali durante una entrevista con La Estrella de Panamá. Para el dirigente marroquí, repetir que la juventud heredará el mundo puede convertirse en una forma elegante de excluirla de las decisiones que ya la afectan hoy. Su planteamiento es directo: si los gobiernos quieren hablar de participación juvenil, deben dejar de hacerlo como un ejercicio simbólico y comenzar a abrir espacios reales de poder.
Benali, quien representa a Marruecos dentro de redes internacionales de liderazgo juvenil, sostiene que el mayor error de muchos sistemas políticos es observar a los jóvenes como una imagen decorativa o como una cuota generacional. A su juicio, el problema no es solo que se les escuche poco, sino que muchas veces se les escucha sin consecuencias.
“Debemos dejar de tratar a los jóvenes como una imagen. Tenemos que tratarlos como parte del problema y parte de la solución”, dijo.
Benali reconoce que muchos consejos juveniles en el mundo enfrentan una crítica frecuente: ofrecen a los jóvenes un asiento en la mesa, pero no necesariamente una voz con peso real. Para él, esa tensión existe, pero no invalida el papel de esas estructuras. Al contrario, considera que los consejos locales y nacionales de juventud deben entenderse como un primer escalón hacia una participación política más robusta.
Desde su perspectiva, estos espacios cumplen una función de puente. Pueden recoger preocupaciones, traducir demandas, asesorar a gobiernos locales o nacionales y acercar a los tomadores de decisiones a una generación que muchas veces siente que las instituciones hablan sobre ella, pero no con ella.
Sin embargo, Benali advierte que ese puente no basta si no conduce a algo más. “Los consejos juveniles deben ser un paso para tomar liderazgo y también para tomar decisiones”, sostuvo.
Su diagnóstico es claro: la sociedad civil es una herramienta, pero no puede ser el único camino. Si los jóvenes quieren que su voz tenga peso estructural, también deben participar políticamente, competir en elecciones, llegar a municipios, parlamentos y espacios de decisión formal. La democracia, subraya, no se cambia solo desde afuera; también se transforma entrando en sus mecanismos.
En ese punto, Benali vincula la participación juvenil con una pregunta mayor: ¿cómo se recupera la confianza en instituciones que muchos jóvenes perciben como lejanas, lentas o incapaces de responder a sus problemas? Su respuesta apunta a reducir la distancia entre el poder político y las nuevas generaciones.
Para él, la desilusión no se combate solo con discursos motivacionales. Se combate con hechos. Los gobiernos, afirma, deben demostrar que toman en serio a los jóvenes no únicamente cuando hablan de educación, empleo o cultura, sino también cuando se discuten asuntos económicos, sociales, climáticos, tecnológicos y estratégicos.
“No solo cuando algo está relacionado con juventud se debe incluir a los jóvenes. En decisiones económicas, sociales, políticas o estratégicas del país, también deben estar presentes”, señaló.
Benali pertenece a una generación que ha visto cómo los problemas locales se vuelven globales con rapidez. Una guerra, una crisis económica, una emergencia climática o una disrupción tecnológica ya no quedan confinadas a un territorio. Sus efectos se expanden, atraviesan fronteras y golpean de manera particular a los jóvenes, que muchas veces enfrentan el impacto de decisiones tomadas sin su participación.
A diferencia de generaciones anteriores, señala, los jóvenes de hoy están profundamente conectados por internet, redes sociales y nuevas herramientas tecnológicas, incluida la inteligencia artificial. Esa conectividad puede ser una ventaja, porque permite organizarse, denunciar, aprender y construir redes internacionales. Pero también puede amplificar frustraciones, desinformación y desconfianza.
En ese contexto, Benali identifica tres grandes desafíos para los liderazgos juveniles contemporáneos: la crisis climática, el uso de la inteligencia artificial y la necesidad de pasar de la participación juvenil a la toma real de decisiones.
Para él, hablar de juventud sin hablar de poder es quedarse a mitad de camino. La pregunta ya no debería ser únicamente cómo involucrar a los jóvenes, sino cómo garantizar que participen en la definición de las respuestas frente a los desafíos que marcarán su vida adulta.
“Tenemos que dejar de hablar solo de participación juvenil y empezar a hablar de cómo poner a los jóvenes en la toma de decisiones”, insistió.
Ese cambio, según Benali, requiere voluntad política. Y cita como ejemplo a Marruecos, donde —bajo el liderazgo del rey Mohammed VI, según destacó— se han impulsado medidas para incentivar la participación de jóvenes en procesos electorales. De acuerdo con el dirigente, el país ha promovido mecanismos de apoyo económico para candidatos jóvenes, con o sin partido político, con el objetivo de facilitar su entrada en campañas que suelen exigir recursos significativos.
La confianza, sin embargo, es un recurso cada vez más escaso. En numerosos países, especialmente entre la llamada Generación Z, las movilizaciones sociales, las protestas y el desencanto con la política tradicional han evidenciado una fractura entre las instituciones y quienes deberían sentirse representados por ellas.
Benali no ignora ese fenómeno. Al contrario, considera que la creciente desconfianza hacia los gobiernos responde, en gran medida, a la sensación de que las decisiones continúan tomándose sin escuchar a quienes vivirán sus consecuencias durante más tiempo.
“Debemos reducir la distancia entre quienes toman las decisiones y los jóvenes”, afirmó.
Para lograrlo, sostiene que los consejos nacionales y locales de juventud desempeñan un papel estratégico. Más que simples organismos consultivos, deben convertirse en el puente que acerque a ambas partes y permita reconstruir una relación deteriorada.
“Nuestro papel es conectar a los jóvenes con los gobiernos y con quienes toman las decisiones políticas”, explicó.
No obstante, insiste en que ese puente solo tendrá sentido si desemboca en acciones concretas.
“Las acciones importan mucho más que las palabras”, resumió.
Si tuviera la oportunidad de dirigirse a los jefes de Estado reunidos en una próxima cumbre internacional, Benali asegura que transmitiría una verdad incómoda: los jóvenes saben identificar los problemas, pero también tienen propuestas para resolverlos.
En demasiadas ocasiones, dice, se asume que la experiencia pertenece exclusivamente a quienes llevan décadas en la política, mientras que la juventud es vista como una etapa de aprendizaje permanente.
“Los jóvenes tienen una opinión. Saben cuáles son los problemas y también cuáles pueden ser las soluciones”, afirmó.
Por eso considera indispensable que los líderes políticos desarrollen una mayor disposición a escuchar. No como un gesto protocolar, sino como parte de una nueva forma de gobernar.
“Si queremos recuperar la confianza, debemos escuchar a los jóvenes e incluirlos en las decisiones.”
Más allá de las discusiones sobre democracia y liderazgo, la visita de Benali a Panamá también dejó espacio para abrir nuevas oportunidades de cooperación.
Durante su estancia en el país sostuvo reuniones con integrantes del Consejo Nacional de la Juventud de Panamá, líderes estudiantiles y representantes de organizaciones juveniles, encuentros facilitados por la Embajada del Reino de Marruecos.
El objetivo, explica, es construir una relación permanente entre ambas naciones desde el intercambio juvenil, compartiendo experiencias sobre liderazgo, participación ciudadana y desarrollo.
“Espero que muy pronto podamos recibir a jóvenes panameños en Marruecos”, comentó con entusiasmo.
Porque, insiste, la democracia del siglo XXI no puede seguir construyéndose únicamente con la experiencia de quienes llegaron antes. Necesita, también, la mirada de quienes vivirán durante más tiempo las consecuencias de las decisiones que hoy se toman.