Día del Caricaturista: entre la IA, las redes sociales y la falta de relevo generacional

Hilde Sucre, Fernando Peña Morán, Victor Ramos, Lowis Rodríguez, Delmiro Quiroga y Félix Barrios forman parte de los caricaturistas que marcaron la opinión pública en el país. Ilustración de Jampierre Barría
  • 06/05/2026 00:00

En el marco del Día del Caricaturista, reconocidos humoristas gráficos panameños analizaron los desafíos actuales del oficio: la autocensura, el impacto de la inteligencia artificial, la presión de las redes sociales y la preocupante falta de relevo generacional en la caricatura política nacional

Este 7 de mayo se conmemora el Día del Caricaturista, una jornada para poner en valor y recordar el papel de los humoristas gráficos como artistas de los primeros bocetos de las distintas noticias que, poco a poco, conforman la historia contemporánea de Panamá.

El Día del Caricaturista se instauró teniendo en cuenta el natalicio de Eudoro ‘Lolo’ Silvera, quien es considerado como el padre de la caricatura panameña.

Uno de los mayores exponentes de este oficio fue el caricaturista de este diario Fernando Peña Morán, fallecido en el año 2023, quien dejó una estela profunda e invaluable en el ámbito de la caricatura política en Panamá en una carrera profesional de 43 años. Sus obras no solo destacaban por su agudeza editorial sino por un uso sencillo del lenguaje verbal y gráfico que logró conectar con miles de panameños.

Los caricaturistas, aún en estos tiempos de ilustraciones hechas a computadora e inteligencia artificial, también son de algún modo un símbolo de resistencia. Tal como lo es Félix Barrios, quien por realizar una caricatura en contra del exdictador Manuel Antonio Noriega, también conocido popularmente como ‘cara de piña’, fue perseguido por realizar la caricatura ‘Esta piña se acabó’, la cual terminó estampada en las camisetas que celebraban la invasión estadounidense de Panamá en 1989.

Ese ahínco es el que le motivó cuando tenía entre 16 y 17 años, cuando se propuso ser caricaturista de uno de los medios más importantes del país: La Estrella de Panamá. Un periódico para el cual trabajó por más de cuatro décadas.

Para poner en perspectiva el oficio y ponderar el contexto actual, La Decana conversó con cuatro caricaturistas panameños: Víctor Ramos, Delmiro Quiroga, Hilde Sucre y Lowis Rodríguez.

El deber de un caricaturista

La sección de caricaturas del periódico o medio digital es una ventana para reflejar la opinión gráfica sobre uno o varios temas que se instalan frecuentemente en la conversación pública del país.

En el caso de Víctor Ramos, el humorista gráfico aduce que lo más importante es generar un espacio para la reflexión.

“Hacer caricaturas solamente para hacer chistes no tiene mucho sentido, sobre todo cuando trabajas para un periódico que tiene peso en la opinión pública. Uno aprovecha esa tribuna para opinar y reflexionar sobre las cosas importantes que están pasando en el momento. La crítica social está implícita en lo que hacemos y el entretenimiento también, porque cualquier cosa que hagas entretiene. Pero la meta principal es hacer que la gente reflexione”, comentó.

Félix Barrios creó la caricatura que sirvió de emblema para una de las camisetas que celebraron la invasión estadounidense de 1989.

Por su lado, Delmiro Quiroga expresó que no solo la intención está en causar risa en el lector, sino en generar conciencia sobre un problema o una situación a través del humor.

“El humor tiene un gran impacto en las personas y la caricatura comunica muchísimo. Una imagen puede decir más que mil palabras. Por eso el objetivo principal sigue siendo hacer reír, aunque no siempre es fácil. El propósito siempre es comunicar algo y conectar con el público”, señaló.

Hilde Sucre apuntó, en tanto, que las caricaturas deben ser capaces de generar debate y aportar a la opinión del lector. “La caricatura debe generar debate, provocar reflexión e incluso incomodar al poder. Debe ser esa “piedra en el zapato”, hacer la pregunta incómoda”, sopesó.

“Por eso muchas veces la caricatura es censurada, especialmente en regímenes dictatoriales. En esos contextos es muy raro ver caricaturas contra el gobierno porque los caricaturistas suelen ser perseguidos, censurados o incluso obligados al exilio. Muchas veces somos la parte incómoda del periodismo”, añadió.

Sobre este tema, Lowis Rodríguez comentó que el deber de un caricaturista es dar una opinión de algún tema en específico, pero que esta debe contener ironía, humor, además de abrir un espacio para la reflexión.

Esta caricatura es de la autoría de Fernando Peña Morán, uno de los caricaturistas más conocidos y con mayor trayectoria del gremio.
La libertad de expresión

Al ser consultado sobre si los caricaturistas se ven obligados a cohibirse o a autocensurarse sobre determinados temas, Hilde Sucre consideró que el poder encuentra en las demandas el mecanismo perfecto para callar y silenciar.

“Hubo un momento en que sí caí en la autocensura, específicamente cuando el expresidente Ricardo Martinelli me demandó. El poder muchas veces usa las demandas para intimidarte y silenciarte. En ese momento sí tuve miedo de volver a dibujarlo porque pensaba que podía enfrentar otra demanda millonaria y quedar en la calle. Nosotros no somos personas con grandes recursos económicos para afrontar ese tipo de procesos”, relató el caricaturista.

Delmiro Quiroga consideró que definitivamente existe autocensura.

“Creo que tiene mucho que ver con las redes sociales y la reacción de las personas. Muchos comunicadores, incluidos los caricaturistas, buscan agradar a todo el mundo. Entonces, si sabes que una caricatura te va a traer muchas críticas o ataques, prefieres abstenerte de hacerla. Generalmente uno termina buscando temas que estén alineados con lo que piensa la mayoría. Para mí eso sí es autocensura, porque a veces uno tiene cosas que decir o puntos de vista distintos sobre una situación, pero termina guardándolos. El medio te dice que no puedes dibujar ciertas cosas o referirte a las personas de determinada manera. Te piden ser más comedido y más respetuoso. Y uno tampoco va a pelear con el medio que le brinda una plataforma para expresarte. Todo esto tiene relación con lo que muchos llaman la ‘generación de cristal’ o la cultura de la cancelación, fenómenos que han tenido influencia en los medios de comunicación. Yo sí considero que fui víctima de esa ola”, expresó el humorista gráfico de El Siglo.

En cambio, Víctor Ramos no se somete a la autocensura. “Hay temas que se evitan porque pueden generar problemas legales o controversias en una opinión pública que hoy es más sensible que nunca. Ahora uno tiene que cuidar mucho cómo habla sobre raza, apariencia física o temas de género, porque cualquier cosa puede generar molestia. Más que autocensura, se trata de manejarse con cuidado según los requerimientos del medio, pero tratando siempre de que el mensaje llegue y cumpla su propósito”, explicó el caricaturista de La Estrella de Panamá.

Si bien cree que la caricatura siempre será una sátira, considera que “hay que saber manejarla”. “No es lo mismo usar términos ofensivos que expresarse de una manera más adecuada. Más que autocensura, se trata de saber manejar el lenguaje para que el mensaje llegue sin caer en agresiones innecesarias”, apostilló.

Lowis Rodríguez, por su parte, dijo que de lo que se trata es de establecer un balance, eso sí, siempre manteniendo la vena crítica.

Delmiro Quiroga realiza una caricatura sobre la justicia panameña.
La irrupción de la tecnología

Ya quedaron atrás aquellos tiempos en los que el caricaturista usaba el lápiz, la plumilla, el papel y el carbón para plasmar su punto de vista sobre el acontecer diario de un país. Las décadas pasaron y las herramientas de trabajo han cambiado. Los programas de ilustración y, en cierta medida, la inteligencia artificial (IA) pasaron a formar parte de la caja de herramientas del caricaturista.

De igual forma, las redes sociales supusieron para los caricaturistas unos escaparates de difusión de sus obras así como cámaras de retroalimentación para visionar las impresiones del público sobre su trabajo.

En relación a las redes sociales, Víctor Ramos las puso en valor aduciendo que la retroalimentación inmediata es clave para la mejora continua del caricaturista. “Ahí uno se da cuenta si va por buen camino, cuál es la aceptación del público o incluso si a nadie le interesa lo que haces. Yo he recibido de todo: insultos, críticas y elogios. Pero para mí todo sirve. Tomo nota y aprendo. El que le tenga miedo a esa retroalimentación ya perdió en este oficio”, adujo.

Lowis Rodríguez creó esta caricatura alusiva al creador de ‘Chespirito’, Roberto Gómez Bolaños.

En la misma línea se expresó Hilde Sucre quien agradeció la existencia de las redes sociales ya que, a su juicio, permiten medir en tiempo real el impacto de una caricatura.

“Ahora subes una caricatura y de inmediato puedes ver en los comentarios si gustó, si generó polémica o si provocó debate. Y eso es precisamente lo interesante. Las redes sociales funcionan como un gran termómetro para medir el impacto de la caricatura. Claro que también existe retroalimentación negativa, pero también hay mucha crítica constructiva y eso ayuda bastante”, apuntó.

Delmiro Quiroga, en cambio, consideró – en línea con el ámbito de la autocensura – que uno tiene que cuidarse de las caricaturas que se publican en las redes sociales. “Mucha gente no entiende que todos tenemos derecho a opinar diferente. Si expresas una opinión distinta, inmediatamente te convierten en enemigo, te insultan o hasta te amenazan”, reflexionó.

Las caricaturas también son espacios de reflexión. Esta es de la autoría de Hilde Sucre.
El impacto de la IA

En cuanto a la inteligencia artificial (IA) como instrumento de trabajo, Lowis Rodríguez consideró que esta herramienta no puede reemplazar el alma de una caricatura hecha con un lápiz. “Es más bien una herramienta de estas épocas digitales”, resaltó.

En cambio, Quiroga ponderó la originalidad del caricaturista ante los tiempos de la IA.

“La IA puede ayudarte a trabajar más rápido, hacer fondos o agregar elementos visuales sin perder tanto tiempo, pero la esencia debe seguir viniendo del caricaturista. Lo importante es que el trabajo conserve algo que identifique al autor y que el público pueda reconocer que esa idea vino de un caricaturista específico”, opinó.

Ramos, por su lado, confirmó que usa la IA de forma dosificada mientras trabaja y cree que no se trata de competir contra ella sino aprender a usarla. Lo mismo piensa Sucre quien alegó que se trata de que la IA es propia de la evolución de la tecnología.

Víctor Ramos analiza la realidad con sus caricaturas.
La falta de relevo generacional

Una preocupación común que los caricaturistas entrevistados para este reportaje expresaron fue el de la falta de relevo generacional. Ante esto, asoma la pregunta: ¿Quiénes serán los próximos caricaturistas que retraten con humor e ironía la realidad social del país?

Para Sucre, esta es una pregunta difícil de responder. “Sinceramente, no veo un relevo generacional claro. Por eso estoy impulsando concursos de caricatura y otras iniciativas para fomentar el talento joven. Yo exhorto a los jóvenes que tengan talento para la caricatura a que aprovechen las redes sociales como vitrina y publiquen sus trabajos. Si son buenos, eventualmente algún medio digital o impreso los va a descubrir y podrían terminar publicando profesionalmente”, exhortó a los futuros caricaturistas para que participen de iniciativas como ‘Expocartoon’.

Ramos también aboga por estimular a las nuevas generaciones, para que se den a conocer en las redes sociales y las plataformas digitales. “Relevo como tal, de caricaturas de opinión, hay pocos ahora hay muchos espacios para que puedas mostrar tus trabajos, hay que incentivados”, dijo, por su parte, Rodríguez.

Mientras que Quiroga va más allá: “Yo creo que la gente tiene temor a expresarse. Ahora existe más la costumbre de ser espectador que protagonista de una idea o de una expresión. La gente ya no se atreve tanto a decir lo que piensa”.

Este viernes 8 de mayo en el Teatro Gladys Vidal se celebrará a las 6:00 pm un homenaje al caricaturista Carlos ‘Chic’ Martínez, conmemorando el Día del Caricaturista.