‘El Agente Secreto’, la propuesta de Brasil que ha causado furor en cines

Con un juego de ángulos, stop motion y absurdos surreales, Mendonça busca diferentes formas de transmitir su visión de violencia sutil y no tan oculta. Cineplex
  • 05/03/2026 14:12

Los críticos ya apuestan por la nueva cinta de Kebler Mendonça Filho como ganadora de alguna estatuilla en los Oscars 2026, con una historia que nos transporta a un Brasil esperanzado pero aterrador y un hombre que busca salvar a su familia

Una grabación comienza con el sonido de un programa radial repasando las canciones más escuchadas de la década de los 1950 en Brasil, con el locutor dando anotaciones puntuales, jocosas y una canción de fondo que representa cultura, barrio e identidad brasileña. Una carretera rural y un Volkswagen “Beetle” amarillo en una gasolinera donde un cadáver espera la recolección de su cuerpo o la descomposición rápida. Este es el inicio de la afamada cinta del cineasta brasileño Kebler Mendonça Filho, ‘El Agente Secreto’, que ya se encuentra en cines nacionales.

La cinta es un retrato desde la memoria colectiva de Kebler y su visión de un hombre humilde común que se ve en la encrucijada de buscar salvar su vida y la de su familia en medio de una humareda de crimen y corrupción en el Brasil de 1977. Comenzamos conociendo a Marcelo (interpretado por Wagner Moura, nominado a Mejor Actor en los Oscars de este año), un hombre adulto joven, barbudo, con ojos tristes que aparece en Recife, Brasil con un par de reales y un Volkswagen amarillo.

Moura ya ha recibido un Globo de Oro por su interpretación en la cinta.

No sabemos por qué llega a Recife, o por qué es tan callado y observador, pero más adelante en la cinta se revelan todos los misterios en ritmo caótico, pero ordenado. Solo sabemos que su llegada a un edificio de apartamentos donde la dulce e intrépida doña Sebastiana (Tânia Maria) es una especie de guardiana para quienes deben decir nombres y lugares de los cuales no provienen. Y en este espacio que se siente el calor acostumbrado del barrio, de conocer a quienes te rodean, escuchar la risa de los niños, las quejas por el calor, los viajes a la tienda de la esquina y el continuo comentario sobre el tiempo y el porvenir.

Pero no es una paz real, sino cómplice del silencio que Marcel guarda y de las sonrisas que “tímidamente” da a sus nuevos vecinos, en parte para no levantar sospechas y en parte para creerse su propia nueva realidad. Y aquí pensamos “pues, él debe ser el agente secreto, ¿dónde está su arma?” y otras decenas de suposiciones que el suspenso nos lleva a creer. Pero así como Marcelo va sin armas y se sienta en un sillón a escuchar un disco de vinilo rutinariamente, Mendonça nos enseña que no tenemos idea de qué esperar de su guión, más allá de la certeza de que algo anda mal.

Mendonça se sienta en la silla del director y del guionista, como gritándose a sí mismo en el set, borrando y recalibrando las escenas, y da un sentido especial a la película, ya que sus “partes” van una a una cosiendo hilos sueltos en la historia de Marcelo, que no es Marcelo, pero que es un protegido y un soldado, un ingenuo y un padre que busca salvarse a sí mismo y su hijo de las garras que acechan las calles de Recife.

La cinta busca apelar a la memoria colectiva y el sentido de lucha individual humana en una sociedad insensibilizada.

La muerte está por todas partes. Algunas muertes son castigos impuestos contra la oposición al régimen. Otras son consecuencia de la delincuencia callejera. Hay muchas balas perdidas. Los asesinos a sueldo son agentes libres que toman la vida de un desconocido y se deshacen del cadáver —ya sea el estado, una corporación o cualquier persona rencorosa—, luego disfrutan de una buena cena y se van a dormir. Esta película trata, en parte, sobre cómo las personas aceptan un mundo donde estas cosas pueden suceder y aprenden a desenvolverse en él.

Por su trabajo Marcelo no puede brindarle una vida segura a su hijo Fernando (Enzio Nunes), ni siquiera debería estar pendiente de él de cerca, tras dejarlo al cuidado de los padres de su difunta esposa. Pero es padre, así que se arriesga. En las escenas donde Fernando está, la trama parece cambiar y parece dar un respiro, dejando ver una dinámica familiar en donde Marcelo solo quiere llevarse a Fernando lejos de Brasil, y Fernando pregunta cuando su mamá volverá a casa. Es desgarrador, tierno y aterrador al mismo tiempo.

En otras esferas de la cinta, conocemos a la dupla de padre e hijastro, asesinos a sueldo, el brusco anciano Agusto (Roney Villela) y su joven y entrometido compañero Bobbi (Gabriel Leone), quienes se presentan en su propia línea temporal, comandados a encontrar a Marcelo y “encargarse de él” de cualquier forma necesaria. Por otra parte, Vilmar (Kaiony Venâncio), un hombre anguloso y de aspecto enfermizo, con ojos oscuros y un aire de desesperación se une al triángulo de quienes quieren a Marcelo fuera de la foto. Vilmar es un personaje inteligente y autoprotector, pero incapaz de rechazar un encargo porque necesita el dinero y un poco, quizás, por mantener su reputación.

Y desde las oficinas de proteger y servir, el jefe de la policía de Recife guarda sus propios cadáveres de soplones, violadores y ladrones que debieron ser silenciados fuera del marco de la ley. Marcelo camina en una cuerda floja, evitando los ojos de quien no confía, lo que aporta al suspenso en la trama, nunca sabiendo si en la próxima esquina encontrará su final o si podrá pisar aquel aeropuerto soñado.

Desde su edificio de protegidos, los vecinos de Marcelo hablan, ríen, y en otras ocasiones una pareja angoleña se miran taciturnos entre ellos, heridos por tener que emigrar, buscando suavizar las heridas de la vida con el amor y el licor; una niña duerme cobijada en una mecedora de madera, un abanico de piso refresca el cuarto donde los adultos suben la mano para brindar por un día más en que pueden estar vivos, aunque no sepan por cuánto más tiempo será.

Mendonça logra entrelazar múltiples líneas de tiempo y la trama se entreteje a sí misma con historias de vidas de hijos muertos, padres y madres desaparecidos, huidas en la noche, lo que pasa en una nación arrasada por la corrupción y lo que le pasa a quienes buscan hacer una diferencia en ello. ‘El Agente Secreto’ no es una cinta sencilla, pero es una que merece ser vista para recordar, por un par de horas, que ahora más que nunca es necesario recordar el pasado para que no gobierne nuestro futuro.