El camino hacia el Congreso Anfictriónico: la diplomacia que intentó unir a Latinoamérica
- 21/06/2026 00:00
Entre alianzas estratégicas, recelos políticos y desafíos diplomáticos, se gestó en Panamá uno de los experimentos de integración más ambiciosos del siglo XIX
Hace exactamente dos siglos atrás, Panamá se convirtió en el escenario de uno de los proyectos políticos más ambiciosos de la historia latinoamericana. El Congreso Anfictiónico, concebido por Simón Bolívar, buscaba reunir a las nuevas repúblicas independientes de Hispanoamérica en una gran confederación capaz de defender su soberanía, resolver conflictos internos y proyectar una voz común frente a las potencias extranjeras.
Sin embargo, la reunión celebrada en el Istmo no surgió de manera espontánea. Su organización fue el resultado de varios años de negociaciones diplomáticas, alianzas estratégicas, diferencias políticas y esfuerzos para convencer a gobiernos con intereses muchas veces contrapuestos.
La preparación del Congreso de Panamá revela tanto la magnitud de la visión bolivariana como los obstáculos que enfrentaba una América recién salida de las guerras de independencia.
La historia de la preparación del Congreso comienza poco después de la creación de la Gran Colombia. Convencido de que la independencia sólo podría preservarse mediante la unidad, Bolívar impulsó una serie de tratados bilaterales de “unión, liga y confederación perpetua” entre las nuevas repúblicas hispanoamericanas, destaca Documentos sobre el Congreso Anfictiónico de Germán A. de la Reza.
La primera gestión fue encomendada al senador Joaquín Mosquera, quien firmó un tratado con Perú el 6 de junio de 1822 junto al canciller Bernardo Monteagudo. Posteriormente se alcanzaron acuerdos similares con Chile en octubre de 1823, con México en diciembre de ese mismo año y, finalmente, con Centroamérica en marzo de 1825.
Estos convenios constituyeron la piedra angular del futuro Congreso de Panamá. En ellos se establecía el compromiso de los países firmantes de enviar representantes a una gran asamblea continental y de promover la adhesión de otras naciones hispanoamericanas.
La intención iba mucho más allá de una alianza militar convencional. Los documentos insistían en que la futura confederación debía convertirse en una “sociedad de naciones hermanas”, capaz de crear mecanismos permanentes de cooperación política y defensa colectiva.
Los tratados también tuvieron efectos concretos. El acuerdo con México fortaleció la cooperación militar para expulsar los últimos enclaves españoles de territorio mexicano y acercó a ambos gobiernos al proyecto de liberar Cuba y Puerto Rico. El tratado con Perú facilitó la llegada de Bolívar al país para culminar la guerra de independencia, mientras que el convenio con Centroamérica ofrecía un foro para atender disputas territoriales y consolidar la existencia política de la nueva federación.
El texto también señala que con las bases jurídicas establecidas, Bolívar dio el siguiente paso. El 7 de diciembre de 1824, desde Perú, envió la convocatoria formal para la celebración del Congreso de Panamá a los gobiernos de Colombia, México, Chile y las Provincias Unidas del Río de la Plata. Poco después se sumaría Centroamérica.
La invitación expresaba una visión extraordinariamente avanzada para su época. Bolívar proponía crear un organismo que sirviera de consejo en momentos de crisis, mediador en los conflictos entre las repúblicas y garante de los tratados internacionales.
El Libertador imaginaba una asamblea capaz de organizar fuerzas defensivas comunes, arbitrar disputas y proyectar a Hispanoamérica como un actor relevante en el sistema internacional.
Además de concluir definitivamente la guerra contra España, la unión permitiría proteger a los nuevos Estados frente a futuras intervenciones extranjeras y preservar el modelo republicano adoptado por la mayoría de las naciones emancipadas.
Aunque el proyecto estaba concebido esencialmente para los países hispanoamericanos, posteriormente se extendieron invitaciones limitadas a potencias consideradas neutrales, entre ellas Gran Bretaña, Estados Unidos y Brasil.
La organización práctica del Congreso recayó principalmente en la Gran Colombia. Mientras Bolívar permanecía en Perú, el vicepresidente Francisco de Paula Santander asumió una participación activa en los preparativos. Aunque compartía el objetivo general de la integración, mantenía diferencias importantes con el Libertador sobre la naturaleza de la futura confederación.
Santander consideraba prioritario proteger la soberanía de cada Estado y se mostraba receloso de cualquier mecanismo que pudiera interpretarse como una intervención en asuntos internos. Por ello rechazó algunas cláusulas presentes en tratados anteriores que contemplaban acciones colectivas para preservar el orden político de los países miembros.
Documentos sobre el Congreso Anfictiónico explica que al mismo tiempo se impulsó una visión más amplia del Congreso al promover la participación de Estados Unidos, Brasil y posteriormente Gran Bretaña. Su argumento era que una mayor presencia internacional fortalecería el sistema defensivo americano frente a posibles amenazas externas.
Esta decisión provocó tensiones con Bolívar, quien veía el Congreso como una iniciativa esencialmente hispanoamericana y temía que la participación de potencias ajenas diluyera sus objetivos originales.
Uno de los aspectos más curiosos de la preparación del Congreso fue la insistencia de Santander en la cuestión sanitaria.
En varias comunicaciones recomendó que los delegados seleccionaran cuidadosamente los lugares de reunión tomando en cuenta la salubridad del entorno. También sugirió que los representantes permanecieran en el Istmo hasta concluir las deliberaciones.
Sus advertencias no eran exageradas. Panamá enfrentaba entonces condiciones climáticas difíciles y enfermedades tropicales que representaban un riesgo constante para los viajeros y diplomáticos.
La preocupación resultaría profética: las condiciones sanitarias afectarían posteriormente el desarrollo de la asamblea y la permanencia de algunos representantes.
Las instrucciones a los delegados colombianos
En septiembre de 1825, el gobierno colombiano entregó instrucciones detalladas a sus representantes, Pedro Gual y Pedro Briceño Méndez.
El documento reflejaba las prioridades estratégicas de la Gran Colombia. Entre ellas destacaban la renovación de los tratados bilaterales existentes, la creación de una fuerza militar conjunta, el establecimiento de acuerdos comerciales preferenciales y la abolición del tráfico de esclavos, considerado un crimen equiparable a la piratería.
También se proponía obtener recursos financieros para sostener la defensa continental y coordinar acciones frente a posibles amenazas provenientes de Europa.
Una preocupación especial era la situación de Cuba. Los funcionarios colombianos observaban con inquietud los movimientos franceses en el Caribe y temían que una intervención extranjera pudiera alterar el equilibrio político de la región.
Por su parte, México veía el Congreso como una oportunidad para consolidar la independencia de las nuevas repúblicas y establecer principios comunes de derecho internacional.
Las instrucciones preparadas por el canciller Lucas Alamán insistían en la necesidad de proteger tanto la independencia externa como la estabilidad interna de cada país.
El gobierno mexicano también respaldaba la idea de una defensa colectiva frente a cualquier agresión extranjera y se mostraba favorable a preservar los sistemas republicanos.
Sin embargo, existía una notable desconfianza hacia Estados Unidos. Alamán conocía las aspiraciones expansionistas de Washington sobre territorios mexicanos y temía que una participación excesiva de ese país terminara perjudicando los intereses hispanoamericanos.
La Federación Centroamericana acudió al Congreso con objetivos muy concretos. Además de fortalecer la defensa continental, buscaba resolver disputas territoriales con México y Colombia, impulsar la construcción de un canal interoceánico por Nicaragua y fortalecer su posición internacional como Estado recién constituido.
Sus instrucciones reflejaban un enfoque particularmente ambicioso. Los delegados debían promover la independencia de Cuba y Puerto Rico, apoyar la participación de Haití, definir normas comunes de derecho internacional y establecer mecanismos para evitar intervenciones europeas.
Centroamérica fue además uno de los pocos gobiernos que defendió activamente la inclusión de Haití en la comunidad política americana.
Aunque Bolívar aspiraba a reunir a toda Hispanoamérica, varios países no participaron de manera efectiva.
Las Provincias Unidas del Río de la Plata mostraron desde el inicio una actitud distante. Sus dirigentes temían que una confederación continental limitara la soberanía nacional y sospechaban de la influencia que podría ejercer la Gran Colombia.
Chile también experimentó un progresivo alejamiento. Los debates internos, los conflictos regionales y el temor a una excesiva concentración de poder en manos de Bolívar terminaron retrasando su participación hasta hacerla inviable.
Bolivia, por su parte, manifestó interés y llegó a nombrar delegados, pero las dificultades logísticas impidieron que sus representantes llegaran a tiempo a Panamá.
Cuando los delegados comenzaron a llegar a Panamá en 1826, el Congreso Anfictiónico ya cargaba con una enorme complejidad política.
Detrás de la imagen romántica de una América unida coexistían rivalidades territoriales, disputas comerciales, diferencias ideológicas y visiones encontradas sobre el futuro del continente.
Sin embargo, el simple hecho de haber reunido a gobiernos recién independizados alrededor de un proyecto común constituyó un acontecimiento sin precedentes.
La preparación del Congreso de Panamá demostró que la integración latinoamericana no nació como una idea abstracta, sino como un esfuerzo diplomático concreto, cuidadosamente planificado durante años por estadistas que intentaban construir un nuevo orden internacional para las repúblicas surgidas de la emancipación.