El imperio del sol naciente

Japón fue víctima del imperio norteamericano en 1868 cuando por la fuerza, debió abrirse al mundo aunque por supuesto aprendió de su agresor. Cedida
Los estudiosos han dividido el cine de propaganda japonés en dos grandes épocas Cedida
Adicionalmente hemos visto como el Japón pacifista que siempre amamos pareciera estar haciendo “ojitos” a su pasado belicista. Cedida
  • 05/07/2026 00:00

La industria cinematográfica de Japón era muy fuerte, a principios del siglo veinte competía con la alemana

Vivimos en tiempos difíciles, los vientos de guerra soplan por muchas partes del mundo arrastrando miseria, desolación y muerte. Adicionalmente hemos visto como el Japón pacifista que siempre amamos pareciera estar haciendo “ojitos” a su pasado belicista. Por supuesto este es un tema no solo complejo sino también muy delicado y que daría para muchos artículos. Lo abordaremos desde nuestra especialidad: el audiovisual específicamente el cine de propaganda.

Un poco de historia

Japón fue víctima del imperio norteamericano en 1868 cuando por la fuerza, debió abrirse al mundo aunque por supuesto aprendió de su agresor; solo un año más tarde el Emperador Meiji proclamaba: «Extenderemos nuestro dominio sobre los mares y proclamaremos nuestro prestigio a los cuatro confines del mundo.» Para 1927 ya se hablaba sin tapujos de conquistas: China, Mongolia y luego el mundo, bajo la teoría del Hakko Ichiu —ocho coronas, un techo—, que explicaba el derecho divino del imperio Japones a unificar «las ocho direcciones y hacer de ellas su morada».

Años ha, en 1936 se dio el «incidente del 26 de febrero» una rebelión militar que fue precursora de la segunda guerra sino-japonesa (1937-1945) y para 1940 propuso la Dai Toa Kyoeiken —Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental—, la cual abarcaba un grupo de territorios ocupados y estados títeres del Japón Imperial. Lo que sucede es que mantener a una población subyugada no es tarea fácil, y probablemente por las experiencias de otros países sabían que la forma de ‘pacificar’ diferentes regiones era mediante el kokusaku eiga —películas de política nacional— que ahora conocemos como películas de propaganda.

La industria cinematográfica de Japón era muy fuerte, a principios del siglo veinte competía con la alemana, ambas con un promedio de noventa películas por año y desde la década de los 30 una buena parte dedicada a las glorias bélicas. Los estudiosos han dividido el cine de propaganda japonés en dos grandes épocas: la primera de 1938 a 1941 durante la Segunda Guerra Sino-Japonesa y la segunda de 1942 a 1945 durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra del Pacífico.

En la primera época Japón se mostraba como el garante de la libertad de las regiones de Asia que eran colonias inglesas, a las cuales salvarían del yugo del imperialismo inglés. Sus creaciones, a pesar de ser favorables al imperio japonés, no presentaban a los ingleses como despreciables u odiosos, a diferencia de la propaganda norteamericana con sus enemigos.

Hay dos películas de Tasaka Tomotaka (1902–1974): Gonin no sekkohei, 1938 (Five scouts) y Tsuchi to heitai, 1939 (Mud and Soldiers), en que se retrata la camaradería entre los soldados japoneses. Se consideran cintas de guerra ‘humanista’ a diferencia de sus contrapartes. No obstante hubo voces en contra quienes declaraban que no se podía definir una película como «humanista» por el simple hecho de no presentar secuencias crudas o de la barbarie que sufrieron los estados colonizados.

Pero la mejor representación aunque estuvo fuera de la época de la guerra sino-japonesa sino en el momento en que Japón mantenía el conflicto bélico con China y además estaba participando en la Segunda Guerra Mundial es Ahen Senso, 1943 (The opium war) de Masahiro Makino (1908-1993). Se desarrolla durante la primera guerra del opio (1839-1842) entre Reino Unido y el Imperio Chino, en la que dos hermanos británicos comerciantes de opio se enfrentan a la reticencia de China y sus medidas contra dicho comercio. A diferencia de lo que esperaríamos de una película de propaganda de Guerra, aquí no se apreciaba un conflicto bélico, sino a Japón como libertador de los colonizadores británicos.

Pero esto no la hacía una película «Pro China», era específicamente sobre la agresión Europea en el continente lo cual permitía a Japón justificar la Daitowa senso —la Gran Guerra del Este de Asia—. El objetivo imperial era convencer a los pueblos ocupados de la Esfera de Coprosperidad para su propio bien. Paradójicamente la película se presentó en territorios fuera de China, ya que desde 1937 el Imperio Chino había sufrido la furia del imperialismo japonés durante cincuenta años y la propaganda resultaba inútil.

A pesar de lo que una película de propaganda trata de vender, obviando los hechos horribles ocurridos en estas guerras, sobre este tipo de cinematografía el laureado autor e historiador norteamericano John W. Dower en su libro «Japanese Cinema Goes to War» resaltaba el hecho de que: «En el cine japonés simplemente no existe un “enemigo” comparable al atroz y sub-humano “jap” —forma ofensiva de referirse a los japoneses durante la segunda guerra mundial— y tan querida por Hollywood.»

Ahen Senso cuenta además con una línea narrativa ficticia sobre dos hermanas: Airan (Setsuko Hara, 1920-2015) y Reiran (Takamine Hideko, 1924-2010) —musa de Mikio Naruse—, cuyas calamidades nos recuerdan a las dos hermanas de la película Orphans of the Storm, 1921 (Las dos huérfanas) del afamado director norteamericano D.W. Griffith.

Para terminar

No hay forma de justificar las agresiones del país en su momento, pero en cuanto a la cinematografía no puedo terminar sin agregar dos cosas de Ahen Senso, primero la actuación de la talentosa actriz Setsuko Hara a la que conocí con anterioridad como diva del director Yasujiro Ozu (1903-1963) y cuyo carisma me conquistó, la otra fue cuando descubrí que los efectos especiales de esta fueron realizados por Eiji Tsuburaya (1901-1970) productor de Ultraman, Ultrasiete, padre del Tokusatsu y su trabajo como especialista en más de 250 películas en sus cincuenta años como productor de efectos especiales. Para mayor información sobre el Tokusatsu busque el artículo: Tokusatsu en Panamá.

Rolando José Rodríguez De León es Doctor en Comunicación Audiovisual y Vice-decano de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de Panamá.