La figura paterna en el Oscar

Frankestein: el que crea y luego abandona. Recibió tres estatuillas doradas en áreas técnicas.
One Battle After Another: la distorsión de la figura parental. Obtuvo seis premios Oscar, incluyendo mejor producción.
Train Dreams: el que engendra, pero el destino le impide acompañar a los suyos. Tuvo cuatro nominaciones al Oscar.
  • 22/03/2026 00:01

La paternidad es un poderoso conflicto dramático. Porque las relaciones filiales son emotivas, imperfectas o defectuosas. Las candidatas al Oscar a película del año tenían ese elemento argumental en común

Cuando salimos del vientre materno hacia lo desconocido, el personal de salud verifica nuestra respiración, nos pesa y mide, pero en ese primer día no se registra la entrega oficial de una guía de instrucciones para entender la vida. Una información prioritaria tomando en cuenta que estamos recién llegados al partido de la vida. Lo más parecido a una guía serán las lecciones que recibamos de nuestros padres.

Unos tendrán la fortuna de tener padres que conducirán a sus hijos por senderos del bien como escribió Ana Frank. Pero otros irán de tumbos por tener a unos adultos poco responsables en sus nuevas funciones, al estar ellos desprovistos de los medios mínimos para orientarnos sobre el contenido de ese manual.

En Hollywood está el padre que no le tiembla la mano a la hora de poner orden (The Godfather). El que sufre una crisis severa de la mediana edad, aunque así continúa siendo punta de lanza de su clan (American Beauty). El que manipula a todos por igual (There Will Be Blood) y el que es motivador con tirios y troyanos (The Pursuit of Happiness).

¿Qué hay de los filmes nominados al premio Oscar en la categoría de mejor película del año de la temporada 2025 – 2026? Unos más, y otros menos, compartieron con los espectadores el devenir de familias que siguen adelante, aunque reciban los golpes que a veces el destino nos propina.

Es interesante que los miembros con derecho a voto de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, escogieron para la categoría más importante de la ceremonia, a un puñado de filmes cuyos argumentos presentan una mirada fracturada de la figura del padre.

Esa coincidencia temática se registró independientemente en qué momento histórico se desenvolvieron sus historias. La trama de Frankestein se desarrolló a finales del siglo XVIII y la de Hamnet al cierre del siglo XVI. One Battle After Another, The Screct Agent, Sinners, Train Dreams y Marty Supreme nos devolvieron al siglo XX. Mientras que los acontecimientos de FI, Bugonia y Sentimental Value ocurrieron en una época más contemporánea.

Todas presentaron algún tipo de padre: el ausente de sus responsabilidades más primarias; aquel que sí está en la casa, pero que falla cuando ejerce sus responsabilidades; el mentor como figura sustituta de una autoridad adulta familiar o los dolores de los papás ante la separación de sus hijos.

Esa coincidencia se registró tanto entre las cintas producidas en la llamada Meca del Cine, como en aquellos títulos procedentes de otras latitudes como la brasileña The Secret Agent, la noruega Sentimental Value, la irlandesa Bugonia y Hamnet que representó al Reino Unido.

Vacíos

En Hamnet, un joven William Shakespeare tiene un mundo interior lleno de personajes que pronto transformará en piezas teatrales. El futuro creador de Otelo, Julieta y Macbeth dejará a su familia para forjarse una carrera en las tablas londinenses.

Hamnet, de Chloé Zhao, plantea que la muerte prematura de uno de sus tres retoños fue el detonante para que Shakespeare escribiera Hamlet, un drama cuyo argumento gira en torno al vacío paterno en el corazón del hijo de un rey dinamarqués fallecido.

Fragilidades

Fuerzas externas impiden que los progenitores en Train Dreams y The Secret Agent vean crecer a sus chicos. Aquí la soledad del buen padre es el conflicto mayor en ambos melodramas.

En Train Dreams, de Clint Bentley, Robert Grainier es un vulnerable integrante de la clase trabajadora que se gana el sustento lejos de su hogar. Tala bosques enteros para que el progreso alcance un país, una modernidad representada por el ferrocarril transcontinental.

Colabora con su esfuerzo a que el oeste y el este de Estados Unidos se encuentren, pero sufre el trauma de no estar allí cuando un feroz incendió devoró a su esposa y a su niña.

The Secret Agent, de Kleber Mendoca Filho, explora el abandono del profesor universitario Marcelo hacia su muchacho por razones políticas.

Debe estar en la clandestinidad por sus ideas contrarias a la dictadura que reprimió a Brasil durante los años de 1970. Tiene que esconderse, aunque eso signifique la desintegración de su prole, ya marcado por el dolor a causa de la muerte de su esposa.

El Estado es un padre metafórico en ambas. En Train Dreams, es el negligente que odia el bienestar para todos, y en The Secret Agent es el papá despiadado.

Dobleces

One Battle After Another, de Paul Thomas Anderson, nos ofrece dos maneras de entender la paternidad. Está la de Bob, un revolucionario fracasado en todos los ámbitos (incluyendo el filial), y el coronel Steven J. Lockjaw, a quien no le interesa ser alguien para nadie.

El primero es un civil sometido a la culpa y a la traición, aunque busca con desesperación cumplir su paternidad (y su redención) protegiendo desde la paranoia a su hija adolescente.

En cambio, el militar es un vástago, poderoso y fiel, de la rígida estructura de un Estado autoritario y represor.

Colectividad

En Sinners, de Ryan Coogler, Sammie Moore no quiere ser un pastor de iglesia como su padre biológico. Lo suyo es transitar por el encanto de una música tan sanadora, rebelde y liberadora como es el blues.

Los padres sustitutos de Sammie son dos hermanos gemelos que en contra de la narrativa de la supremacía blanca emprenden un negocio que pone en jaque al racismo sistemático.

Otro que tiene un papá sustituto es Joshua Pearce, en F1, de Joseph Kosinski. Es un piloto que tuvo un padre exigente en cuanto a los estándares que debía alcanzar y su mamá lleva en sus hombros los roles de autoridad.

Joshua se tropieza con Sonny Hayes, un viejo zorro de las carreras automovilistas que pasa de largo con eso de las expectativas. Al inicio son como el agua y el aceite para luego ser amigotes, donde el veterano le transmitirá códigos de conducta al novato con talento.

Torturas

Bugonia, de Yorgos Lanthimos, desnuda el delirio conspirativo y evidencia cómo la venganza es un plato que se come frío.

Unos primos secuestran a una empresaria poderosa, quien es la responsable de la enfermedad, y posterior muerte, de la madre de uno de ellos.

Este ejercicio opresivo sobre las creencias extremas y el control absoluto de las corporaciones, es sobre la conmoción de los desfavorecidos. Ambos son la metamorfosis defectuosa del padre que se desquita ante las injusticias que sufre uno de los integrantes de la tribu.

Desapego

Marty Mauser será un crack en el ping pong, pero es un desastre en todo lo demás. Es un ambicioso personaje que uno odia y siente alguna relativa cercanía en Marty Supreme, de Josh Safdie.

Mauser se convierte en el arquetipo de aquel que rechaza la paternidad, cuando su amante queda embarazada. Este descendiente de la meritocracia solo cree en la lógica del éxito.

A la vez que los padres en Frankestein y Sentimental Value están faltos de afectividad hacia sus herederos, quienes desean ver en las caras de sus progenitores el reflejo del orden y el sentirse queridos.

Los directores Guillermo del Toro y Joachim Trier, respectivamente, nos preguntan: ¿qué exige el acto de crear en cuanto a compromiso y responsabilidad?

El científico desquiciado y el director de cine egocéntrico reniegan de la paternidad e incentivan la distancia emocional de sus hijos.

En una escena, el Monstruo le dice al forjador de su existencia que debería ser su hijo amado, el merecedor de su absoluta protección, pero ya sabemos que sucede lo opuesto.