Luis H. Moreno: el humanista que entendió la banca como servicio público

El presidente, José Raúl Mulino, concedió la Condecoración Nacional de la Orden Manuel Amador Guerrero a Moreno. Cedida
Luis H. Moreno recibió la condecoración Tribunal Electoral, siendo el tercer panameño en obtener la distinción. Archivo | La Estrella de Panamá
Fotografía que registra la graduación de Luis H. Moreno como bachiller en letras y ciencias en el colegio La Salle Cedida
  • 11/04/2026 00:01

La muerte de Luis H. Moreno revive el legado de un hombre que creyó en la ética, el servicio y el compromiso con el desarrollo nacional

La muerte de Luis H. Moreno, ocurrida el 9 de abril de 2026, marca el cierre de una de las trayectorias más amplias y versátiles en la historia económica, académica y cívica de Panamá. Banquero, agrónomo, profesor, escritor y promotor de valores éticos, su vida no puede leerse únicamente desde los cargos que ocupó, sino desde una visión coherente del servicio, la responsabilidad pública y la formación del ciudadano.

Esa dimensión queda retratada en sus propias palabras. Años atrás, al rendir homenaje al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, Moreno no se limitó a un elogio protocolar. Su discurso fue una declaración de principios. “El recuerdo del apóstol de la democracia y del primer ciudadano del mundo”, dijo entonces, evocando a un líder cuya vida —según él— trascendía lo personal para convertirse en patrimonio de la humanidad.

Ese tono, casi litúrgico, revela mucho más que admiración histórica. Expone la forma en que Moreno entendía el liderazgo: como una entrega absoluta al bienestar colectivo, como un ejercicio de responsabilidad que va más allá del éxito individual. En su lectura de Roosevelt hay también un reflejo de sí mismo.

Formación de excelencia y vocación temprana

Luis Horacio Moreno se formó en una época en la que el acceso a la educación internacional era limitado, pero logró construir una trayectoria académica de élite. Desde el Colegio La Salle —donde obtuvo el primer puesto de honor— hasta universidades como Berkeley, la Sorbona, Cornell y Arkansas, su formación combinó humanidades, agronomía y finanzas.

Ese recorrido no fue casual. Como se desprende de su perfil profesional , Moreno integró desde temprano disciplinas que marcarían su visión integral del desarrollo: la producción agrícola, la gestión financiera y la organización institucional. No era un técnico aislado, sino un pensador que comprendía la economía como un sistema interconectado con la sociedad.

En paralelo, su formación estuvo profundamente influenciada por valores religiosos. Durante su juventud en La Salle, participó en actividades católicas y mantuvo prácticas heredadas de su entorno familiar, como la oración diaria y el servicio litúrgico. Esa dimensión espiritual, lejos de desaparecer, permeó su concepción ética del poder y la responsabilidad.

Arquitecto de la banca moderna panameña

El nombre de Moreno está estrechamente vinculado al desarrollo del sistema bancario en Panamá. Fue el primer panameño en ocupar la vicepresidencia y gerencia general del Chase Manhattan Bank en el país, cargo que ejerció entre 1970 y 1988. Desde esa posición, no solo consolidó operaciones locales, sino que también administró subsidiarias en varios países de América Latina.

Su liderazgo coincidió con el fortalecimiento de Panamá como centro financiero internacional. Sin embargo, su enfoque no fue meramente corporativo. Moreno entendía la banca como un instrumento de desarrollo nacional. Esa visión se materializó posteriormente cuando asumió la gerencia general del Banco Nacional de Panamá, en un contexto particularmente complejo tras la crisis política de finales de los años 80.

Su participación como representante alterno de Panamá ante organismos como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Fondo Monetario Internacional refuerza esa dimensión internacional. No era solo un ejecutor de políticas financieras, sino un interlocutor del país en espacios donde se definían estrategias económicas globales.

Intelectual, docente y promotor cultural

Más allá de los cargos, Moreno cultivó una intensa vida intelectual. Fue profesor de banca y administración financiera en diversas universidades panameñas, además de conferencista frecuente. Su producción escrita abarca libros, ensayos y artículos sobre economía, agricultura, ética y literatura.

Entre sus obras destacan títulos como Panamá: Centro Bancario Internacional y La Crisis Bancaria de Panamá, que evidencian su capacidad para analizar fenómenos complejos desde una perspectiva técnica y crítica. Pero también escribió poesía, con publicaciones como Motivos de Arena y Michele Marie, lo que revela una sensibilidad poco común en el ámbito financiero.

Su interés por la cultura se tradujo en iniciativas concretas. Fue organizador de la primera pinacoteca bancaria en Panamá y creador de espacios como “La Noche del Aljibe”, un encuentro cultural en el Club Unión que combinaba literatura y declamación.

Compromiso cívico y ética pública

Si hay un hilo conductor en la vida de Moreno, es su compromiso con la ética. Fue fundador de la Fundación Panameña de Ética y Civismo y promotor del Día Nacional de los Valores Éticos y Morales. También participó en la creación del Código de Ética y Honor Parlamentario y formó parte de la primera Comisión de Ética del Consejo Nacional de Periodismo.

Su presencia en organizaciones como APEDE, el Club Rotario y el Consejo de Economía refleja una vocación constante por influir en la vida pública más allá de los espacios gubernamentales. No buscaba únicamente resultados económicos, sino construir una sociedad con principios.

Esa preocupación por la ética no era abstracta. En su discurso sobre Roosevelt, Moreno subrayaba que la libertad no se compra, sino que se alcanza “a costo de grandes sacrificios”. Esa idea, profundamente arraigada en su pensamiento, se tradujo en su vida en una defensa constante de la transparencia, la responsabilidad y el servicio.

Reconocimientos y legado

A lo largo de su vida, Moreno recibió numerosas distinciones nacionales e internacionales. Entre ellas, la Orden del Águila Azteca de México, la Orden de Río Branco de Brasil y múltiples reconocimientos de gremios empresariales y académicos. Sin embargo, su legado no se limita a las condecoraciones.

Fue un hombre de instituciones. Presidió la Asociación Bancaria de Panamá, organizó la primera convención bancaria internacional del país y participó en espacios de integración regional como la Federación Latinoamericana de Bancos. Su influencia ayudó a consolidar estructuras que hoy siguen siendo pilares del sistema económico panameño.

También dejó una huella en el ámbito agropecuario, como fundador de la Sociedad Agronómica de Panamá y promotor de encuentros agropecuarios desde el Banco Nacional. Esa dualidad —banca y campo— define su perfil como un puente entre sectores clave del desarrollo.

El legado de Moreno también fue reconocido por quienes continuaron su camino en la banca pública. El gerente general del Banco Nacional de Panamá, Javier Carrizo Esquivel, lo describió como “un ciudadano ejemplar y uno de los mejores banqueros que ha tenido este país”, destacando que dejó “una huella inmortal en la banca panameña”.

Recordó su papel en el Chase Manhattan Bank, donde impulsó la vinculación de la banca privada con el sector agropecuario, y subrayó que encontró el Banco Nacional “quebrado” y logró “levantarlo de las cenizas”. Carrizo también resaltó que Moreno instauró los encuentros agropecuarios en distintas provincias, una práctica que aún se mantiene.

En el plano personal, evocó una conversación tras su nombramiento: “Me llamó a felicitarme. Le pregunté sobre su secreto para hacer este trabajo y me dijo que debía aprender a manejar el estrés, no dejar de hacer ejercicio y siempre dejar los problemas en la gaveta, porque ahí estarán al día siguiente, pero no debía llevármelos a la casa”.

“Fue un honor trabajar con él y nos dio muchas enseñanzas”, añadió, al describirlo además como “un ser humano patriota, transparente y preocupado por la cultura de su país”.

El hombre detrás de la figura

Quizás el retrato más completo de Moreno no está en sus cargos ni en sus libros, sino en las palabras de su familia. En el perfil elaborado en 2022, su nieto destacó aspectos que no aparecen en los currículos: esposo, padre, abuelo y amigo leal.

Ese contraste entre la figura pública y la dimensión personal es clave para entender su legado. Moreno no fue únicamente un tecnócrata ni un intelectual, sino un hombre que construyó relaciones duraderas y que entendió el éxito como un equilibrio entre lo profesional y lo humano.

Una vida coherente

Al releer su discurso sobre Roosevelt, es inevitable encontrar paralelismos. Moreno hablaba de líderes que no alcanzan a ver los frutos de su labor, de hombres cuya visión trasciende su tiempo. “Roosevelt en realidad no ha muerto”, afirmó entonces, aludiendo a la permanencia de las ideas sobre la vida física.

Hoy, esa frase adquiere un nuevo sentido. La muerte de Luis H. Moreno no borra su influencia. Su pensamiento sobre la ética, la economía y el servicio público sigue presente en las instituciones que ayudó a construir y en las generaciones que formó.

En un país donde el debate sobre la transparencia y la responsabilidad pública sigue vigente, su figura emerge como referencia. No desde la nostalgia, sino como un recordatorio de que es posible ejercer el poder con principios.

Luis H. Moreno entendió que el desarrollo no es solo crecimiento económico, sino también formación moral. Esa convicción, sostenida a lo largo de décadas, es quizás su mayor legado.