María Elena Bottazzi: “Panamá puede convertirse en un centro regional para el desarrollo de vacunas”
- 18/05/2026 00:00
La candidata al Premio Nobel 2022 y cocreadora de una vacuna contra la COVID-19 producida en India, destacó en entrevista con ‘La Estrella de Panamá’ la inversión en investigación del país e hizo hincapié en la necesidad de que los Estados apuesten por la ciencia destinada a la prevención de futuras pandemias
La científica italo-hondureña y especialista en desarrollo biofarmacéutico María Elena Bottazi —reconocida por su participación junto a Peter Hotez en la creación de una de las vacunas contra la COVID-19 producidas en India y candidata al Premio Nobel 2022— visitó Panamá para participar en encuentros organizados por la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) y conocer de cerca el avance del Centro Regional de Innovación Biofarmacéutica (CRIVIP), una iniciativa que busca convertir al país en un referente regional en investigación científica y producción de soluciones biomédicas.
Durante una conversación con La Estrella de Panamá, la investigadora reflexionó sobre las lecciones que dejó la pandemia, la importancia de la colaboración internacional en el desarrollo acelerado de vacunas y la necesidad de que los Estados mantengan inversiones sostenidas en ciencia e innovación ante futuras amenazas sanitarias.
Además, abordó los desafíos que aún persisten en materia de vigilancia epidemiológica, desarrollo de vacunas para enfermedades emergentes y preparación frente a nuevos brotes como el hantavirus, que se reportó en los últimos días en el crucero MV Hondius. La experta también destacó el potencial de Panamá para consolidarse como un centro regional de investigación y desarrollo biofarmacéutico, gracias a su infraestructura científica, ubicación estratégica y apuesta institucional por la innovación.
El proceso partió del hecho de que ya teníamos muchísimos años trabajando, estudiando y tratando de avanzar en la investigación y desarrollo para la familia de los coronavirus. Por lo tanto, ya contábamos con muchas lecciones aprendidas previas a la aparición del COVID-19.
Eso también nos permitió que, gracias a nuestros otros portafolios de desarrollo —incluyendo las vacunas para enfermedades desatendidas—, conociéramos a un núcleo de potenciales colaboradores y productores de vacunas en los países en vías de desarrollo; por ejemplo, productores en la India, en Indonesia, etcétera.
El éxito que tuvimos se debió a esas lecciones previas de investigación y a las conexiones y colaboraciones con grupos alrededor del mundo. Esto nos permitió readaptarnos rápidamente y aplicar nuestros conocimientos a una tecnología para desarrollar una vacuna contra el COVID-19. Creo que esa investigación sostenida y las inversiones en nuestros laboratorios para mantener la agilidad científica nos facilitaron reaccionar ante una emergencia.
Sin embargo, lo que realmente garantizó el éxito fue tener conexiones con colaboradores que confiaban en nosotros, lo que nos permitió trabajar de la mano. Aunque no podíamos subirnos a un avión, todo el conocimiento se transfirió mediante reuniones virtuales, compartiendo lecciones y saberes. Nosotros les enviamos la semilla para que empezaran las producciones, resultando en un proyecto de desarrollo conjunto donde ellos aprendían de nosotros y nosotros de ellos.
Muchos grupos, pero los más importantes, ciertamente, fueron los equipos científicos de estas grandes compañías de manufactura en la India y en Indonesia. Ellos tenían la experiencia industrial, pero supieron adaptarse y colaborar con un grupo como el nuestro, que se enfoca en el nivel de investigación y desarrollo.
Creo que ahí radica también la visión de la Senacyt al crear las AIP (Asociaciones de Interés Público), incluyendo ahora esta nueva entidad, para robustecer el ecosistema panameño. El fin es que, eventualmente, Panamá y la región centroamericana, del Caribe e incluso latinoamericana, refuercen esas capacidades investigativas para producir sus propios productos de necesidad nacional y regional, atendiendo muchas de las problemáticas de enfermedades infecciosas, ya sean humanas o veterinarias.
Es esencial. Creo que esa es otra de las maravillas del sistema de las Asociaciones de Interés Público (AIP) en Panamá: permite las asociaciones y colaboraciones entre los gremios públicos y privados, personas que trabajan para el gobierno y aquellas que pertenecen a entidades privadas, gubernamentales o no gubernamentales. Eso es indispensable.
Durante la respuesta a la pandemia se vio que la idea es movilizar todas esas alianzas para el beneficio y la urgencia de mejorar la salud y la prosperidad del mundo. Si no hubiéramos tenido ya grandes consorcios y colaboradores mundiales —lo cual comenzó formalmente cuando se logró diseminar la secuencia del virus, permitiendo compartir rápidamente datos, insumos y reactivos—, no habríamos podido acelerar el diseño y la producción de anticuerpos, vacunas e incluso diagnósticos.
Científicamente, ya teníamos muchos conocimientos previos que fueron maximizados. Sin embargo, considero que lo ideal fue que se lograron alinear las estrellas: hubo interés político y se contó con el dinero prometido. Esto se abordó no solo desde la parte del laboratorio, sino también desde las políticas públicas. Además, se incorporó a la sociedad y a las comunidades para que participaran.
Realmente nos movilizamos para utilizar todos los diferentes rubros y tipos de entidades, incluyéndolos a ustedes como periodistas, al estar alerta para diseminar información veraz. También influyeron la parte jurídica, la legal, los gobiernos, los financiamientos y, obviamente, el esfuerzo por avanzar en la mejor ciencia posible. Todo esto para asegurar que fueran productos de gran seguridad y, al mismo tiempo, que ofrecieran una alta protección para reducir el número de muertes y hospitalizaciones.
Creo que el ejemplo de Panamá es digno de replicar, donde se ve que realmente es una inversión que viene desde el gobierno, que es el que nos representa como ciudadanos.
Esa contribución de un porcentaje para la innovación y la investigación es lo que ha convertido a Panamá en un centro de referencia muy importante, donde se logran avances que después benefician a otros países, especialmente dentro de nuestra misma región. Por lo tanto, es primordial. Creo que no hay ninguna excusa y debería ser un ejemplo para que otros países lo adopten, permitiendo que la región avance de una manera más alineada.
Creo que geográficamente la localización geográfica es un factor sumamente importante. También influye la capacidad de las diferentes AIP que ya tiene organizadas el país, la conectividad con diversas colaboraciones a nivel mundial y, sobre todo, el interés político. La verdad es que el país ha invertido.
Este es el ejemplo ideal que puede enviar un mensaje a otros países de la zona. Como hondureña, para mí es un orgullo ver que al crear este tipo de infraestructuras, Panamá lo hace con una visión de apoyo y colaboración regional.
Tiene sus propias características, pero creo que es, de nuevo, un recordatorio. A los seres humanos se nos olvida todo muy rápido. Es un recordatorio de la importancia de estar preparados, de mantener la vigilancia, de invertir en estos programas de preparación y en la investigación, porque así uno ya tiene una idea de cómo responder y cómo mitigar los impactos.
Debemos movilizarnos lo más rápido posible para evitar que los brotes escalen al nivel de lo que ocurrió con el COVID-19. Por suerte, este es un virus conocido. Tal vez lo que ocurrió es que nos resaltó que la gente bajó un poco la guardia y que todavía no estamos al 100%. Siempre hay que aprender de las lecciones y ver qué funcionó bien y qué tenemos que mejorar, considerando esto como un ensayo o un recordatorio para no olvidar que debemos estar listos.
No hay ninguna vacuna que esté aprobada, pero sí existen muchos esfuerzos científicos. Sin embargo, volvemos a lo mismo: a veces muchas de estas enfermedades infecciosas no tienen el soporte económico ni sostenible. A lo mejor varios grupos desarrollan potenciales candidatos, pero luego no existe el mercado o el interés mundial para tenerlas listas, al no saberse cuándo se van a necesitar o en qué magnitud se van a ocupar.
Por eso es tan importante lo que me preguntaba antes: avanzar en la ciencia y estar preparados, porque si ocurriera una urgencia, en teoría, ya deberíamos tener las diferentes herramientas listas.
Creo que vamos avanzando muy bien. Como le menciono, el hecho de tener tan bien anclados los avances dentro de la secretaría de ciencia y tecnología aquí en Panamá demuestra que el país se está rodeando de herramientas y preparándose. Esto va a ser esencial para posicionarlo como un centro de referencia regional que pueda ayudar no solo al panameño, sino también a toda la región e incluso, potencialmente, al mundo.